miércoles 22/9/21

Tras el desastre del 1-O, reconstruir puentes

puentes

La derecha española y la derecha nacionalista catalana no es que hayan ganado, pero esperan sacar importantes beneficios electorales para mantenerse en el gobierno largo tiempo y es posible que lo consigan

Si con dos palabras quisiera resumir lo que he sentido ante los hechos ocurridos en Cataluña y en el conjunto de España en los últimos días y el 1 de octubre sobre todo, estas serían “vergüenza” y “miedo”.

Las batallas siempre dejan un paisaje desolador y por mucho que unos u otros se empeñen, nunca hay vencedores y vencidos. En este caso tampoco. Hemos perdido todos y muy en especial las clases trabajadoras de España y Cataluña, las fuerzas progresistas de España y Cataluña.

La derecha española y la derecha nacionalista catalana no es que hayan ganado, pero esperan sacar importantes beneficios electorales para mantenerse en el gobierno largo tiempo y es posible que lo consigan.

Cuando estos días escuchaba las entrevistas a jóvenes independentistas catalanes, todos decían lo mismo: “la futura república catalana, despojada del peso muerto de la derecha española, será por fin un estado progresista, social, profundamente democrático, solidario y sin corrupción”. Estas opiniones son sin duda un triunfo de la manipulación de la derecha nacionalista, que ha conseguido convencer a importantes sectores de la población que la Cataluña independiente será como Suecia o Canadá. Terrible será su despertar cuando descubran que seguirá mandando en Cataluña una derecha neoliberal y corrupta e incapaz de lograr la convivencia y cohesión social.

Y si vergüenza y miedo me daba oír a los independentistas catalanes, no menor era mi vergüenza y miedo al contemplar al renacido nacionalismo ultra español. Los discursos del gobierno, las despedidas a las fuerzas de orden público camino de Cataluña, los llamamientos a colgar la bandera constitucional, metiéndonos otra vez en una guerra de banderas, los artículos y editoriales de los medios de comunicación aparentemente más moderados…Todos echando leña al fuego. Y el colofón las cargas de las fuerzas de orden público contra la gente, que, como muchos han dicho, han sido más eficaces en crear nuevos independentistas que las arengas del Govern.

En este desastre hay una culpabilidad evidente de la derecha, pero no todos son igual de responsables. Y el que la derecha nacionalista se haya saltado la legalidad constitucional y su propia legalidad autonómica sin el menor recato y hayan hecho un referéndum, que si no hubiera sido dramático por la intervención de la policía, hubiera parecido propio de una película de los Hermanos Marx, no puede hacernos olvidar, que casi todo empezó por un PP en la oposición al gobierno de Rodríguez Zapatero, montando un peligroso movimiento anti catalanista y presentando un recurso de inconstitucionalidad frente al Estatut. Sin ese recurso y la nefasta sentencia del Constitucional, el independentismo en Cataluña seguiría estando por debajo del 20%.

Y ya en el gobierno, el PP y Rajoy han estado 5 años con una suicida pasividad ante lo que la mayoría de la ciudadanía estaba comprobando, el auge del independentismo y de su audacia y claro al final, incapaces de hacer política, han dejado el papelón de combatir el referéndum a jueces, fiscales, policía y guardia civil.

Pero me temo que la factura mayor va a pagarla la izquierda. La izquierda o hemos estado silenciosos, o ambiguos, o dando tumbos o haciendo demagogia.

El PSOE no ha sido capaz de diseñar una estrategia propia, capaz de aunar el respeto a la legalidad constitucional y la denuncia del gobierno de Puigdemont, sin dar un cheque en blanco a Rajoy. Han aparecido demasiado arrastras del gobierno del PP. Han tenido miedo de perder votos en la España profunda y a la rebelión de los barones socialistas más intolerantes. Quizás esperaban que en esta pelea el que se iba a quemar era Rajoy y que era conveniente ponerse de perfil. De hecho, Pedro Sánchez ha estado desaparecido, hasta la noche del domingo, con una intervención por cierto impecable y que comparto en lo esencial.

PODEMOS ha entendido que era la oportunidad de desmarcarse otra vez del PSOE y aparecer como la auténtica y más radical oposición a Rajoy. Se les ha ido la mano y han vuelto al discurso tremendista de Vista Alegre II, cada vez con menos matices en relación al independentismo. Ya veremos el coste electoral de esa nueva radicalización, en la que ha incurrido sorprendentemente el propio Iñigo Errejón. Los Comunes y Ada Colau han ido de la ceca a la meca para no ser devorados políticamente por los independentistas, de lo que corren serios riesgos.

El único que ha mantenido gran coherencia ha sido el lendakari vasco, demostrando una vez más que Urkullu es un dirigente político de gran altura.

Y ahora hay que intentar la reconstrucción.

Reconstrucción de puentes entre las clases trabajadoras de España y de Cataluña, responsabilidad esencial de CCOO y UGT (que dicho sea de paso tampoco están exentas de responsabilidad en el crecimiento del independentismo en la clase obrera catalana); reconstrucción de puentes entre la izquierda española y la catalana; reconstrucción de puentes entre instituciones sociales, cívicas, culturales, ONGS, incluso deportivas.

Reconstrucción de puentes entre el empresariado español y catalán; reconstrucción de puentes entre las Universidades y ámbitos científicos y educativos de España y Cataluña; reconstrucción de puentes entre los defensores del estado de bienestar social opuestos al neoliberalismo en España y Cataluña; e incluso reconstrucción de puentes entre las fuerzas de orden público de ámbito estatal y autonómico.

Y quizás lo más urgente, reconstrucción de puentes entre la izquierda y los sectores más centristas y sensatos del PP y Ciudadanos e incluso de la antigua Convergencia y Unió, con el imprescindible apoyo del PNV, para poder abrir un proceso de reforma constitucional que tenga viabilidad.  

No va a ser tarea fácil ni rápida. Pero no hay que perder ni un día en diseñar propuestas concretas, ofrecer cauces. Quienes queremos reconstruir la convivencia y cohesión social de Cataluña en España, tenemos que ser conscientes que la ola independentista seguirá impávida su camino e incluso puede apretar el acelerador con la proclamación de la república, con falsas promesas de reconocimiento internacional como Puigdemont ha soñado esta noche en su discurso institucional.

Esto no ha hecho más que empezar, pero no es inevitable, si somos capaces de abrir rápidamente una vía de dialogo, negociación y propuestas realistas.


Publicado en el blog de Héctor Maravall

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