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miércoles. 28.09.2022

“¡Als bous!, ¡Als bous!”

Cuando ya nos acercábamos a la plaza de toros de Xativa, había hombres gritando “als bous!”, “als bous!”...

hecCuando ya nos acercábamos a la plaza de toros de Xativa, había hombres gritando “als bous!”, “als bous!”; unos revendían entradas y otros refrescos, chucherías diversas o viseras para protegerse del sol.

A mi padre siempre le gustaron los toros, incluso viéndolos en televisión. En Madrid en rarísimas ocasiones iba a Las Ventas, supongo que por el precio de las entradas, pero en  Xativa era otra cosa.

En las corridas de la Fira de Xativa, en pleno mes de agosto, mi tío Eugenio Blasco, alcalde casi permanente, siempre le regalaba a mi padre entradas y además en muy buen sitio. A él le hacia una ilusión enorme y a mí, que solía acompañarle, también.

Bajábamos a las cuatro y media, mi padre con dos puros y una guayabera de estilo cubana, para ir, como él decía, de “semigala”, que consideraba fresca y veraniega pero elegante; yo con gorra, camisa y pantalón largo. Aunque estábamos en tendido de sombra, lo cierto es que hasta bien empezada la corrida daba todavía el sol, ese terrible sol de los agostos de Xativa.

A mí lo que mas me gustaba de aquellas corridas era que al estar en asientos reservados a las autoridades, varias veces pasaba un alguacil con un cubo con hielo ofreciendo refrescos. Yo me tomaba por lo menos dos o tres “cholecks” de vainilla o chocolate. Mi padre cervecitas, que alternaba con el humazo de sus puros. Lo segundo que más me gustaba era presumir ante mis amigos del sitio preferente desde el que asistía a la corrida.

bousPero la corrida en sí, no me gustaba nada. Incluso cuando toreaban figuras como Palomo Linares. Era tremendo escuchar tan cerca y tan nítido los terribles mugidos de los toros heridos o ver de manera tan clara la sangre que les salía del lomo o de la boca. Resultaba imposible no sentir compasión por el sufrimiento inútil de los animales. Creo que a mi primo Javier Blasco, que siempre se sentaba a mi lado, tampoco disfrutaba con la lenta muerte de los toros.   

Y el tío Eugenio también nos invitaba a “la charlotada”. En ese caso nos acompañaban mis hermanas. La charlotada, con el Torero Bombero y la Banda del Empastre  era maravillosa. Ver salir al ruedo a la “siempre autentica” Banda del Empastre tocando “Paquito el chocolatero” era fantástico, con el director de la banda con su inconfundible sombrero de copa, frac, bigote y perilla y gafas tipo Groucho Marx y los músicos tropezando y haciendo payasadas. Mi madre no solía venir, porque lo consideraba bastante basto, y razón no le faltaba, entre las perrerías que les hacían a los novillos, las bromas subidas de tono y el barniz escatológico, que tanto divertía al público.

Un espectáculo, que hoy podría ser considerado “políticamente muy incorrecto”, pero que nos resultaba entretenidísimo y de hecho seguimos yendo hasta muy adolescentes. Incluso recuerdo que en Madrid en alguna ocasión mis padres nos llevaron a ver una charlotada en Las Ventas, por supuesto con la actuación de la “autentica” Banda del Empastre.

Ya de adulto, tuve ocasión de volver a los toros, siendo Director del INSERSO. La muy peculiar, por decirlo de forma educada, ONG “ANDE”, hacía todos los años una corrida benéfica en Las Ventas. Siempre me invitaban y me daban unas cuantas entradas. Siempre disculpaba mi asistencia, con claro malestar e incomprensión de mi equipo de dirección y les daba las entradas a mis secretarias, que se quedaban encantadas.

Hasta que un año, mi jefa Amalia Gómez me indicó que ya era hora de que asistiera alguna vez, y dado que en esa ocasión ella no podía acudir, lo tenía que hacer yo en su representación. Lo peor no fue estar en la presidencia de la plaza, sino el tener que compartir sitio nada menos que con Pilar de Borbón, la  hermana del Rey. Era como estar con una de las hermanas Gilda, del tebeo “Pulgarcito” o en el mejor de los casos con Bianca Castafiore, la soprano amiga de Tintin y terror del Capitán Haddock. No tengo palabras para comentar la conversación con ella. Al menos me pasé dos horas forrándome de canapés y cervezas.

No he vuelto, ni creo que vuelva a los toros y menos aun a la Plaza de Toros de Xativa, que la han reformado y techado de tal manera que la gente la conoce por el “platillo volante”. Seguramente es más útil y más utilizable, pero es cualquier cosa menos una plaza de toros. En lugar de encontrarte con la Banda del Empastre o con Palomo Linares, esperas cruzarte con el Capitán Spock y su tripulación de Star Trek.

“¡Als bous!, ¡Als bous!”