domingo 12.07.2020

El desarrollo, el capitalismo y la fragmentación de los relatos

Como decía aquella tan famosa frase de Eduardo Galeano, la caridad no es lo mismo que la solidaridad, pues mientras la primera se ejerce de arriba a abajo, la segunda se ejerce entre iguales

No dejo de sorprenderme, cuando a diario, en la televisión, en la radio, y en todo tipo de plataformas publicitarias, veo los anuncios de las ONG solicitando ayuda para las grandes crisis humanitarias que nuestro planeta sufre, no dejo de sorprenderme con que tan necesaria e imprescindible labor como es paliar el sufrimiento humano no vea la necesidad de enmarcar sus reivindicaciones en el relato al que verdaderamente pertenecen. Como decía aquella tan famosa frase de Eduardo Galeano, la caridad no es lo mismo que la solidaridad, pues mientras la primera se ejerce de arriba a abajo, la segunda se ejerce entre iguales, mientras la segunda iguala, la primera degrada, y jamás altera ni un poco las relaciones de poder.Esta frase tan sencilla es enormemente ilustrativa a la hora de reflejar las problemáticas del desarrollo, traduciendola  al lenguaje del discurso humanitario diría que la forma en que se construye en nuestros días el discurso y la imagen de ONG´s y otros grupos de acción humanitaria, especialmente en lo relativo a la publicidad que exhiben en los medios, se construye como una apelación a la caridad y nada podría ser más contradictorio para con sus objetivos y planteamientos. Un discurso humanitario vació de su contextualización, un discurso no enmarcado en la compleja realidad que lo rodea y en las responsabilidades y causas que lo subyacen está enormemente limitado en cuanto a que sólo puede demandar caridad, pero esque además, cuando este se construye a través de la televisión, el que es el cauce principal de esta epiléptica amnesia colectiva que llamamos postmodernidad,el discurso, está condenado también a generar una enorme y terrible indiferencia. Esta no es, ni mucho menos, una crítica a la imprescindible labor de las ONG´s, sino a la forma en que articulan su discurso, y sobre todo es una apelación a la solidaridad como el que debería ser el pilar fundamental del humanitarismo y el desarrollo, para ello, es necesario enmarcar conceptos como estos en el relato complejo, global y político al que siempre han pertenecido,por un lado, y desenterrar al llamado subdesarrollo de sus responsabilidades presentes e  históricas por otro. Solo de esta forma es posible encontrar la mirada entre iguales,que la solidaridad requiere, y sólo de esta manera se pueden plantear a nivel estructural las soluciones que por tanto tiempo han hecho falta.

Sería interesante acercarnos por un momento a reflexionar sobre cuáles son los relatos explicativos que la mayoría de nuestra sociedad tiene para la comprensión de elementos como el subdesarrollo, sobre qué causas aparecen dentro de estos relatos, o sobre si los tienen siquiera. Creo que en esta sociedad hija de la mercantilización, la competitividad y el individualismo liberal, encontraríamos que gran parte de ellos tomarían  forma como algo parecido a “no han sabido desarrollarse”, algo asi como “no han querido seguir el camino de progreso que les señalamos ”. Este razonamiento,aparte de la más básica de las justificaciones liberales para negar la estructura innata de centros y periferias, dicho de otra manera, de ganadores y perdedores que caracteriza al capitalismo global, no es casual ni aleatoria. Es necesario enmarcar estos procesos, en una dinámica natural de nuestro sistema económico  y social, una importante parte del funcionamiento del capitalismo posmoderno de nuestro tiempo, donde es tal la saturación de información y estímulos que compone nuestras vidas que apenas somos capaces de construir con ellos un relato coherente, unificado y global donde se refleje la relación entre acto y consecuencia, o directamente la relación entre sucesos distintos, para, al menos, traducir todo ello a un plano político a largo plazo. Por ejemplo cuando tratamos el tema de la inmigración subsahariana en Europa algo que recientemente copa todas nuestras pantallas ¿no merece la pena que  profundicemos algo en las causas? ¿cómo incorporamos a este relato la complejidad de la terrible historia del intervencionismo en África?,los grandes expolios y genocidios del siglo XIX, o los terribles regímenes corruptos y violentos que la geopolítica de la guerra fría justificó, los recursos que aún hoy se expolian provocando innumerables conflictos, o los chantajes librecambistas del FMI que condicionan el desarrollo, ¿no merecen estos elementos formar parte de nuestro relato de la inmigración? ¿por qué mucha gente siente que no les debe una migaja de su solidaridad cuando ni siquiera somos capaces de entender nuestras vidas sin el coltán que financia su miseria? Sería interesante poder ver cuales habrían sido hipotéticamente  en términos de desarrollo los efectos para nuestro país de haber perdido la mitad de nuestra población en el siglo XIX, como le sucedió al Congo durante el genocidio Belga, que quitó la vida a 10 millones de personas, pero claro es mucho más complejo incorporar un condicionante pasado y tan lejano, a un relato de responsabilidad. Pero no es necesario irse tan lejos estoy seguro de que a todos nos parecía inadmisible aquél reportaje de La Sexta que  mostraba a niños jugándose la vida en las minas del congo, unos 40.000 según UNICEF, haciendo jornadas de 14 horas por un mísero euro al dia, extrayendo coltán que luego serviría para financiar a las guerrillas y por tanto a la violencia, dudo que a nadie que lo viera no le pareciese terriblemente injusto,sin embargo nuestra rabia no dudaría más de unos pocos días, se acabaría disolviendo rápidamente víctima de la complejidad de nuestras vidas, ¿creeis que alguien vería influenciado su comprensión de la política por este video? lo dudo ¿que influiría en su voto? improbable. Es la incapacidad de unificar semejante frustración en un relato mayor, y político, por ejemplo, de lo que hablamos cuando decimos de cómo el capitalismo fragmenta los relatos, las realidades, las sepulta más bien bajo la banalidad de lo cotidiano, desata un increíble poder para hacernos normalizar aquello que nunca debiera ser normal y para separarlo de sus causas. Los ejemplos de estos procesos son innumerables, nos aterrorizan las imágenes de los niños que mueren víctimas de la terrible hambruna en Yemen, pero sin embargo vivimos en países que venden armas a las partes del conflicto, nos parece terrible que niños cosen nuestra ropa, pero la llevamos igualmente. Lo que quiero decir con esto no es que debamos aislarnos del mundo para evitar algunos de estos procesos que casi se han hecho imprescindibles para una vida social normal (una familia obrera no puede permitirse ropa de comercio justo por ejemplo), sino que entendamos que la forma en que nos hacen comprender todos estos fenómenos, que objetivamente todos querríamos combatir, los encapsula como elementos no relacionados entre sí, los ahoga en un ecléctico escenario de complejidad e innumerables estímulos en el que no los podemos enmarcar en un relato mayor y solo nos queda olvidar al poco rato nuestra rabia. Se convierten en cierto modo en apolíticos en cuanto a que de alguna manera aparecen como dados e imposibles de cambiar, los banalizamos y simplificamos al percibirlos a través de la pantalla, y hacemos ese breve lapso de rabia que dura un anuncio algo soportable para nuestras vidas. Construímos en última instancia, ayudados por la ignorancia, una diferencia entre ellos y nosotros que justifica la ambivalencia, quemamos los puentes entregándonos a esa simplificación del mundo que se nos ofrece y lo hacemos porque no nos lo podrían poner más fácil, ¿cómo va a ser tan terrible si todos lo hacemos? Además siempre queda la caridad para la conciencia.

Esto tiene también mucho que ver con la banalización y mercantilización de la política, donde todo queda reducido a una compra-venta de discursos y estética, la consecuencia natural, es la renuncia a la política a gran escala, la renuncia a hablar de el capitalismo como el gran organizador de nuestras vidas en cuanto a que lo damos por hecho, la renuncia a incluirlo en el debate político y a plantear cambiar aquello que no funciona en él. Otra de las consecuencias, particularmente grave a mi juicio, es que los partidos renuncian a explicar sus relatos fundacionales para la comprensión de la sociedad, tengo la impresión de que incluso la llevan a extremos realmente peligrosos en algunos casos en los que se crean “productos para la política” políticos hábiles con un argumentario fijado por el partido pero sin ninguna idea de los últimos fundamentos políticos y morales sobre los que se sostiene  su visión del mundo. Es importante explicar el relato que cada partido usa para la comprensión de la sociedad, es importante precisamente para no caer en la simplificación y mercantilización de la política y para poder asociar sucesos concretos a dinámicas globales pudiendo dirigir de manera más consciente nuestra acción política. Es por ejemplo interesante destacar que mientras la izquierda reconoce el carácter desigual del capitalismo globalizado, y su necesidad de dependencia y subordinación la derecha lo niega, que mientras la izquierda ve como expolio muchos de los procesos de explotación de recursos naturales en África y Latinoamérica ,por ejemplo, la derecha liberal lo ve como una lógica natural del libre mercado, lo cierto es que en última instancia lo que sí sabemos a ciencia cierta es que en muchísimos casos estos recursos no sirven sino para hacer infinitamente más compleja y violenta la vida de aquellos que los habrían de disfrutar. Es imprescindible apelar a estas dialécticas para trascender la política vacía, la política del espectáculo.

Es comprensible en cualquier caso, que ONGs, y demás grupos de acción humanitaria vean conflictivo plantear una responsabilidad política en su publicidad, o que hayan hecho este balance y hayan deducido que la caridad es más efectiva que la solidaridad para sus intereses, al final es comprensible que el objetivo último sea salvar cuantas más vidas posibles, no obstante, sigo pensando que a largo plazo la solidaridad sirve mejor a los intereses del humanitarismo. En última instancia en sus manos recae una importantísima labor, la de mostrar, la de moldear, en el imaginario colectivo de nuestras sociedades la terrible dicotomía que define y desgarra nuestro mundo, la que probablemente es la más importante de las tareas que el ser humano aun se debe a sí mismo , para afrontarla debemos pasar por dos reflexiones imprescindibles. En primer lugar es necesario entender que la acción humanitaria ha de plantearse de manera estructural, es decir paliar el sufrimiento humano es una tarea imprescindible, pero se encuentra vacía si no ataca las causas estructurales del mismo, de esta manera la acción humanitaria y la acción política se encuentran unidas y el propio funcionamiento interno del capitalismo, expresado por ejemplo en el inmenso poder de las multinacionales o en la acumulación como su objetivo final y último, tienen mucho que ver. En segundo lugar, plantear el discurso humanitario en los términos en que se hace ahora, presentando el subdesarrollo y las crisis humanitarias como realidades apolíticas,  alejadas de sus causas y ajenas a las dinámicas de nuestro orden global es terriblemente tóxico pues  refuerza esa indiferencia que caracteriza  al capitalismo postmoderno. Dicho de otra manera, en una sociedad capitalista construida sobre la idea del individualismo, la caridad se diluye en la inmensidad del yo, en un epiléptico orden de competitividad como es el nuestro solo la solidaridad abre brecha para la justicia social.  Esa terrible indiferencia del capitalismo, esa saturación que te impide comprender una dimensión mayor de las dinámicas globales, podría seguir mostrándote día tras día en tu televisión las guerras, las hambrunas, la miseria, y podría no  terminar de mostrarte nunca el rol jugado por tí en tal macabro espectáculo,casi como una ficción más en un mundo que diluye la barrera de lo real. La solidaridad, entendida también como responsabilidad, como consciencia, y sobre todo como una mirada entre iguales, rompe esa ilusión, y trasciende hacia una comprensión más humana de nuestra sociedad y de nuestro orden global.

El desarrollo, el capitalismo y la fragmentación de los relatos