lunes 13.07.2020

Las profundas raíces de la ultraderecha española

A algunos de nuestros conciudadanos les ha sorprendido el significativo ascenso de la ultraderecha en nuestro país. Y no sólo a ciudadanos despreocupados por la vida política, también a muchos, demasiados, analistas concienzudos que se han excusado de su error después achacándolo a una moda pasajera.

Algunos han avanzado más y han concluido que esa ultraderecha ya formaba parte de  UCD, AP, PP y de algunos intentos de partidos, ya olvidados, pero tan populistas y ultrarreaccionarios como el actual VOX. También ha habido analistas que agradecen a los partidos de derechas que hasta ahora hubieran impedido la constitución de verdaderos partidos de ultraderecha, acogiéndoles y acotándoles en un reservorio, como al covid 19. De esa forma habrían impedido que el monstruo se convirtiera en activo y nos contagiara inoculándonos el virus. Acción que les tendríamos que agradecer encarecidamente.

Otros opinamos que el monstruo ha estado siempre ahí y plenamente activo. Es la ultraderecha la que ha permitido a la derecha gobernar y la que se ha alimentado y beneficiado permanentemente de un país que ha seguido en manos de los cuatro poderes que lo dominan desde hace siglos. En la cuádruple alianza se necesitan los unos a los otros para mantenerse en el poder. De ahí la inextricable red de relaciones tejida entre ellos. Para su defensa y protección se fueron creando verdaderas herramientas para la ejecución de sus objetivos: Gobiernos, Cortes, Poder Judicial, Movimiento Nacional, Sindicatos Verticales. Repartiéndose la Falange, la Iglesia, el Ejército y la Aristocracia el poder en todos los campos.

Esos poderes han permanecido y permanecen intactos desde hace siglos.  Como en las guerras, el Estado Mayor es el que dirige las operaciones, el que establece las estrategias, siempre protegido y seguro en la retaguardia, observando, cambiando de mandos, destituyendo, decidiendo dónde se debe celebrar la batalla y cuándo; hacia dónde se debe dirigir el armamento pesado, la logística y avituallamiento. Cómo y en dónde distraer al enemigo, cómo debilitarlo; en qué puntos y en qué momentos atacar; cómo avanzar o cómo replegarse  y cómo conducir el ejército a la victoria.

Para la propaganda de guerra tienen todo el poder de sus medios de comunicación y propaganda; sus servicios de inteligencia están infiltrados en todos los sectores. Recogen información y lanzan desinformación, ahora las famosas fake news. Utilizan los Presupuestos Generales del Estado para pagar a todos  sus servidores. Sus dirigentes son conscientes de que nunca se gana absolutamente y, por tanto, una vez ganada la guerra hay que proseguir constantemente combatiendo al enemigo en la paz.

Todos estos conceptos forman parte de la teoría política, de la teoría y el arte de la guerra y de cualquier teoría razonable para aplicar en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Por tanto no hay que ser doctor en filosofía. Sin embargo  muchos analistas profesionales, sobre todo de izquierdas, siguen perdidos sin encontrar el hilo que les conduzca a explicar hechos diarios. O si lo saben, no se atreven a explicarlo.

Hay algunos que descubren ahora que la dictadura franquista duró demasiado tiempo y eso ha producido un gran vacío en la imprescindible práctica democrática necesaria para la madurez social. Pero ¿por qué duró tanto tiempo? Hay países, sobre todo en el  cuarto mundo subdesarrollado, desestructurado políticamente que se vienen manteniendo desde hace tiempo con dictaduras militares sangrientas y cotidianas. A pesar de su sangrienta actuación, sobre todo durante los años de la posguerra y de coletazos hasta su final, el franquismo no sobrevivió sólo con la represión. Sobrevivió con gran tranquilidad, para ser una dictadura, porque a los cuatro poderes les convino, le apoyaron y participaron plenamente en la elaboración y ejecución de sus políticas. O porque en realidad Franco y el franquismo fueron una creación de esos poderes reales para seguir dominando al pueblo español. El golpe fue preparado, financiado y ejecutado por esas fuerzas. Franco pasaba por allí, se subió al caballo y se quedó.

Hubo millones de ciudadanos que se beneficiaban de la dictadura y colaboraron con ella. Beneficiarios del caciquismo, de la servidumbre, de pequeños favores, de pequeñas concesiones. Muchos de ellos dieron el salto a la democracia sin haber sufrido la dictadura. Acostumbrados, ahora se dedican a pedir porque vivieron de la beneficencia franquista. La Iglesia, a todos sus niveles, formó parte de este régimen benefactor y subsidiado. Su asistencia a los pobres junto con las damas de la Acción Católica, nos retrotraen al siglo XVIII. La  Falange  con la Sección Femenina copia de los cuerpos paramilitares femeninos de la Alemania nazi y la Italia fascista, que dirigía la falangista Pilar Primo de Rivera. Al colaboracionismo le pagaban con esos pequeños privilegios. Pusieron de moda las mesas petitorias para cristianizar negritos y chinitos, hasta que llegó la iglesia de la liberación y lanzaron al Cardenal Ratzinger.

Durante el franquismo los jefes del Ejército y sus familias, y la jerarquía eclesiástica se han repartido con cargo a los impuestos y a la explotación de los ciudadanos, privilegios que les elevaban por encima del ciudadano medio en la vida cotidiana. Residencias militares, Viviendas, Seminarios, Colegios Militares, Economatos, Clubs de Campo, Hospitales, Colegios Religiosos y un largo etcétera conforman una parte de  las amplias bases sociales del franquismo. Refuerzos materiales y valores adheridos, conformaban una argamasa sólida que permitía al régimen salir al mundo de Occidente desde el balcón de la Plaza de Oriente en olor de multitudes. Mientras su guerra al comunismo les abría las puertas de la ONU.

Se construyó con facilidad una amplia red que abarcaba el país entero e implicaba a cientos de miles de españoles que funcionaron durante toda la dictadura de ojos, oídos, voz y puño de la dictadura. En todos los pueblos el cuartelillo, el púlpito y el confesionario; el alcalde y las fuerzas vivas, unidos en desfiles paramilitares y procesiones.

En las ciudades se optó por una red de informadores y colaboracionistas que iban desde el jefe de barrio, normalmente un falangista, pasando por el cura de la parroquia y desplegándose con porteros, porteras, serenos, confidentes, vecinos adeptos, que informaban a la policía política patriótica. Su posición hoy no es cómoda, se resisten a hablar de la verdad y son votantes fieles de los que impiden hablar del pasado y reconstruirlo. Las Universidades Laborales creadas por el Ministro Falangista Girón de Velasco que entreabrieron las puertas a la formación universitaria de los hijos pobres del Régimen fueron otra fórmula de adhesión y fomento del respaldo social.   

Otros abordan críticamente el proceso de transición al no producirse una verdadera ruptura revolucionaria y en la medida en que al ser la partera  los propios poderes fácticos, éstos permanecieron incólumes. El resto les servimos proporcionándoles los medios y la tranquilidad suficiente para que  cambiando algo todo siguiera igual. En cuanto a la amnistía sirvió para  perdonar a los verdugos y no para recuperar a las victimas. Aquí no ha habido comisiones de la verdad, aquí no se ha pedido perdón por parte de los verdugos que han seguido recibiendo homenajes y medallas. Aquí no se ha devuelto el botín de guerra ni se ha conseguido la catarsis social entre verdugos y víctimas.

A pesar de las luchas del movimiento obrero y las víctimas de la represión, la dirección y el contenido  de los cambios se mantuvo en manos  de los poderes de siempre. No es nuevo. En todas las revoluciones, a excepción  de la revolución de Octubre en la Rusia zarista, la burguesía utilizó a los trabajadores de cabeza de turco y se subió a sus hombros para hacerse con el poder posteriormente. La diferencia es que en nuestro país han mantenido el poder las mismas fuerzas políticas de hace siglos. Y la burguesía ha renunciado a la revolución burguesa a cambio de mantener a la clase obrera y a sus representantes lejos del poder.

Otra corriente analítica culpa a Felipe González y a la dirección del PSOE de entonces de no utilizar su victoria absoluta en las elecciones de 1982 para proceder a una verdadera revolución democrática apoyada por la soberanía ciudadana ampliamente legitimada en las urnas. Recordemos que el PSOE ganó  las elecciones con un objetivo y eslogan rotundo: POR EL CAMBIO. La socialdemocracia europea ha demostrado sobradamente su incapacidad y su desinterés para cambios reales y permanentes, y se ha esforzado por crear una nueva clase dónde encuentra su vivero de votos y a la que defiende para sobrevivir: las clases medias. Término tan ambiguo como su composición, fronteras, ideología, condición económica, y situación relativa respecto a la burguesía y a la clase obrera. Han tratado de disolver la frontera  entre explotados y explotadores. Eso les permitía y les permite a los socialdemócratas una ambigüedad política impresionante. Una especie de Partido Verticalista.

Por fin está la izquierda que sólo ha tenido cierta fuerza y peso en ocasiones muy puntuales y que ha sacrificado sus energías sin ningún resultado político. El deseo de cambiar la sociedad sin un análisis sólido de la sociedad en la que vivía la ha llevado a sucesivos fracasos y a su práctica desaparición. En ese proceso parte de esa izquierda acabó en el PSOE con el pragmatismo del derrotado y otra parte, con más fe que  inteligencia y acierto, sigue clamando y deambulando por una revolución desorientada.

Pero hay un análisis que une a las izquierdas y es su minusvaloración de la derecha en nuestro país. Se desprecia, sin crítica fundada, su papel en la historia de España. A pesar de sus grandes y graves errores la derecha ha mantenido durante siglos y mantiene el poder actualmente. La derecha se ha reinventado cuando ha sido necesario. Fernando VII y sus caenas; La desamortización, las guerras carlistas, los golpes militares, Amadeo de Saboya, la restauración con Alfonso XII, el regeneracionismo, las dos Repúblicas, las Dictaduras,  Franco con Hitler y Mussolini, y después con Eisenhower; la transición y el bipartidismo son muestras evidentes. Lo fundamental, mantener el poder.

A eso se ha unido, y entra dentro de esa lógica, la sobrevaloración propia. La sociedad española es de izquierdas, ¿Eh? Es una tesis indiscutible para muchos. A pesar de que las dos tesis se han puesto en la vida real constantemente en cuestión, se han seguido planteando como punto de partida para presentar proyectos y programas políticos. Quizá la socialdemocracia se ha movido mejor en ese terreno porque ha aplicado las tesis electoralmente, pero no en su práctica política al ejecutar sus programas. De tal forma que ha optado por aplicar desde el Gobierno políticas de derechas desde programas electorales de izquierda. Un juego de magia que le sirve para seguir ganando elecciones.

No se debe de confundir el extraordinario papel negativo que ha jugado la derecha para la sociedad española,  con su poder, fuerza e inteligencia. No se deben de restar peras con manzanas. La derecha española y en concreto la ideología de ultraderechas, ultrarreaccionaria,  tiene una larga y fructífera trayectoria en nuestro país. No así la ideología de izquierdas. Se dice que el único análisis que se puede considerar marxista dentro del pensamiento español es el Informe a la Comisión de Reformas Sociales, elaborado por el médico socialista español Jaime Vera, en nombre de la Agrupación Socialista Madrileña. El historiador marxista británico Eric Hobsbawm en su prólogo al Manifiesto Comunista indica la corta primera  edición de ejemplares en español en comparación con las ediciones en países europeos. También hay que destacar el profundo anticomunismo de la derecha española del que ha sabido inteligentemente contagiar al resto de partidos y a la sociedad. El izquierdismo ha funcionado de yunque en muchas ocasiones.

En Francia, Alemania, Inglaterra, Italia o USA, ha habido pensadores marxistas y de izquierdas capaces de enfrentarse intelectualmente a las mentes más preclaras de la ideología de derechas y superarles en muchos casos, convirtiéndose en referencia para el conjunto de la sociedad, respetados y admirados por Instituciones Académicas, Científicas, Culturales y por los pueblos. Es posible que los procesos de industrialización más tempranos y tiempos más largos de permanencia histórica de la clase obrera en esos países hayan facilitado una acumulación de experiencias y saberes que impregnaron el mundo intelectual. Pero aquí la derecha se cuidó muy mucho de cortar de raíz esos brotes. Las amplias y profundas depuraciones después de la guerra del 36 dejaron un vacío irreparable.

El interesante libro de Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra,  describe y analiza un largo recorrido protohistórico de la clase obrera inglesa. Aquí,  Núñez de Arenas y Tuñón de Lara pusieron las bases para analizar el mundo del trabajo industrial. Hay sin embargo menos estudios y más edulcorados, pagados por encargo, sobre el capitalismo español, sobre su ideología sobre sus interconexiones con otros poderes como la Aristocracia, el Ejército, la Iglesia, las Instituciones Políticas, la Universidad, la Intelectualidad. Se vislumbra una tupida red de interconexiones familiares entre los miembros de todas las instituciones, bien abonadas y regadas con nombramientos de  altos cargos en las administraciones, así como de  concesiones para explotación de riquezas públicas, en manos de la Monarquía y de los Ministros de turno.

Es necesario superar un optimismo ingenuo y recordar que nuestro siglo XIX, y nos limitamos sólo a él, está plagado de una pléyade de intelectuales y pensadores de derecha y ultraderecha. Es cierto que a finales de siglo con el nacimiento y ascenso de las ideas socialistas, los procesos revolucionarios y la incapacidad de la derecha para resolverlos políticamente, aparecen una serie de intelectuales que se acercan al socialismo y colaboran con él. Pero el peso y la larga historia del pensamiento político reaccionario en nuestro país va  tener una presencia y una proyección muy profunda que llega a nuestros días.

Por tanto,  analicemos con más rigor que detrás de los ineptos, de los simplones, de los que no tienen ninguna capacidad para ejercer las responsabilidades que tienen, están los que les han puesto ahí, para cesarles cuando ellos mismos les quemen y nos les sirvan ya. Hay multitud de ejemplos de marionetas que han cumplido y cumplen hoy mismo con la función que les han asignado.  No confundamos al capataz con el dueño de la finca.

Donoso Cortés, Balmes, Menéndez y Pelayo, Ganivet, Maeztu, Ortí y Lara, Mella, Cánovas, Maura, y una espesa ramificación de segundos niveles  influyeron decisivamente en la construcción de la ideología de la ultraderecha durante el siglo XIX, que llega a nuestro días. A ellos se unían en la primacía espiritual, muy importante en aquellos tiempos, destacados cardenales, arzobispos, obispos y la influencia educativa e ideológica de las Órdenes religiosas, tanto de hombres como de mujeres, sobre una población analfabeta. La Universidad Pontificia de Comillas, vivero  para la reproducción de dirigentes de la clase alta. Los colegios religiosos, los púlpitos, las fiestas religiosas eran lugares de educación religiosa e ideológica. Se puede criticar su ideología pero en ningún caso despreciar su inteligencia. Craso error. Se puede ser fascista e inteligente. En el entorno de los fascismos han pululado o apoyado explícitamente  gentes como Ortega, Unamuno, Marañón, Dalí, los Futuristas italianos, muchos científicos alemanes, decisivos en la conquista del espacio, acogidos en EE.UU, con recelos de sus colegas. Es el caso del Premio Nobel de Medicina, el eminente etólogo Karl Lorenz, acusado de experimentar con seres humanos durante el nazismo.

En fin, la izquierda que no entienda esto está condenada a repetirse y seguir fracasando. Nuestros enemigos no nos han traicionado nunca. Son más inteligentes. Han pagado a los nuestros para que lo hicieran. ¿Te vienen a la memoria algunos personajes actuales? ¿Tienes papel suficiente?

Las profundas raíces de la ultraderecha española