miércoles 23/9/20

Iconografía e ideología

Parece que a las gentes les ha dado por derribar estatuas. Como decía un personaje de la interesante película del director Carlos Saura “Deprisa, deprisa”, con música y letra de las canciones jondas de Los Chunguitos, aclarándole a una viejecita católica el por qué de la voladura del Cristo del Cerro de los Ángeles por los republicanos durante la guerra de España, “algo haría”. Por otra parte es la misma respuesta que dio a los periodistas, hace sólo unos años, el Alcalde de Baralla (Lugo), cuando le preguntaban que pensaba de los asesinatos cometidos por Franco. En este caso no era piedra lo que se destruía, eran seres humanos. Para algunos era y sigue siendo más importante la piedra.

Hace menos años, los Sindicatos CC.OO. y U.G.T. de Cataluña y organizaciones ciudadanas solicitaron a la Alcaldesa de Barcelona la retirada de una estatua y el nombre de una Plaza de la Ciudad dedicada al primer Marqués de Comillas, Antonio López y Lòpez (1817-1883), empresario, capitalista español, ultrarreaccionario, enriquecido con el tráfico de esclavos a Cuba. Su hijo Claudio López Bru (1853-1925), segundo Marqués de Comillas  antisindicalista militante, vicepresidente de la Junta Central de Acción Católica durante décadas, fue probablemente la mayor fortuna de España durante años. Poseía navieras, industrias, bancos y se emparejó con los Güell, otra familia de amplia raigambre en Cataluña. Financió con cuantiosos fondos actividades de la Iglesia católica en España y para el propio Vaticano. Envió  sus barcos cargados con sus obreros, al Vaticano para  enaltecer al Papa León XIII y preparar su futura beatificación. Fiel espejo de la rancia nobleza católica española en el que se miraban todos sus miembros

¡Ojo!, no proponían su destrucción, sólo su retirada. La familia elevó sus protestas a la Alcaldesa ante tanta ignominia. Y nuestro queridísimo Presidente de la Comunidad de Cantabria, señor Revilla, también elevó su protesta más airada y añadió que la estatua se la enviaran a Cantabria.

El Marqués de Comillas fue un gran benefactor para Cantabria, sobre todo para los monarcas a los que invitaba algunos veranos a pasar las vacaciones en su Palacio en la noble y aristocrática villa de su nombre y participaba en la financiación de la Guerra en Cuba. Era un estupendo cacique en la época. La Universidad Pontificia de Comillas fue fundada en Comillas,  con la aprobación del Vaticano, en el año 1890. Hoy, una de las Universidades más prestigiosas de España. Una universidad católica, dirigida por la Compañía de Jesús.

Las estatuas ecuestres del Caudillo, - conseguía trasmitir más fuerza a caballo -, han estado rodando por toda nuestra geografía nacional, con oposición resistente a que se retiraran. Lo último, en este tema ha sido el reality de su faraónica sepultura bajo la gran cripta, elevada para ser vista a kilómetros en la sierra de Madrid, centro de peregrinación de nostálgicos demodés, pero presentes con fuerza social y electoral en nuestra queridísima patria. Se han trasmitido con alborozo por las televisiones todos los derribos de estatuas de líderes comunistas de todo el mundo y de  otros que no les caían simpáticos a algún líder occidental.

La imaginería religiosa ha tenido y tiene su historia, mucho más extensa, arraigada, devocionaria hasta el climax, que la iconografía civil. Precisamente, la imaginería religiosa, tan rica artísticamente, -recomiendo una o más visitas al Museo Nacional de Escultura de Valladolid-, ha servido de referencia y ejemplo en nuestro país para la iconografía de la Monarquía y después de la alta sociedad civil. Nobleza y burguesía, más prosaicas, han dirigido sus inversiones artísticas a enaltecer sus virtudes humanas y trasmitir una imagen de prestigio y, sobre todo, de poder. Querían dejar todo atado y bien atado en lo referente a su prestigio. Decía Cicerón, al parecer, que “la vida de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos”. Para reforzar la memoria se incentivó la estatuaria hagiográfica seglar. Pero el ser humano es imperfecto y transitorio. Sólo los santos y las vírgenes no lo son. Y las memorias son cambiantes.

Evidentemente, los fines son distintos y las características de los  encargos que recibe el escultor, también. En toda imaginería, religiosa o no, está la fuerza y el poder. Pero mientras en la imaginería religiosa se busca la inmanencia, en la iconografía humana sólo se puede lograr, como máximo, la trascendencia. Las reliquias de los santos son una forma de acercar la trascendencia a la inmanencia, lo físico a lo sublime e incorrupto.

En tal sentido, ese proceder de obtener el molde del rostro del muerto, de cuerpo presente, para el posterior vaciado y reserva  para futuros bustos, se acomoda bien al sentimiento y al elogio, muy de nuestra cultura antropológica, ante todo cadáver. Es verdad que algunos muertos, ya muertos, dan menos miedo que los vivos. Por eso no se conforman con la memoria y exigen la presencia material imponente, en 3D.

La leyenda nos cuenta las victorias de El Cid empalado en su caballo después de muerto. La representación, los símbolos, a diferencia del cadáver de El Cid, no se pudren. Ahora, al parecer, sí se corrompen. Y el conocimiento público de sus verdaderas vidas nos descubre su oscuro interior. La Historia  no les absolverá. Además, ahora el tiempo pasa con más rapidez para la Historia. Quién iba a decir que el cuadro de Antonio López, el gran pintor hiperrealista, retratando a la familia real, tan unida, quedaría descuartizado tan pronto. Hubiera sido más apropiado encargárselo a Bacon.

“Pocos argumentos históricos como la monarquía deben tanto al imaginario visual que ha contribuido a configurarla cultural y socialmente”. El libro de Carlos Reyero Monarquía y Romanticismo, seguro que nos sirve para entender por qué se derriban las estatuas. También en esta destrucción hay diferencias entre lo religioso y lo civil. En la destrucción de la iconografía civil y pública se exigirá la reparación material y moral, y la sanción administrativa por daños al mobiliario urbano. Por cierto, el primer Marqués de Comillas, Antonio López y López, tiene calle conocida en Madrid. En el caso de la imaginería religiosa a toda la sanción civil se suma la sanción religiosa de sacrilegio o profanación. Una de las diferencias entre trascendencia e inmanencia. De ahí el interés por la Beatificación de Don Claudio, segundo Marqués de Comillas.

Y por supuesto, en el fondo, proyectar una ideología que se trata de consolidar, divulgar y rentabilizar a futuro. Como las inversiones.

Lo observamos en la actual política española: los antiquísimos títulos nobiliarios hay que hacerlos presentes y ponerlos en valor. Los títulos han de ser rentables. Ante la crisis actual de la Monarquía Española, los nobles y vasallos, en traje de luces, salen al hemiciclo  en su defensa.  La Armería del Palacio Real y la Heráldica están de moda. Toda una iconografía de estandartes, escudos y blasones se despliegan. Estamos aquí, nunca nos fuimos y nunca lograsteis echarnos, nos espetan desafiantes. Eso sí, se han saltado la Revolución Francesa, han abrazado a Montesquieu ahogándole, no les ha quedado más remedio que respetar la soberanía popular a regañadientes y se han financiado con oro del moro fundamentalista. Todo para comprar armaduras y espadas de acero toledano.

Menos mal que la escultura se ha democratizado en los últimos tiempos y hemos encargado bronces para el sereno, el barrendero, el jubilado, la estudiante. También se ha despersonalizado, se ha hecho abstracta aunque no ha dejado de ser simbólica-mitológica e ideológica. Ahí tenemos la escultura del Ángel Caído en el Parque madrileño del Retiro, a Eloy Gonzalo con su lata en jarras o El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, en la Plaza Drumen, frente a la fachada, eso sí, del Reina Sofía.

Iconografía e ideología