miércoles 23/9/20

La historia y el movimiento obrero

A pesar de la batalla que libran desde hace años los historiadores profesionales para descubrir y dar a conocer el papel que ha jugado la clase obrera en la construcción de la sociedad que tenemos hoy, en sus consecuciones, en cuanto a la mejora en las condiciones de vida y en la acción permanente por mantener, consolidar y desarrollar derechos sociales, económicos y políticos, la hegemonía del capitalismo consigue difuminar ese protagonismo e invisibilizarlo. No sólo eso sino que, en muchos casos, consigue apropiarse de esas consecuciones, cambiando la Historia. Recordemos que de esas conquistas históricas de la clase obrera se beneficia actualmente la sociedad entera.

Hoy, ese trabajo de cambiar los orígenes, se evidencia en nuestro país en temas distintos a la lucha de clases pero próximos como son los casos de los derechos sexuales y el feminismo. Ellos, la derecha española, que tanto se opusieron con todas  sus fuerzas y sus armas, ahora tratan de aparecer como sus abanderados. Algunos de sus obispos les recuerdan de vez en cuando sus orígenes, haciendo declaraciones idénticas literalmente a las que hacían los representantes políticos de la derecha hace nada y que siguen confirmando con actos fallidos freudianos, hoy.

El engaño, la mentira y el camuflaje, forman parte de las técnicas  cotidianas de la derecha española. La burguesía liberal española ha estado siempre tan dominada  por la ultraderecha confesional que no se ha atrevido a salir abiertamente del armario. Son la derechita cobarde de Abascal. Se apropian, con cierto miedo vergonzante, de los vacíos que deja la ultraderecha. En una hibridación para congelar la Historia los burgueses se hacen con títulos nobiliarios y los nobles se convierten en emprendedores. Eso sí bajo el paraguas del Estado y del Cielo Protector.

Pero esa apropiación indebida del patrimonio político de otros ha tenido una repercusión muy negativa en la información, formación y opinión de la sociedad española poco formada. Sólo hace falta asistir a una de las miles de visitas guiadas, por guías autorizados. Salvo algunas excepciones, las historias que nos cuentan no tienen el mínimo rigor. Se ensalza a personajes mintiendo descaradamente sobre sus hechos históricos y personales. Hay que recordar que en España nos visitan anualmente 80 millones de turistas y muchos de ellos, cada vez más, están interesados por nuestra Historia.

Cuando estas manipulaciones se aplican a etapas históricas amplias, que han supuesto transformaciones sociales y políticas decisivas, las consecuencias son gravísimas. No existe un pueblo sin Historia. Por eso los EE.UU. se la construyeron con el cine. Igualmente, se puede construir una Historia falsa. Incluso con cierta inteligencia, combinando verdades, mentiras y silencios (1), haciéndola digerible y creíble para la amplia mayoría de la sociedad. Los análisis de investigación sociológica sobre la formación cultural de la actual población española constatan una excelente predisposición aprovechable por los manipuladores. La educación, en Historia, ha sido una de las disciplinas más tergiversadas interesadamente por la ultraderecha española y sus escribanos. Bien pagados e instalados en las altas instancias Académicas.

Me comentaba hace unos años un notable historiador de la fotografía que José Ortiz Echagüe, don José en la fábrica de Getafe, fotógrafo amateur pero de gran prestigio y profesionalmente director general de CASA, Construcciones Aeronáuticas, durante muchos años y luego de SEAT, piloto de la primera promoción militar española de aviadores, que nunca hizo una fotografía de la fábrica que dirigió durante años ni de los trabajadores. Pudo ser un olvido no intencionado. Pero sus fotografías sobre tipos marroquíes tienen una base antropológica y revelan un interés significativo sobre la vida cotidiana (2). En los mismos años había fotógrafos en EE.UU. que retrataban la vida industrial y los hermanos Lumière ya lo hicieron antes (3). Será el desprecio al trabajo manual, tan enraizado en la nobleza española, transmitido a la sociedad del “no sirvas a quién sirvió”.

El cesante de la alternancia política en la Restauración y, antes, el hidalgo son el hilo conductor hasta la actualidad.

Sin duda la poderosa ideología de la ultraderecha española ha contagiado a toda la sociedad. Decía F. González que en la sociedad española nadie se consideraba pobre, aunque objetivamente lo fuera. Diferenciaba él, muy marxista, entre el en sí y el para sí. Esto último lo deduzco yo. Los nuevos trabajadores del sector de servicios o sector terciario en España, que llegarían a ser aplastantemente mayoritarios, nacieron con ese marchamo. A pesar de tener un salario medio por debajo del salario medio de los obreros industriales, siempre se han considerado superiores. Tampoco tenían una cultura superior, eran simples plumiferos. Son trabajadores al servicio de la producción material que depende de la industria, de la construcción, de la agricultura, de la ganadería, de la producción de energía, de la pesca. De la economía real. Son actores secundarios, eso sí, al servicio directo del capital para el mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo. Nada vergonzoso si el en sí se asume por el para sí y se actúa en consecuencia. Espartaco lo demostró.

La socialdemocracia más preocupada de la sociología electoral que de la transformación real, y sin mucho anclaje en la clase obrera, optó por “las clases medias”, algo ambiguo, indefinido, con perspectivas siempre frustradas de ascenso social y más acogidas en un amplio sector servicios, desclasados vergonzantes que no están dispuestos a asumir su carga histórica. Dicho y hecho, la socialdemocracia dirigió la reconversión industrial, privatizó todo lo privatizable y terminó ayudando a poner en manos de la Banca Privada el 50% del sector financiero. Sus dirigentes han sido recompensados adecuadamente, al mismo nivel que lo son los testaferros políticos de la derecha.

El proyecto político de la socialdemocracia española ha quedado truncado en lo económico. La Economía social, la Empresa Pública, la Banca Pública, como instrumentos imprescindibles del Estado social y democrático de Derecho, para poder cumplir con las necesidades de la mayoría social se han destruido.

Paradójicamente la política industrial del franquismo fue más socialdemócrata que la del PSOE de Felipe, Boyer y Solchaga. Con los votos de una parte importante de la clase obrera destruyeron la base sobre la que se levantaba la clase obrera. Es el momento de hablar de Arqueología Industrial y Antropología de la clase obrera. Sobre los restos de unos modos de producción destruidos o expoliados por las Multinacionales, Fondos de inversión, etc. y unas relaciones de producción a punto de desaparecer hablaremos en otro capítulo.


(1) Alex Grijelmo. La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos. 2012. Taurus
(2) Ortiz Echagüe. Fotografías 1903-1964. La Fábrica. 1998.
(3) Hermanos Lumière. Documental corto 46 segundos- La sortie de l´usine Lumière à Lyon. 1895. Charles Ebbets y Lewis Hine. Fotografías de los rascacielos en construcción de NY y fotos de Hine sobre las consecuencias en el campo de la Gran Depresión en los años 30.

La historia y el movimiento obrero