viernes 7/8/20

Construcción y deconstrucción de la cultura obrera

Constructivismo ruso
Constructivismo ruso

 

A pesar de la pésima fama de la que goza actualmente la actividad industrial, por sus consecuencias para la salud y el medio ambiente, desde sus inicios y durante décadas de los siglos XIX y XX, fue el motor de todas las grandes transformaciones materiales y sociales de Europa y EE.UU. Hoy lo sigue siendo en Asia. Hasta hoy mismo los pueblos y las naciones compiten por atraer a sus lugares plantas industriales, incluso con aportación municipal de terrenos, subvenciones, desgravaciones, etc. Hoy sigue manteniendo en el mundo millones de puestos de trabajo, riqueza y también destrucción y consumo de ingentes recursos naturales.

A lo largo del tiempo esa poderosa atracción generó una rica cultura industrial. Todas las artes y los artistas se rindieron ante el mito de la modernidad que se encarnaba en el industrialismo. Los impresionistas que amaban pintar au plein air observaron que aparecían nuevos paisajes y nuevas formas de vida y se apuntaron en el último cuarto del s. XIX. Las nuevas artes, fotografía y cine, se unieron rápidamente. “La salida de la fábrica”, documental de los Lumière estrenó prácticamente el cine. Humos de chimeneas industriales, de máquinas de tren, grandes construcciones de hierro y acero empezaron a aparecer en los Salones. Los temas de la “cuestión obrera”, más que “social”, preocupación por las condiciones miserables que produjo la industrialización en la nueva clase obrera, llenó las paredes de los Salones de pintura, Exposiciones, etc. La literatura costumbrista y la novela social atrajeron a grandes escritores[1]. Por primera vez en la Historia el mundo del arte se decantaba ampliamente por los explotados y por los de abajo. Se democratizó el arte por parte de los artistas y por parte de los consumidores. Los pintores de Cámara se fueron quedando solos. Antecedentes de lo que luego sería la explosión del realismo social y de lo que actualmente une, frente a grandes miserias y catástrofes, a músicos y cantantes de fama internacional. El caso de la versión excepcional de Resistiré ante la pandemia.

Los pintores se empezaron a independizar de mecenas y comitentes de la nobleza y burguesía; y los temas de la vida real y sus gentes poblaron sus obras. El pueblo se empezó a alfabetizar y pudo acceder a la lectura y ello generó una amplia demanda de literatura popular. Nacieron nuevos personajes, temas, valores morales y estéticos, lenguajes y fantasías. Las fábulas, el cuento, el refranero cubrieron espacios de ocio, morales, etc.

En cuanto a los nuevos materiales, se extendían el hierro y el acero,  sustituyendo  con ventaja a los utilizados durante siglos. Los nuevos espacios amplios, cubiertos para grandes acontecimientos, precisaban del hierro, al igual que la construcción en altura, grandes buques, vías, puentes y túneles, máquinas, herramientas mecánicas y agrícolas El acero era el material iconográfico de la era industrial y el obrero era su amo y dominador. El nuevo Vulcano.

Las novedosas Ferias Internacionales reunieron al mundo entero para mostrar las sorprendentes máquinas, fuertes, poderosas, duras, sustitutivas con ventaja de la fuerza física del ser humano. El Manifiesto Futurista italiano vinculado al fascismo y el Constructivismo ruso, nacido con la Revolución de Octubre, proclamaban con diferentes estéticas el triunfo del maquinismo unos y del obrero industrial, como dominador de la máquina, cual héroe mitológico, protagonista de la nueva era, los otros. Dos formas diferentes de entender en la estética la revolución industrial, producto de dos ideologías, de dos clases sociales que se reconocen enfrentadas, por sus orígenes diferentes, con aportaciones diferentes  a esa nueva etapa –unos el capital y otros su trabajo- : burguesía industrial y clase obrera industrial. Signo evidente de los diferentes enfoques que iban a mantener burguesía y proletariado ante la etapa histórica naciente.

En esa nueva fase histórica aparecían nítidamente dos sujetos históricos destacados protagonizando la nueva sociedad. El burgués industrial a self made man y el obrero industrial. Nuevos sujetos históricos pero con raíces en la fase preindustrial. Emprendedores, ingenieros, inversores atrevidos, inventores, artesanos y oficiales, liberados de sus gremios e impulsados por la revolución de las arts&crafts[2]. Previamente en algunos países de nuestro entorno se había producido un cambio en la propiedad de las tierras. Eso y el crecimiento demográfico facilitaron mano de obra masiva barata, aunque no especializada a las nuevas industrias.

La explotación masiva de recursos humanos y materiales a través del colonialismo salvaje que desarrollaron los países europeos y EE.UU. sobre América, Africa y Asia, permitieron una acumulación impresionante de capital que favoreció el despegue de la industrialización europea y americana, el expolio de recursos naturales y destrucción de la organización social para el futuro de esos continentes.

La producción de mercancías por medio de mercancías y cuyo origen primigenio es siempre el trabajo humano, concepción sraffiana[3] de esencia marxista; y por otra parte la concepción burguesa que establecía, como origen de todo, el capital, proponían dos visiones distintas en la Teoría Económica. El capital debía ser el protagonista en la nueva etapa y era para la burguesía su aportación, su soplo por el que dotaba de vida a los materiales y convertía al ser humano en obrero asalariado que, bajo su organización y dirección, convertía lo inanimado en mercancía para su venta en el mercado con el correspondiente beneficio.

Ese enfoque sigue vigente hoy, más o menos explícitamente. La burguesía insiste en el mayor valor de la tecnología y el capital e infravalora al trabajador y al trabajo[4]. Cuida la máquina y descuida al trabajador. Evidentemente la valoración sobre el trabajador y el trabajo para la burguesía sigue una gradación. Un ejemplo significativo sobre esa valoración la hemos tenido con motivo del trabajador y el trabajo durante la pandemia. En un giro radical nos hemos dado cuenta de la gran importancia de la limpiadora y de la poca importancia del ejecutivo. El mundo ha seguido funcionando sin la presencia de este último. En muchos casos ha funcionado mejor. El trabajador, aunque fuera a distancia, seguía siendo imprescindible. Y presencialmente, más. Una prueba contundente es la eficaz coordinación conseguida por los investigadores, médicos, sanitarios y varias profesiones al margen de gestores y gestiones burócraticas.

Todo ello empezaba a tener un basamento científico en toda una serie de disciplinas que habían avanzado hasta entonces en una relativa oscuridad, sin sistematización, sin metodología científica y experimentación amplia. La química, la medicina, la botánica, la física, la óptica, la tecnología, las matemáticas, las ciencias experimentales y los sistemas de formación práctica de un número elevado de estudiantes, produjeron una explosión de conocimientos y aplicaciones que se llevaron a la práctica con muchos fracasos pero también con éxitos. Se producía el mismo proceso que en la Teoría Económica de Sraffa: la producción de ciencia por medio de la ciencia[5]. No olvidemos los antecedentes, que muy vinculados al poder monárquico, tuvieron, con cierto éxito, la fundación de las Reales Fábricas en el siglo XVIII[6] como preindustrialismo en España.

El mundo actual y todos los anteriores, y previsiblemente los futuros, son obra del trabajo. El palo, la piedra, el útil, la herramienta, la máquina, los aceleradores de partículas atómicas, son obra de la mano y del cerebro humano[7]. Y la obra resultante también. Y a pesar de las Oficinas de Patentes y Marcas son siempre una obra colectiva, fruto de siglos de aprendizaje, de reflexión, nunca individual. El ser humano como Dios, en la pintura de Miguel Ángel, trasmite toda su experiencia y su saber a su obra. A pesar de que la obra se convierte en mercancía para el capitalista que la cambia por dinero y obtiene una plusvalía, éste nunca podrá valorar su esencia intrínseca ni ser su verdadero propietario. El orgullo del trabajador ante su obra, a la que ha trasmitido su más profundo saber, se representa metafóricamente con el soplo divino de Dios trasmitiendo el alma y la vida a su creación[8]. El producto es el resultado del trabajo de su creador.

En Europa, a finales del siglo XIX, la clase obrera industrial crecía aceleradamente junto con el crecimiento de la industrialización. La Europa del campo iba siendo transformada y sustituida por la Europa industrial. Para la industria no había límites. Ella misma se autotransformaba rápidamente y transformaba todo lo que tenía a su alrededor. La agricultura, durante siglos prima dona de todas las sociedades, se mecanizaba, gracias a la industria, y multiplicaba su productividad. Los gremios artesanos pasaban a convertirse en artes menores incapaces de hacer frente a una demanda masiva. Mucho después descubriríamos el arte como herramienta: industrializado, en serie, útil y de masas. El grito en la pared con el cartelismo[9], el seriado de Warhol, el Pop Art, el arte de masas y para las masas que analizaba W. Benjamin[10].

¿Cómo ha sido posible que, especialmente en nuestro país, uno de los dos protagonistas de esta etapa histórica haya desaparecido socialmente, aunque siga siendo más real que nunca?


[1] En nuestro país Concha Espina. El metal de los muertos. Emilia Pardo Bazán. La Tribuna. Benito Pérez Galdós  Fortunata y Jacinta,. Manuel Tuñón de Lara. Medio Siglo de Cultura Española (1885-1936). Editorial Tecnos. 1979.

[2] El artista y socialista británico William Morris en el siglo XIX colocó, a las hasta entonces llamadas artes menores, a la misma altura que las artes clásicas. Los herreros, tejedores, carpinteros, vidrieros, impresores, relojeros, canteros, alfareros, albañiles, fundidores, navegantes. pasaron a ocupar el primer plano en la nueva industria como obreros libres y especialistas de los que dependían totalmente las nuevas industrias. Estos profesionales, muchos de ellos extranjeros, tenían sus antecedentes en las Reales Fábricas de nuestro siglo XVIII. Por su parte el empresario industrial sustituía al comerciante.

[3] ^Piero Sraffa. Producción de mercancías por medio de mercancías. Oikos-Tau. 1960

[4] “Desde 1825 casi todas las nuevas invenciones fueron resultado de colisiones entre el obrero y el empresario, que intentaba a toda costa despreciar la especialidad del obrero. Después de cada nueva huelga, aunque fuese poco importante, surgió una nueva máquina”, Miseria de la Filosofía. Karl Marx. Citado por José Sierra Álvarez en El obrero soñado. S. XXI. 1990.

[5] Stephen Hawking A hombros de gigantes. Ed. Crítica. 2010.

[6] Real Fábrica de Cristales de la Granja. Jornadas sobre las Reales Fábricas. 2004. Gregorio Benito. La incapacidad temporal: en los orígenes del capitalismo industrial. Febrero 2011.En la Real Fábrica de Cristales de La Granja su propietaria la Monarquiía reguló detalladamente, a través de un Reglamento, la organización del trabajo, las categorías profesionales y la atención sanitaria a los trabajadores y sus familias, tanto en caso de accidente laboral como enfermedad común. Era fundamental mantener productiva la mano de obra especializada. La valoración del trabajo y del trabajador cambió.

[7] John D. Bernal. Historia Social de la Ciencia. Ediciones Península. 1967.

[8] Miguel Ángel. La Creación de Adán. Fresco de la bóveda de la Capilla Sixtina

[9] Cassandre: “La pintura es un fin en sí misma. El Cartel es sólo un medio para un fin”

[10] W. Benjamin. El arte en la era de su reproductibilidad técnica.

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