lunes 14.10.2019

Contra los relatos de parte: balance apresurado de una negociación fallida

Estaba cantado desde ayer por la tarde, aunque algún resquicio de esperanza seguía presente. Acaba de confirmarlo la votación en el Congreso, la investidura de Sánchez ha fracasado de nuevo, tras obtener parecidos apoyos a los de la primera votación de hace dos días: 124 votos a favor del candidato Sánchez. Los 155 votos en contra y las 67 abstenciones reflejan hasta qué punto han resultado baldíos los esfuerzos de Sánchez de emplazar y recabar apoyos a izquierda y derecha.

En las últimas horas de una negociación al límite han seguido pesando más las pretensiones de poner de manifiesto quién ganaba la negociación o de justificar la ruptura. Lo necesario quedaba así arrinconado. No se ha avanzado ni un milímetro en lo que era imprescindible, generar confianza y cooperar lealmente en lo que realmente era importante: conformar un gobierno de coalición entre el PSOE y UP capaz de aplicar las políticas sociales progresistas que reclama la mayoría social e impulsar el diálogo con el independentismo catalán para buscar una salida democrática y legal a una crisis política de enorme calado que sigue polarizando la sociedad y la vida política, en España y en Catalunya.

El gobierno de coalición estaba al alcance de la mano y se hubiera logrado si los dos potenciales socios no se hubieran esforzado tanto en mantener unas pésimas estrategias de negociación

De las dos votaciones seguidas que no han otorgado la confianza para la investidura de Sánchez cabe realizar un balance apresurado: hay un gran perdedor, la mayoría ciudadana progresista que el 28M votó a favor del acuerdo y para impedir que un partido neofranquista pudiera apuntalar un gobierno reaccionario; y dos líderes políticos, Iglesias y Sánchez, que todavía no han echado cuentas de los costes sufridos y los beneficios obtenidos. Cuando las echen, quizás se lleven un buen susto.

El gobierno de coalición estaba al alcance de la mano y se hubiera logrado si los dos potenciales socios no se hubieran esforzado tanto en mantener unas pésimas estrategias de negociación: han dejado pasar las semanas sin identificar los muchos puntos de encuentro programáticos que existían, para concretarlos y reforzarlos, y sólo después, cuando estuviera asentada la necesaria confianza y complicidad entre las dos partes, deberían haber pasado a la compleja negociación de cómo pactar el tratamiento de los puntos de desencuentro, qué estructura gubernamental y qué reparto de competencias serían los más adecuados. Pensaban, probablemente, que sus interlocutores, puestos en la tesitura de elegir en el último momento entre el acuerdo o la ruptura, con la posibilidad de nueva convocatoria electoral, se inclinarían a favor de un mal acuerdo como mal menor. Esas estrategias negociadoras han escalado el conflicto y han favorecido la competencia, intentando obtener ventajas desmedidas de las debilidades y necesidades de la otra parte.

Hay muchas razones para criticar el no acuerdo tras la no negociación. No sé si habrá otra oportunidad en septiembre; en cualquier caso, las izquierdas y la ciudadanía progresista han perdido una gran oportunidad. En septiembre, estaremos en otro escenario político, en la precampaña electoral permanente en la que nos han instalado desde hace cuatro o en una segunda sesión de investidura, con mucho veneno acumulado, que será mucho menos favorable a cualquier acuerdo progresista, incluido el de la última oferta del PSOE a Podemos (una vicepresidencia y tres ministerios de competencias dudosas y financiación escasa). Creo que lo lamentarán y que lo acabarán pagando la ciudadanía y los valores relacionados con la democracia, el respeto a los derechos humanos y la solidaridad con las personas y los grupos sociales más desfavorecidos y las fuerzas políticas progresistas y de izquierdas, que han dado un espectáculo lamentable. Las tres derechas ya se están relamiendo.

¿Qué se puede hacer ahora? Muy poco o nada. El mal ya está hecho. Y es visible en el veneno que destilan tertuliamos y redes sociales culpando a los otros, porque son lo peor de lo peor, siempre lo han sido y siempre lo serán.

Desgraciadamente, las familias y personas que no llegan a fin de mes ni pueden irse de vacaciones, un tercio de la población española que necesita con urgencia de ese posible gobierno progresista, son los verdaderos damnificados de este entuerto. Y tendrán que seguir viviendo en la cuerda floja de la precariedad y la imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas sin contar con el apoyo de la solidaridad organizada de la sociedad a través de las instituciones públicas. Una pena.

Sigo perplejo con el empecinamiento de Sánchez e Iglesias y con la pésima estrategia negociadora seguida por ambos

Nunca creí que Sánchez estiraría tanto de la cuerda de las negociaciones con Podemos, sin ofrecer nada a cambio del apoyo que solicitaba, como hizo el pasado día 22 en el debate de la sesión de investidura, mientras solicitaba la abstención de Cs y del PP con la intención de poner en evidencia la irresponsabilidad de la derecha por obligar al PSOE a pactar con Podemos. También me equivoqué con Iglesias, nunca pensé que llevaría la negociación al borde del abismo de unas nuevas elecciones generales, tras el inteligente movimiento táctico de renunciar a estar en el Consejo de Ministros, con la intención de poner en evidencia a Sánchez y lograr nuevas concesiones del PSOE en cuanto al número de ministerios o mayores competencias. Sigo perplejo con el empecinamiento de ambos y con la pésima estrategia negociadora seguida por ambos.

Tras la primera votación del pasado 23 de julio, esperaba que la aproximación al acantilado de la ruptura y el desolado paisaje que desde allí percibieran les haría recapacitar y aceptarían, ambos, un acuerdo insuficiente o alejado de sus expectativas. También me equivoqué, medí mal lo que puede dar de sí la irracionalidad política y la ilusión de tener controlados escenarios en los que prevalece la aventura.

Durante el debate de hoy, ambos líderes se han esforzado en culpar a su posible socio de la voladura de la negociación, buscando justificaciones y legitimación a su posición. Y eso, entre grandes aplausos de sus respectivas bancadas, que se disputaban ser los que aplaudía más fuerte y durante más rato. ¿Saben lo que han aplaudido con tanto ardor? Una ruptura que da la espalda al mandato democrático expresado por la ciudadanía el 28M. La ceguera que expresaban esos aplausos en el Congreso se replicaba y amplificaba en las redes sociales de forma inmediata por parte de sus respectivas aficiones que, más libres en la expresión de sus sentimientos, acentuaban el sectarismo y multiplicaban los insultos al equipo contrario.

La pugna del PSOE y Podemos por hacer que prevalezca sus particulares relatos profundizará las heridas y hará todavía más difícil la recomposición de unas relaciones cooperativas que son imprescindibles para que pueda haber en el futuro un gobierno progresista de coalición

No creo que sirva de mucho hacer una clasificación del grado de responsabilidad de uno y otro. Han seguido pésimas estrategias negociadoras, ambos. Han pretendido obtener más ventajas de las que la otra parte estaba dispuesta a conceder, ambos. Y siguen intentando, tras la ruptura, justificar su actuación y denigrar la de su socio preferente.

Han dejado pasar una oportunidad que quién sabe si se volverá a repetir y han fracasado, ambos, en el objetivo que les marcó la mayoría de los votantes el 28M. Ese es el terreno en el que se va a dirimir el reparto de culpas que haga la ciudadanía. Y no va a ser una tarea fácil para el PSOE ni, especialmente, para Podemos convencer de sus razones a la mayoría de sus votantes (no digo ya a la mayoría de la sociedad) si siguen cargando culpas y responsabilidades, exclusivamente, en la otra parte. La pugna del PSOE y Podemos por hacer que prevalezca sus particulares relatos profundizará las heridas y hará todavía más difícil la recomposición de unas relaciones cooperativas que son imprescindibles para que pueda haber en el futuro un gobierno progresista de coalición. La falta de cordura en ambas partes y su empecinamiento nos acercan a la posibilidad de unas nuevas elecciones generales y abre la puerta a un gobierno de coalición de las tres derechas o, en el mejor de los casos, a un escenario similar al actual. Lamentable. Punto y seguido o aparte. Ya veremos.

Contra los relatos de parte: balance apresurado de una negociación fallida