sábado 14.12.2019

El raro malestar de un antifranquista ante la exhumación de Franco

Franco ha sido desalojado, queda seguir peleando para enterrar al franquismo.

Comienza el minuto a minuto de la exhumación de Franco. El desenterramiento, traslado y vuelta a enterrar de los restos del dictador se ha convertido en un espectáculo. Tengo una extraña sensación. Está muy bien que por fin se lleven la momia y dejen el valle de Cuelgamuros un poco más limpio de residuos franquistas. Me da igual que Sánchez se ponga la medalla. No es eso lo que me impide alegrarme de una decisión que aplaudo. Pero un raro malestar impide que pueda sentirme satisfecho.

Puede ser la melancolía que me provoca volver a constatar que no fuimos capaces de tirar al franquismo y al dictador a la basura, en los años finales de la dictadura, cuando su régimen se tambaleaba y volvía a fusilar y asesinar en la calle para amedrentar a la resistencia democrática. Nos parecía posible entonces y al alcance de la mano la ruptura con toda aquella mierda. No lo fue.

Puede ser la amargura de reconocer que todo el impresionante y generoso esfuerzo de movilización popular durante la transición no logró limpiar, depurar responsabilidades personales y sancionar penalmente los muchos crímenes cometidos por la dictadura y sus servidores. Y por sus herederos, durante los primeros años de la transición, los gobiernos no democráticos de Arias Navarro y Suarez que, al igual que Juan Carlos de Borbón, juraron los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional y se sostuvieron en los pilares legales, represivos e institucionales de la dictadura hasta la aprobación de la Constitución de 1978.

Puede ser el encontronazo con la realidad de una democracia y una sociedad que, a partir de 1978, durante cuatro décadas, olvidaron sus obligaciones con las víctimas del franquismo, familiares y allegados. Y ahora, un tanto aturdidos, vemos como retoñan los restos ideológicos del franquismo y campan a sus anchas en un partido heredero del franquismo que cobijó a muchos ministros y responsables del régimen franquista y en un nuevo retoño desgajado del PP para agrupar a una extrema derecha nostálgica del franquismo.

Las derechas postfranquistas crecen electoralmente e inoculan en una parte significativa de la ciudadanía su españolismo excluyente, amenazador y autoritario

El malestar proviene también de comprobar cómo, aprovechando el aire que han calentado la sentencia del Tribunal Supremo y las hogueras de las calles de Barcelona, las derechas postfranquistas crecen electoralmente e inoculan en una parte significativa de la ciudadanía su españolismo excluyente, amenazador y autoritario.

Y todo ello, en medio de una campaña electoral tóxica y unas elecciones que nunca debieron repetirse y nos pueden llevar al desastre, de la mano de unos irresponsables e incapaces líderes políticos que siguen sin percibir las reiteradas señales de peligro de una victoria electoral de las tres derechas o, alternativamente, de una Gran Coalición que intentará restaurar un bipartidismo imposible de recomponer o, más probablemente, de un Gobierno en solitario de un PSOE débil, dividido y desprestigiado que dependerá de la abstención del PP y se verá impelido a realizar la política que la derecha pretende.

Será por todo eso por lo que aplaudo la decisión, sin que el espectáculo me produzca satisfacción o contento. Franco ha sido desalojado, queda seguir peleando para enterrar al franquismo.

Verdad, Memoria, Reparación, Justicia.

PD.: El prior y los monjes benedictinos que custodiaban al dictador, rezaban por él y se han resistido estas últimas semanas a cumplir la ley, pretenden seguir viviendo del presupuesto público y afeando la sierra de Guadarrama. Ya no pintan nada en el valle de Cuelgamuros. ¡Que se vayan!

El raro malestar de un antifranquista ante la exhumación de Franco