sábado 19.10.2019

El paso a la gran coalición exige el sacrificio de Schulz

El SPD necesita reconstruirse, redefinir unas señas de identidad y precisar su misión. No puede seguir siendo o dando la impresión de ser comparsa o un partido auxiliar de la derecha alemana

Las críticas a Merkel y Schulz en el seno de sus respectivos partidos arrecian a propósito del acuerdo de coalición alcanzado por ambos. Hace unos días, Schulz tuvo que renunciar a entrar en el nuevo gobierno de Merkel para no ofrecer munición a los detractores que en su propio partido (SPD) se oponen a la gran coalición. Poco después, el 13 de febrero, Schulz dimitió de la presidencia del partido socialdemócrata. El apoyo del SPD a un gobierno de coalición presidido por Merkel ha exigido el sacrificio de Schulz. La cosa debe estar más difícil de lo que parecía.

No creo que la sangre llegue al río. Finalmente, democristianos (a finales de febrero) y socialdemócratas (a principios de marzo) aceptarán, probablemente, la gran coalición como un mal menor.

Schulz intentó, en un último gesto de poder, dejar atada su sucesión al frente del SPD. Pretendió que la futura ministra de Asuntos Exteriores en el próximo gobierno de Merkel, Andrea Nahles, actual presidenta del grupo parlamentario del SPD en el Bundestag, le sustituyera al frente del partido y garantizara el éxito de la campaña contra los que en el interior del SPD se oponen a participar en otro gobierno presidido por Merkel. El rechazo a ese relevo tutelado ha crispado aún más la división interna en el SPD. Finalmente, la dirección del SPD ha considerado más prudente que sea el actual alcalde de Hamburgo y futuro ministro de Finanzas de Merkel, Olaf Scholz, el que actúe como presidente interino, hasta que el Congreso previsto para el 22 de abril, en Wiesbaden, proclame directamente, sin ningún tipo de tutela, a Andrea Nahles como nueva presidenta del SPD y sin que su elección tenga o parezca tener vinculación con la decisión de un dirigente amortizado. Schulz se ha visto obligado a apartarse y sufrir un humillante final en su carrera política. Su sustituto accidental, Scholz, garantiza en igual medida que Nahles una potente campaña interna a favor del acuerdo de coalición con la derecha conservadora que facilitará la continuidad de Merkel como presidenta del gobierno. Tanto a Nahles como a Scholz les va en esa campaña interna sus futuras carteras ministeriales y su futuro político.

El SPD necesita reconstruirse, redefinir unas señas de identidad y precisar su misión. No puede seguir siendo o dando la impresión de ser comparsa o un partido auxiliar de la derecha alemana. Va a ser muy difícil hacer esa renovación desde un gobierno de gran coalición en el que la socialdemocracia alemana aparecerá diluida y subordinada a la potente maquinaria democristiana. Y el momento es pésimo. Con el peor resultado electoral de los socialdemócratas desde 1949, apenas un 20,5% de los votos en las últimas elecciones federales de septiembre de 2017, fuerte división interna, desorientación ideológica y, según todos los sondeos de opinión realizados en las últimas semanas, una pérdida continua de apoyos. Y lo peor es que su retroceso sigue engordando a la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) que ya está muy cerca de arrebatar al SPD la segunda posición en la intención de voto y emergería como principal partido de la oposición.

El problema, el gran problema es que los opositores dentro del SPD a la gran coalición con Merkel no ofrecen una alternativa pasable o menos mala. Quedarse en la oposición, frente a un gobierno minoritario de Merkel podría ser positivo, siempre que fueran capaces de explicar qué intentarían hacer, cómo y con quién.

En la oposición, el SPD perdería capacidad de influir de forma directa en los cambios necesarios de política económica y en materia institucional que requieren la eurozona y la propia Alemania en un momento crucial para el futuro de Europa. Fuera del gobierno, la socialdemocracia alemana no dispondría del aceite imprescindible que le permitiría, a falta de un programa propio, engrasar la maquinaria partidista, facilitar cierto grado de cohesión interna y atraer a sus filas a una franja de profesionales y técnicos que sin el aliciente de participar en el ejercicio del poder se desinteresarían de la suerte del SPD. Y dejaría en manos exclusivas de Merkel la elección del momento adecuado para convocar elecciones anticipadas y dar la puntilla a un SPD dividido y cada vez más distante de una parte muy importante de su antigua base electoral. ¿Ofrecen algo más que buenos deseos e incertidumbre los que pretenden renovar al SPD y sus señas de identidad desde la alianza con Merkel o desde la oposición? Las dudas son más que razonables. La respuesta estará disponible el próximo 4 de marzo, cuando se conozca la decisión de las 464.000 personas que podrán votar en los días previos a favor o en contra del acuerdo de coalición firmado por los dirigentes socialdemócratas. Veremos.

El paso a la gran coalición exige el sacrificio de Schulz