domingo 20.10.2019

Y menos mal que nos queda Portugal

Durante los últimos meses, Portugal ha sido una referencia constante en el debate político que ha acompañado los desencuentros entre PSOE y UP para la formación de una fallida coalición gubernamental o, en su defecto, un acuerdo programático de legislatura también fracasado. La disputa quedó en tablas, perdieron las dos partes y la ciudadanía, que se vio embarcada en una nueva e irresponsable convocatoria electoral que, además de suscitar un rechazo generalizado entre la ciudadanía, proporciona aire y nuevas opciones a las tres derechas para constituir un gobierno de regreso a las duras políticas de austeridad, recortes, privatización y devaluación salarial.

El próximo domingo, 6 de octubre, se celebran nuevas elecciones legislativas en Portugal y podremos comprobar hasta qué punto el pueblo portugués respalda el modelo de cooperación entre las fuerzas progresistas y de izquierdas acordado en 2015

Y junto a esa vuelta a unas políticas económicas reaccionarias, la actualización de un nacionalismo españolista excluyente que no duda en utilizar la razón de la fuerza contra el independentismo catalán para obtener réditos electorales y cerrar vías de diálogo que permitan la convivencia y la búsqueda conjunta de una salida democrática y legal.

El próximo domingo, 6 de octubre, se celebran nuevas elecciones legislativas en Portugal y podremos comprobar hasta qué punto el pueblo portugués respalda el modelo de cooperación entre las fuerzas progresistas y de izquierdas acordado en 2015 y cómo queda la relación de fuerzas electorales entre izquierdas y derechas y en el seno de las izquierdas. También veremos, como última derivada, qué influencia tienen los votos portugueses en nuestra campaña electoral del 10N.

El acuerdo entre las fuerzas progresistas y de izquierdas portuguesas se plasmó en un pacto programático que ha sustentado durante cuatro años al Gobierno del Partido Socialista presidido por Costa y ha logrado sortear parte de la estrategia de austeridad impuesta por las instituciones comunitarias a los países de la periferia de la eurozona con claros problemas de insolvencia en sus cuentas públicas y exteriores. Un pacto que abrió una nueva puerta para la aplicación de políticas progresistas que la estrepitosa derrota del modelo griego de disputa frontal con las instituciones europeas había cerrado.

El modelo portugués de pacto de legislatura entre los partidos progresistas y de izquierdas para dar apoyo a un Gobierno en minoría del Partido Socialista (32,3% de los votos, 86 escaños de un total de 230, en 2015) demostró dos cuestiones importantes:

Primera. Se han podido compatibilizar las políticas destinadas a conseguir el equilibrio de las cuentas exteriores y la consolidación presupuestaria (aceptando los límites impuestos al déficit público por la estrategia de austeridad) con medidas destinadas a frenar las políticas de recortes, privatización y devaluación y mejorar la vida de las clases trabajadoras y la mayoría social.

Segunda. Es posible una cooperación a medio plazo entre las fuerzas políticas progresistas que permita garantizar la gobernabilidad y mantener sus perfiles propios y las naturales disputas ideológicas y políticas sin poner en cuestión el apoyo a un gobierno de progreso, la vigilancia conjunta de las medidas acordadas o la libertad de acción política en los temas no pactados.

Envidiable, ¿no? Las fuerzas de izquierda portuguesas también podrían haber optado por un bloqueo político o por la cesión del gobierno a la opción más votada, la alianza de la derecha,“Portugal al Frente”, que logró en 2015 un 38,6% de los votos y 107 escaños, pero prefirieron realizar el experimento inédito de un muy complejo acuerdo político en el que las dos fuerzas de izquierdas con una larga y dura historia de confrontación con la socialdemocracia pactaron con el PS y le dieron su apoyo para constituir un gobierno monocolor socialista. Los votos del Bloque de Izquierda (BE), 10,2% de los votos y 19 escaños, y de la Coalición Democrática Unitaria (CDU), vertebrada por el PCP, 8,25% de los votos y 17 escaños, respaldaron la constitución de un Gobierno del PS presidido por António Costa. Y así, hasta ahora. Una historia no exenta de diferencias y conflictos que no han impedido mantener una posición responsable con la estabilidad y los acuerdos firmados.

Los últimos sondeos electorales de Intercampus (en Jornal de Notícias, 3 de octubre) y Pitagórica (media publicada en Correio de Manhã, 4 de octubre) confirman la victoria electoral de las fuerzas progresistas y el declive de los dos partidos de la derecha (PSD y CDS-PP), que en esta ocasión se presentan por separado.El domingo conoceremos los resultados electorales y el alcance de esa victoria.

A expensas de ese resultado definitivo, los sondeos muestran que las izquierdas cuando cooperan ganan, porque la sociedad devuelve en forma de votos las políticas de rescate y protección social que aplican. Puede ser, así lo indican las encuestas, que tanto el BE como la CDU pierdan algunos votos, mientras que el PS los gane. Sin duda, es un problema que las izquierdas pierdan posiciones y votos a favor del centroizquierda y socio mayor, el PS; pero es un problema menor, tanto porque sería un pequeño retroceso en votos que se compensaría con el avance del PS como porque se consolidan el retroceso de las derechas y el desprestigio de las políticas de austeridad y los duros ajustes antipopulares aplicados antes por la derecha.

Por otro lado, no parece evidente que el avance electoral del PS se hubiera podido evitar facilitando un gobierno de derechas y tratando de alentar después una oposición dura. La tarea no era ni puede ser la de aumentar los niveles de confrontación entre las fuerzas progresistas y de izquierdas. Se trata, más bien, de proseguir la pugna por la hegemonía en un contexto creíble de cooperación a medio plazo que consolide el rechazo a las políticas de insolidaridad al servicio de las grandes empresas y las elites que llevan a cabo las derechas y que evidencie que se pueden aplicar políticas que protejan de modo efectivo a la mayoría social, amplíen derechos y libertades, combatan la corrupción y modernicen estructuras y especializaciones productivas.

Tras el 6 de octubre, lo más probable es que los actuales pactos de legislatura se renueven y se plasmen en nuevos objetivos y políticas progresistas. Pero también es posible que se alcancen otras fórmulas de cooperación, sea porque el PS obtenga una mayoría suficiente o porque los pactos de legislatura puedan escalar hacia un nuevo escenario de coalición gubernamental del PS con las dos fuerzas de izquierdas o con alguna de ellas. Las puertas están abiertas a las tres posibilidades. Veremos.

En todo caso, la cooperación entre las fuerzas progresistas y de izquierdas ha demostrado su gran potencial y su capacidad de realizar reformas y tomar medidas que benefician a la mayoría social y revierten en hegemonía y ampliación de los apoyos sociales y electorales a favor del acuerdo entre las fuerzas progresistas y de izquierdas.

En España, el panorama es más intrincado y resulta más complicado inclinarse,en abstracto o de entrada, por una fórmula determinada de cooperación entre las fuerzas progresistas. Los argumentos que se han barajado hasta ahora a favor de un programa común o una coalición gubernamental están más vinculados a estrechas lógicas partidistas que a un análisis templado de las fuerzas en presencia y de las posibilidades y restricciones para llegar a un acuerdo. Lo que parece claro es que la cooperación desarrollada en Portugal es infinitamente más útil que la estéril disputa protagonizada por Iglesias y Sánchez, que ha desembocado,por la suma de errores y falta de contención de las partes involucradas,en bloqueo político y unas nuevas elecciones que brindan una nueva e irresponsable oportunidad a las derechas.

“Menos mal que nos queda Portugal” fue el tercer álbum grabado por Siniestro Total en 1984, pero es también algo más que una ocurrencia humorística o un mítico y rompedor vinilo. La cooperación entre las tres grandes fuerzas progresistas y de izquierdas portuguesas nos ofrece un estupendo ejemplo de buenas prácticas políticas del que convendría tomar nota. Sirve también de consejo premonitorio para una campaña electoral cargada de toxicidad y malas maneras en la que, si finalmente los resultados del 10N favorecen la constitución de un gobierno progresista, el diálogo, las cesiones y los acuerdos entre PSOE, UP y Más País serán imprescindibles. Recuérdenlo, cuando se les calienten las meninges o la boca.

Termino copiando la letra que iniciaba una estrofa de una canción de aquel disco:

“Y menos mal que nos queda Portugal. Ante todo, mucha calma y a capear el temporal”.

Por si alguien es capaz de aprender algo, reconocer errores propios y rectificar.

Y menos mal que nos queda Portugal