martes 16.07.2019

De Madrid Central y las políticas progresistas

Hace falta calma, responsabilidad cabeza y unidad para revalidar lo que está siendo una buena gestión en las próximas elecciones de mayo y extenderla a la Comunidad de Madrid

Pasa con frecuencia, la ideología resulta un impedimento para ver la realidad. Una parte del comercio madrileño (organizada para la ocasión en la Plataforma de Afectados por Madrid Central) consideró que las limitaciones al acceso de automóviles al corazón de la capital, bautizado como “Madrid Central”, dañaría sus intereses y perjudicaría su facturación. Y todavía hoy, tras hacer caja, se sigue quejando.

Los partidos PP y Cs que sostienen al Gobierno de la Comunidad de Madrid y dan cobertura y alientan esas quejas, insistían y siguen insistiendo que el Ayuntamiento de Madrid y la candidatura electoral progresista que sostiene al Consistorio municipal que preside Manuela Carmena pretendían estrangular el comercio local con medidas talibanes o de extrema izquierda contrarias al uso del automóvil y a los derechos de la ciudadanía madrileña a trasladarse en sus coches particulares al centro de Madrid y, se supone, montar atascos, contaminar, hacer irrespirable el aire de Madrid y provocar externalidades mil en forma de ruidos, alergias, enfermedades respiratorias, etc. La guerra declarada por la derecha a Madrid Central no sólo se ha concretado en agitación y en difusión de mentiras e infundios, el Gobierno de la Comunidad ha hecho todo lo posible para entorpecer el uso del trasporte público, limitando la frecuencia y la capacidad del Metro, tratando así de dificultar la movilidad de los madrileños y contribuir al descrédito y la impopularidad de la gestión progresista del Ayuntamiento de Carmena.

La realidad es tozuda y capaz, casi siempre, de deshacer los entuertos, falsas visiones, tonterías y argumentos inconsistentes. El diario francés Les Echos acaba de publicar, ayer miércoles, 23 de enero, un artículo sobre los impactos económicos de Madrid Central que deja meridianamente claro lo sucedido: las compras realizadas en los comercios ubicados en el centro de Madrid durante las pasadas fiestas navideñas (entre el 1 de diciembre de 2018 y el 9 de enero de 2019) aumentaron en un 8,6% en relación al mismo periodo del año pasado. En el resto de la ciudad de Madrid, las compras también han aumentado, pero en un porcentaje inferior, del 3,3%. Los datos provienen de un estudio realizado por el BBVA (sobre 20 millones de transacciones pagadas con tarjetas emitidas por el propio banco) y son precisos, poco cuestionables, aunque no abarquen toda la realidad del consumo familiar, y pueden utilizarse como imagen fiel de lo sucedido.

La información sobre el aumento de las ventas del comercio situado en el área de Madrid Central tiene la virtud de esclarecer varias cuestiones de importancia:

1ª. Deja en evidencia los intereses políticos que hay detrás de esa agitación partidista de las derechas y su correa de transmisión, la Plataforma de Afectados por Madrid Central, cuando aseguraban que las ventas habían bajado en un 14,8% (según un sondeo realizado a 350 comercios, del que se desconoce la ficha técnica, si es que existe, realizado por la propia Plataforma de Afectados). Ese retroceso supondría, de ser cierto, volver al peor nivel de ventas de los peores años de la crisis. Difícilmente podrán seguir utilizando esa cifra sin sonrojarse y sin acumular descrédito.

2ª. El aumento de las ventas en un 8,6% no puede ser atribuido en exclusiva a la puesta en marcha del Madrid Central, pero parece evidente que una parte de ese diferencial del crecimiento respecto al incremento de las ventas en un 3,3% logrado por el comercio del resto de la ciudad, es mérito de Madrid Central.

3ª. La demanda de los hogares madrileños es uno de los factores que promueve un nivel de crecimiento de la actividad económica relativamente alto, alrededor del 3% anual, desde 2015. La reactivación de la economía en estos últimos años, tras la segunda recesión que se extiende entre 2011 y 2013, se sustenta entre otros factores en el aumento de la demanda de los hogares. Por mucho que se trate de un crecimiento no inclusivo, que en gran parte ha sido absorbido por las rentas del capital y por una pequeña franja de las rentas del trabajo más elevadas, relacionadas con empleos de mayor cualificación en actividades más abiertas a la competencia externa y mejor conectadas con el mercado global. Y por mucho que ese crecimiento se haya sustentado en políticas de austeridad y devaluación salarial que han generado también grandes bolsas de pobreza y riesgos de exclusión social que han incrementado la desigualdad y promovido unas estructuras y especializaciones productivas que requieren, en mayor medida que en el pasado, empleos precarios de baja cualificación, mal remunerados y con escasos derechos. El cambio también tiene que llegar a los temas estructurales.

4ª. Madrid tiene un aire más limpio y saludable con mínimos perjuicios para la inmensa mayoría de la ciudadanía madrileña, incluidos los comerciantes de la zona centro. El nuevo Madrid Central ha sido un estímulo añadido para atraer turistas y madrileños de la periferia que quieren ver directamente y pasear por la Gran Vía, de Cibeles a Plaza España o por el Madrid de los Austrias y comprobar un Madrid recuperado para los peatones. Sin las zancadillas del PP y Cs, las ventajas de la nueva situación serían aún mayores e impactarían con mayor intensidad en la mejora de la movilidad y en la reducción de los ruidos, los malos humos y, probablemente, el mal humor.

Convendría que el Ayuntamiento del cambio que preside Carmena tuviera en consideración dos pequeños problemas asociados al éxito de Madrid Central para intentar atajarlos o disminuir sus efectos: Madrid Central es un factor de atracción para realizar las compras en el centro de Madrid, por lo que alienta un consumismo poco responsable y contribuye a la pérdida del tejido empresarial que representa el pequeño comercio de los barrios y la mayoría de los distritos madrileños. Haría falta diseñar y aplicar acciones políticas encaminadas a promover un consumo menos impulsivo, con una mayor preocupación por sus impactos negativos, y a sostener ese tejido empresarial de cercanía y compensar la tendencia espontánea a que el gran comercio del centro de Madrid aumente su cuota de mercado y consolide su posición de ventaja en la competencia con el pequeño comercio periférico, contribuyendo a su desaparición.

Las fuerzas progresistas y de izquierdas madrileñas han demostrado tener los mimbres, las ideas y la voluntad para hacer políticas progresistas al servicio de la mayoría social desde el Ayuntamiento de Madrid. Ahora, solo hace falta la calma, la responsabilidad, la cabeza y la unidad necesarias para revalidar su buena gestión en las próximas elecciones de mayo y extenderla a la Comunidad de Madrid.   

De Madrid Central y las políticas progresistas