viernes 19.07.2019

La lenta gestión y digestión del resultado electoral del 28A

Había que esperar a que fraguaran las alianzas en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas. La victoria electoral del PSOE en las pasadas elecciones generales del 28 de abril, en unos días hará dos meses, se conjugaba con un bloque de las tres derechas que logró tantos votos (11,2 millones) como las dos opciones progresistas de ámbito estatal. Y con un tercer actor, conformado por los nacionalismos vasco y catalán que, con 2,2 millones de votos, se siente con fuerzas y condiciones suficientes para resistir la presión del nacionalismo español excluyente e impositivo que alientan las tres derechas y para conseguir mayores competencias, reconocimiento y capacidad de decisión. Ya se han concretado las alianzas en la mayoría de Ayuntamientos y CCAA, a la espera de cerrar algunos expedientes aún abiertos. Sin embargo, las conversaciones para conseguir una mayoría suficiente para convertir a Sánchez en el próximo presidente del Gobierno de España siguen un ritmo muy lento que indican las dificultades y obstáculos que siguen pendientes y, quizás, una estrategia consciente por parte de Sánchez para ablandar a posibles socios y desgastar y dividir a sus rivales.  

Las opciones que están encima de la mesa son sólo tres: un Gobierno de coalición (con UP dentro del Consejo de Ministros), un Gobierno de cooperación (sin ministros de UP) o, los dioses no lo permitan, nuevas elecciones generales

Me gusta la idea de un Gobierno de coalición entre PSOE y UP. ¿Creo que pueda darse? No, me parece altamente improbable, porque no suman una mayoría de escaños suficiente y, sobre todo, porque Sánchez tiene otros planes, además de legítimos intereses partidistas. En política, como en la vida, es importante diferenciar lo que nos gusta de lo posible, el principio de realidad y el principio de deseo. Lo previsible es un Gobierno de cooperación, afianzando la experiencia de la moción de censura a Rajoy y del primer y muy corto Gobierno Sánchez, lo que implicaría mayores niveles de colaboración, objetivos compartidos y confianza mutua, factores que serían compatibles con dosis controladas de diferenciación y competencia.

La convocatoria de nuevas elecciones sería una locura, por lo que habría que descartarla; aunque no dejo de pensar que existen muchos ejemplos previos de comportamientos poco o nada racionales en nuestra clase política. Ya veremos en qué queda la actual pugna por hacer realidad o desbaratar las posibilidades de un Gobierno de coalición entre PSOE y UP. Me limitaré en lo que sigue a reflejar un hecho curioso que se refiere a la muy diferente forma en que Sánchez y el PSOE están gestionando su victoria electoral y cómo los otros cuatro grandes partidos de ámbito estatal están interiorizando y gestionando sus derrotas.

En las elecciones generales del 28A, al igual que en el resto de citas electorales celebradas el 28M, sólo ha habido un ganador, el PSOE, en el conjunto de España y con holgura; aunque también pueden considerarse ganadoras en sus respectivas Comunidades Autónoma las listas nacionalistas catalanas y vascas. Se pesen como se pesen los resultados electorales, esos son los ganadores; mientras el resto, PP, Cs, UP y VOX han sufrido duras derrotas. Como es natural, los derrotados han tratado de maquillar sus malos resultados, mediante coaliciones de perdedores que han logrado plantar sus reales en algunos Ayuntamientos y Comunidades Autónomas de alto valor simbólico, como Pamplona o Madrid, así lo ha hecho las tres derechas, o presionando a Sánchez para lograr un papel en el próximo Gobierno socialista que compense su retroceso electoral con una mayor presencia e influencia institucional en el poder ejecutivo central, en el caso de UP. En sentido contrario, Sánchez está añadiendo suspense al juego de los pactos para lograr su investidura y trata de maquillar su éxito electoral para lograr una posición lo más centrada y sin ataduras posible que le permita conjugar en la próxima legislatura la máxima libertad de movimientos con una imprescindible y deseada estabilidad. De rebote, esa posición centrada le permitiría a Sánchez conseguir el sueño de cualquier gobernante: tejer alianzas específicas para cada tema a debate e iniciativa gubernamental; lo que, además, miel sobre hojuelas, le proporcionaría una alta capacidad de fuego para desgastar y dividir a sus competidores, tanto a su izquierda como a su derecha.

PP y Vox han maquillado relativamente bien sus resultados electorales, saben que han sido malos y se han esforzado en conseguir contrapesar su fracaso con algunos éxitos; Cs, en cambio, parece no haberse dado por enterado de su gran fiasco, sigue empeñado en mantener su estrategia de lograr la hegemonía en el bloque de las tres derechas, aún a costa de avalar la entrada de la extrema derecha neofranquista en las instituciones, y se ha echado encima tantos coloretes, son los más españolistas, liberales, constitucionalistas, antinacionalistas, antisocialistas, anti-Sánchez…, que han terminado siendo irreconocibles para el ala más liberal y centrista de sus votantes.

UP, por su parte, persiste en su intención de ser determinantes y condicionar la gestión que pueda hacer el PSOE desde el Gobierno de España, sin percatarse todavía de que su capacidad de persuasión y presión sobre el PSOE y Sánchez es muy limitada. Iglesias tendría en sus manos una opción mucho más inteligente y realista que podría ahorrar frustraciones futuras a las que ya acumula su electorado. Iglesias podría diversificar su juego en la negociación con Sánchez, sin renunciar a nada, tampoco al Gobierno de coalición, sabiendo que puede obtener buenas bazas y triunfos consolidando y ampliando el alcance de la cooperación que le brinda Sánchez. Veo demasiada ansiedad en ese empecinamiento en una opción, la de la coalición gubernamental, con tan pocas posibilidades de pasar de las musas al teatro y con tanta capacidad de generar melancolía entre militantes y votantes de UP si, finalmente, no la logra. Bien jugadas las malas cartas que le han dado a Iglesias sus votantes tendría mucho que ganar y minimizaría pérdidas. El tiempo, espero que no se alargue en demasía, dirá. La mayoría social reclama y aplaudiría un pronto compromiso entre las fuerzas progresistas para la puesta en marcha de un Gobierno progresista, preocupado por mejorar la convivencia y la situación de la mayoría social. Las diferencias en los intereses partidistas y los objetivos de PSOE y UP o su legítima y comprensible competencia no tendrían que impedir su colaboración ni justificarían que acabaran ofreciendo más espacio y nuevas oportunidades a las tres derechas y sus reaccionarias políticas.

La lenta gestión y digestión del resultado electoral del 28A