#TEMP
sábado. 02.07.2022

La izquierda en las nubes

Las elecciones presidenciales francesas decidirán si Europa cambia el rumbo o sigue avanzando hacia la desintegración.

franciaelecciones

Algo va muy mal en Francia para que Le Pen tenga un puesto asegurado, con una probabilidad del 93% para convertirse en una de los dos candidatos en la segunda vuelta

En Francia se condensa la historia de la Europa moderna. Así es desde 1789. Allí comenzó el fin del Antiguo Régimen y se pusieron las bases de la soberanía popular, los derechos humanos, la democracia y la izquierda política. Y en Francia se vuelve a jugar hoy el futuro de Europa.

Las elecciones presidenciales que el próximo 23 de abril, en primera vuelta, y el 7 de mayo, en la segunda y definitiva, decidirán si Europa y la eurozona cambian el rumbo o siguen avanzando hacia la desintegración. Sí, también hay otros hechos de importancia que contribuirán a perfilar ese incierto futuro. Lo que pase en las elecciones generales de Holanda en marzo, por ejemplo. Y lo que ocurra en Italia, si se adelantan las elecciones. O en el calvario que sufre Grecia en manos de un implacable Schäuble que insiste en no ofrecer ninguna solución a la catástrofe que hunde cada día un poco más a la economía y al pueblo griegos y vuelve a señalar al Gobierno de Syriza la puerta de salida de la eurozona y la Unión Europea. Pero Francia será el gran escenario que inclinará la balanza a favor del abismo o por una lenta y triste continuidad de la degradación en la que está inmersa Europa. Aún así, todavía hay algunas grietas que permiten soñar con una izquierda que deje de estar en las nubes, baje al nivel en el que se disputan realmente los intereses de la mayoría y se decida a utilizar la fuerza política disponible para iniciar una nueva andadura que deje atrás su inoperancia o, en otros casos, su subordinación a las estrategias y políticas que han impuesto la derecha y el poder económico.

The Economist publicó el pasado 24 de febrero una encuesta sobre la intención de voto del electorado francés de cara a las elecciones presidenciales. Algo va muy mal en Francia para que Le Pen tenga un puesto asegurado, con una probabilidad del 93% para convertirse en una de los dos candidatos en la segunda vuelta, en la que tendrá como contrincante a Macron, con una probabilidad del 51% para el candidato centrista que formó parte del Gobierno de Hollande, o a Fillon, con una probabilidad algo menor, de un 46%, cuya evolución dependerá en gran medida del desenlace del cerco judicial que afecta desde hace semanas al candidato derechista por los escándalos de desvío de fondos públicos, tráfico de influencias y corrupción.

¿Y la izquierda? Pues eso es lo peor, Hamon (líder de una de las principales corrientes de izquierda de los socialistas franceses) y Mélenchon (que agrupa a gran parte de la izquierda radical) tienen mínimas probabilidades de pasar a la segunda vuelta (7% y 2%, respectivamente) a pesar de sumar casi tantos apoyos como Le Pen (24,7% frente al 26,1%). Unidos, podrían dejar de vagar por los márgenes del escenario político, vencer a la candidata ultraderechista y abrir un nuevo rumbo de solidaridad y cooperación para Europa, haciendo de contrapeso a las políticas de austeridad, fragmentación y xenofobia que ha propiciado la hegemonía alemana. Algo va muy mal en la izquierda cuando sigue encariñada con sus papeles secundarios y antepone supuestos intereses particulares a la búsqueda de una posible alternativa de la mayoría social contra las medidas xenófobas, antieuropeístas y antidemocráticas que defiende Le Pen o frente a la continuidad de injustas y fracasadas políticas de austeridad fiscal, presión sobre los costes laborales y aliento de los beneficios empresariales que seguirán aplicando Macron o Fillon.

Hasta estos lodos nos han llevado las políticas de austeridad y rigidez presupuestaria impuestas por la derecha alemana con la impagable colaboración de una buena parte de la socialdemocracia que sigue siendo incapaz de proponer alternativas a las políticas que aplica la derecha.

La encuesta dada a conocer por The Economist refleja que Le Pen tiene escasas posibilidades de convertirse en la próxima presidenta de la República Francesa. Frente a Macron lograría un 40% de los votos en la segunda vuelta y frente a Fillon, un 42%. No obstante, tras el Brexit y el triunfo de Trump resulta evidente que las encuestas no reflejan bien el sentir de una parte importante de la población que no parece estar bien representada en las muestras o esconde sus preferencias de voto. Le Pen sonríe y se muestra cauta en sus declaraciones y movimientos políticos. 

¿Les suena la música que están tocando las fuerzas progresistas y de izquierdas en Francia? Sí, algo parecido ha ocurrido aquí con unas izquierdas que piensan más en arrinconar a sus rivales cercanos, agrupar  a su tropa y marcar su territorio con consignas e ideología casi siempre vacías de contenido que en abrirse a la sociedad. Y así es imposible sintonizar con los miedos, deseos y exigencias de la mayoría y llegar a acuerdos políticos que permitan desalojar de las instituciones a una derecha corrupta que sigue empeñada en sacar provecho de la crisis a costa de contener los salarios, minimizar bienes públicos y protección social y recortar derechos y libertades. Ya lo estamos lamentando.

La izquierda en las nubes