jueves 26/11/20

Europa en la campaña electoral del 26J

Los vi el pasado domingo, 12 de junio. Y volví a escucharlos al día siguiente. Líderes políticos debatiendo en televisión. En un formato nuevo, a cuatro bandas, no demasiado exigente con los intervinientes. Preguntas previsibles. Trifulcas esporádicas orientadas a resaltar diferencias para que no pasen inadvertidas.

Estamos en campaña electoral, se buscan emociones, zascas memorables o la evanescente confianza que puede proporcionar un debate televisivo. Sería conveniente demandar a los candidatos argumentos y posiciones con cierto grado de definición. Y que cada potencial votante se reserve un pequeño espacio para cultivar un espíritu crítico que le permita evitar los delirios que impiden a personas entusiastas o ilusionadas en exceso detectar tonterías, ocurrencias o salidas de tono de los líderes con los que simpatizan.

A los economistas se les preguntó por Europa. ¿Cómo encaja esta Europa en sus propuestas electorales? ¿Cómo van a sortear la prolongación de los recortes que exigirá al nuevo Gobierno de España? Contestaron como si no hubieran escuchado. Como si  la Unión Europea no existiera o no tuviera ninguna responsabilidad sobre lo que está pasando en los 28 Estados miembros. Solo la insidiosa pregunta de Sevilla a Garzón sobre si el cambio de modelo productivo que pretendía impulsar era compatible con el euro, desnudó el problema y lo puso a la vista de todos. Y más aún la maliciosa respuesta del propio Sevilla, confundiendo a propósito una resolución del PCE con el programa de Unidos Podemos y dictaminando la incompatibilidad entre las propuestas que defendía Garzón y la permanencia en el euro. Garzón salió del embrollo como pudo. Regular. Los malos pasos como las malas resoluciones originan estos atolladeros. Todo un aviso para lo que resta de campaña. Parece necesario que Unidos Podemos se distancie con claridad de los que defienden la salida del euro como solución a los problemas de la economía española. No solo para ganar credibilidad entre la mayoría de los votantes, también para poder acordar un programa de cambio que permita una coalición gubernamental entre PSOE y Unidos Podemos.

Dos conclusiones del debate entre economistas: primera, en economía la mejor manera de mentir es utilizar datos asociados a conceptos metodológicos indefinidos; segunda, De Guindos tiene la cara de hormigón y no mueve ni un músculo cuando miente y tortura los datos para intentar mostrar lo contrario de lo que indican.   

Al día siguiente, fue el turno de los cuatro líderes que aspiran a la presidencia del Gobierno. Todo marchaba como era previsible, hasta que apareció el tema de la corrupción y el debate se tornó más bronco. Europa no salió a relucir durante el debate de los problemas económicos, como si parte de nuestra soberanía y capacidad de decisión no estuviera cedida a instituciones comunes. Como si los problemas y las decisiones de las instituciones europeas fueran daños colaterales que no tienen remedio, en lugar de componentes esenciales a tener en cuenta en cualquier alternativa. Se mencionó numerosas veces el caso de Grecia como amenaza contra la ciudadanía española. En el colmo del cinismo, Grecia y el pueblo griego que han sido las víctimas de la crueldad de la Troika pasaron a convertirse en victimarios, culpables de los extremistas recortes y el empobrecimiento que han sufrido.    

Tres momentos de este debate entre los principales líderes políticos: primero, otra vez Venezuela en la boca de Rivera como elemento de distorsión y ejemplo de marrullería; segundo, la enorme dificultad de PSOE y Ciudadanos para esconder la puerta que dejan abierta a pactar con el PP el próximo Gobierno; tercero, Rivera acusa a Podemos de pretender la salida del euro y la acusación se queda sin respuesta.

Europa tiene un peso determinante en el diseño y la aplicación de las políticas de recortes, austeridad y devaluación salarial que está aplicando España desde mayo de 2010. Y seguirá teniendo una notable influencia en las restricciones que deberá soportar y sortear un Gobierno del cambio si el próximo 26 de junio los votos ofrecen alguna posibilidad a un acuerdo gubernamental entre PSOE y Unidos Podemos. También es posible que el PSOE utilice los votos que reciba para convertirse en el cooperador necesario de un Gobierno de continuidad, comandado por el PP, presto a cumplir con los nuevos recortes que reclama Bruselas y a correr un tranquilizador velo sobre la corrupción.

En todo caso, Europa es una cuestión mayor de nuestro discurrir como Estado y como sociedad. Pero ocupa un espacio marginal entre los temas menores de esta campaña electoral. Hasta tal punto que Venezuela concentró hace un par de semanas la preocupación internacional de líderes políticos y medios de comunicación. ¿Alguien cree que el Gobierno de Maduro o los líderes de la oposición venezolana tiene algún papel o pueden ejercer alguna influencia en la solución de los problemas que debe afrontar y solucionar España? Ni siquiera la posibilidad del Brexit y los desestabilizadores impactos de una salida de la UE por parte del Reino Unido tras el próximo referéndum del 23 de junio han despertado el interés o el debate sobre la delicada situación que vive la UE.

Lo que pase en Reino Unido el próximo 23 de junio va a ser un acontecimiento de primero orden. Sea cual sea el resultado del referéndum, va a ser utilizado por el bloque de poder que capitanea el Gobierno alemán para obstaculizar aún más propuestas que conduzcan a dotar a las instituciones europeas de los instrumentos necesarios para abordar los problemas de fragmentación financiera y desigualdad de rentas y estructuras productivas que causa el actual funcionamiento de la eurozona. Como ha declarado recientemente Shäuble, ministro de Finanzas alemán, tratando de instrumentalizar para sus fines el referéndum: “No podemos responder simplemente con más integración. Sería torpe.”   

El ninguneo de Europa por parte de los principales líderes políticos ya ocurrió en las pasadas elecciones del 20 de diciembre y, lo que es más grave y extraño, en las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo de 2014, que se realizaron en clave interna, sin considerar que decisiones fundamentales de política económica o de estrategia de salida de la crisis dependen en buena parte de decisiones que se toman en Bruselas. Por unas instituciones europeas marcadas por la falta de un mínimo control político democrático y por su incoherencia y debilidad para atender los problemas lógicos que genera el funcionamiento de una unión monetaria en algunos de los Estados miembros que la conforman. 

La situación, no obstante, ha mejorado. Frente a programas electorales con un importante componente naif, excesivamente ideologizados y que no acertaban ni siquiera a nombrar los problemas evidentes de carácter institucional que muestra la eurozona y con qué reformas podrían ser superados se ha pasado a mencionarlos y a definir propuestas de solución. Frente a posiciones excesivamente generalistas en contra de las políticas de austeridad se ha pasado a precisar y ofrecer alternativas viables.

El acuerdo entre IU y Podemos es el más claro ejemplo de cómo las concesiones entre fuerzas políticas permiten depurar y mejorar los programas previos que defendían antes por separado. No siempre sucede así, ni siquiera se puede decir que es lo normal. Pero, en este caso, el resultado ha sido así. Es posible que a una parte de IU o de Podemos no le guste, porque estaban más cómodos con sus respectivos programas, que ahorraba en el caso de IU cualquier mención a las reformas que necesitan las instituciones europeas o porque ofrecían un pequeño espacio, caso de Podemos, para consignas y propuestas etéreas de múltiples significados sobre Europa.

Lean los dos puntos o pasos esenciales que, a propósito de la UE, contempla el acuerdo programático, “50 pasos para gobernar juntos”, firmado por IU y Podemos:

40. Reforma de la gobernanza económica en la UE

Se impulsará una reforma de las instituciones europeas que democratice la toma de decisiones políticas y económicas en la eurozona. Se impulsará igualmente la reforma de los estatutos del Banco Central Europeo (BCE) para incluir entre sus objetivos el mantenimiento de un nivel adecuado de actividad económica y la creación de empleo, para integrarlo en el conjunto de instituciones que aplican la política económica de forma coordinada y bajo un verdadero control democrático, y para que pueda actuar como prestamista en última instancia de las autoridades fiscales.

41. Reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y del Pacto Fiscal

El Gobierno del Cambio impulsará en las instituciones europeas una reforma profunda del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y del Pacto Fiscal, eliminando el objetivo de equilibrio presupuestario estructural y flexibilizando los objetivos de déficit, para que se adapten mejor a las necesidades de cada país. Se impulsará la consideración de un nivel adecuado de inversión pública, introduciendo una «regla de oro» que no las incluya en el cómputo del déficit.

Se impulsará una auténtica política fiscal europea: un presupuesto común con un peso significativo, un mecanismo de transferencia de recursos entre países en función de su situación cíclica, la emisión de eurobonos, y un mayor grado de armonización en algunos impuestos, particularmente el de sociedades. Esta política fiscal europea debería ponerse al servicio de un plan transeuropeo de inversión en aquellas infraestructuras necesarias para la transición energética y para crear empleos sostenibles.

Esos dos puntos resumen las propuestas de cambio para Europa que realiza Unidos Podemos. No están nada mal y suponen una mejora sustancial respecto a la forma de presentar el papel de Europa y la solución de los problemas específicos que debe afrontar y resolver la economía española con el concurso de las instituciones comunitarias. Las vigas maestras  están puestas y forman parte inseparable del programa del cambio. A partir de ahí hay que completarlas y desarrollar un programa completo de reforma institucional de la eurozona y la UE y una estrategia alternativa de salida de la crisis.

Mientras tanto, mientras esa lucha por la hegemonía en la marcha de la unidad europea sigue su curso, se trata de intentar desplazar al PP del Gobierno el próximo 26J, impedir la continuidad de las políticas de austeridad y acordar un Gobierno de progreso que se imponga como misión ofrecer respuestas a las demandas y necesidades de la mayoría social: parar el empobrecimiento y la exclusión que sufre una parte significativa de la sociedad, revertir los recortes del Estado de bienestar y derogar las reformas laborales de 2010 y 2012 para impedir que sigan engordando las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo.    

El problema, a día de hoy, es que los acuerdos firmados queden difuminados en las campañas separadas de IU y Podemos. Y no se les dé la importancia que tienen para ganar al PP, participar en el imprescindible proceso de reforma de las instituciones europeas y lograr, mediante acuerdos y concesiones mutuas, un Gobierno de cambio.

En Portugal se encuentra un buen ejemplo de cómo un Gobierno de unidad de las izquierdas está haciendo compatible el mantenimiento del objetivo de consolidación fiscal (que no supone reducción del gasto público de protección social ni de la inversión pública) con la aplicación de medidas que favorecen a la mayoría social sin ahogar el crecimiento ni retrasar la modernización productiva. Está ahí a lado la oportunidad de aprender de las buenas prácticas.

La suerte aún no está echada. Y todos los detalles cuentan. El 26J se puede salir del ciclo de austeridad iniciado hace más de 6 años y volver a conseguir derechos laborales, bienes públicos, empleos decentes y salarios recortados.

Europa en la campaña electoral del 26J