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jueves. 18.08.2022

¿Por qué se equivoca tanto el BCE en sus previsiones?

El Banco Central Europea yerra de forma sistemática en sus previsiones macroeconómicas para la eurozona...

El Banco Central Europeo yerra de forma sistemática en sus previsiones macroeconómicas para la eurozona. Sus errores son continuos, de envergadura y tienden a sobrevalorar el crecimiento esperado del PIB. No se trata de una noticia, es una información suficientemente contrastada por numerosos analistas, incluidos los expertos del BCE encargados de realizar esas previsiones.

Dos estudios publicados en los boletines del BCE de abril de 2011 (Revisions to euro area GDP growth) y mayo de 2013 (An assessment of eurosystem staff macroeconomic projections) cuantifican hasta qué punto las previsiones realizadas desde el año 2000 se desviaron del crecimiento finalmente observado y muestran su carácter sesgado. Lo raro es que esa autoevaluación no haya permitido atenuar las equivocaciones ni alentar cambios en los programas y en los métodos empleados para derivar los supuestos técnicos (tipos de interés a corto plazo, precios de las materias primas, tipos de cambio, etc.) en los que basan sus proyecciones.

Lo menos que cabría pedirles a los expertos del BCE y de los bancos centrales nacionales de la eurozona que realizan las proyecciones es mayor precaución

Lo menos que cabría pedirles a los expertos del BCE y de los bancos centrales nacionales de la eurozona que realizan las proyecciones es mayor precaución. Sin embargo, su capacidad para seguir equivocándose permanece intacta y parece haber aumentado en el último año. La rectificación más reciente acaba de aparecer en el último Boletín mensual del BCE publicado el 11 de septiembre de 2014: la nueva previsión de crecimiento del PIB de la eurozona en 2014 se sitúa tres décimas por debajo de la realizada en marzo, pasando del 1,2% al 0,9%; respecto a la inflación, la rectificación es aún mayor, desde el 1,0% previsto en marzo al 0,6% de septiembre.

En eso ha quedado, por ahora, la brillante reactivación económica que se anunciaba a principios de año: el PIB de la eurozona crecerá este año por debajo del 1% y los precios, en un mínimo 0,6% que nos acerca un poco más a la deflación. Los riesgos de una tercera recesión han aumentado y explican el nuevo paquete de medidas aprobado por el Consejo de Gobierno del BCE el pasado 4 de septiembre para evitarla. Sería  difícil explicar la emergencia del nuevo consenso de las elites para afrontar la crisis de la eurozona sin tener en cuenta el estancamiento de la actividad económica y las muchas posibilidades de que en los próximos trimestres la situación siga caracterizándose por un muy bajo y precario crecimiento del producto. Draghi, Renzi, Hollande y otros líderes europeos personifican ese nuevo consenso emergente que intenta combinar una mayor expansión monetaria, más inversión pública y privada de la Unión y de los Estados miembros que dispongan de margen para llevarla a cabo y nueva relajación de los objetivos de déficit público de los Estados miembros que lo necesiten y se comprometan a respetar el Pacto de Estabilidad y realizar las reformas estructurales pendientes.

Los errores y rectificaciones del BCE señalados antes se refieren a previsiones a menos de un año, cuando sus hacedores cuentan ya con datos observados del crecimiento experimentado en los primeros meses del año y con estimaciones bien fundadas sobre carteras de pedidos, inversiones, cambios en las plantillas, anticipaciones de inflación, clima empresarial, etc. de los meses y trimestres siguientes.

Los errores son aún más intensos y frecuentes cuando las predicciones se refirieren a plazos próximos a los dos años, en las que las hipótesis de partida y las interrelaciones entre variables están sujetas a un grado de incertidumbre mucho más elevado. A más de dos años, las previsiones son poco más que deseos o propaganda y las posibilidades de acierto son parecidas a las que pudiera tener la bruja Lola. Baste un ejemplo reciente como muestra: en diciembre de 2011, los expertos del BCE realizaron una previsión de crecimiento del PIB para 2013 del 1,3% (cifra promedio de una amplia horquilla que iba de un mínimo 0,3% a un máximo 2,3%). Utilizando tan amplio abanico era difícil equivocarse, pero resultó no ser suficientemente amplio porque finalmente el decrecimiento del PIB observado en 2013 fue del -0,4%.

En la evaluación de las previsiones realizadas entre diciembre de 2000 y diciembre de 2012, que se publicó en el Boletín de mayo de 2013 del BCE, queda clara la falta de acierto y se cuantifica su robusta inclinación a sobreestimar el crecimiento del PIB a partir del segundo trimestre de 2009, tras haber subestimado su retroceso entre el segundo trimestre de 2008 y el segundo trimestre de 2009.

Aunque parezca extraño, los economistas y expertos del BCE no yerran más que los de otras instituciones públicas y privadas que se dedican a similares tareas de prospección y muestran similar intensidad en sus errores y, lo que es más grave, parecidos sesgos. No solo se trata de inevitables errores aleatorios, originados por hechos inesperados o por el surgimiento de nuevos factores o situaciones imposibles de prever asociados a tiempos de turbulencia. ¿A qué se debe tanta equivocación?

El staff del Eurosistema responsable de elaborar las proyecciones explica los errores apelando, entre otros factores, a equivocaciones en la predicción del precio del petróleo y, de forma secundaria, a la evolución inesperada del precio de los alimentos, variaciones no previstas en los tipos de cambio o cambios en los impuestos indirectos.

Tienen razón los expertos del BCE al señalar que las posibles causas de los errores cometidos son múltiples, pero se olvidan de mencionar una de las más importantes, sino la principal. El origen de esas equivocaciones se sitúa en un diagnóstico equivocado de los problemas económicos e institucionales que padece la eurozona y en una valoración interesada de la capacidad de las políticas de austeridad y reforma estructural para relanzar el crecimiento. Se trata de errores relacionados con una interpretación ideologizada de los problemas económicos que deben ser resueltos y con teorías económicas reacias a contrastar las medidas que ofrecen como solución con los resultados que se obtienen. El papel que juegan esos errores, al margen del buen o mal hacer y entender de los expertos que los cometen, es camuflar la ineficacia de las políticas de austeridad, devaluación salarial y reforma estructural que se han impuesto y difuminar la forma en que esa ineficacia contribuye a incrementar el poder, la renta y el patrimonio de las elites a costa de la mayoría social. No son previsiones erróneas inesperadas o incorregibles, es una estafa intelectual que contribuye a imponer las políticas de austeridad y cambia la realidad en beneficio exclusivo de una poderosa minoría y en perjuicio de los derechos y las condiciones de vida y trabajo de las clases trabajadores y la mayoría de la sociedad.

Siempre habrá economistas y expertos dispuestos a elaborar y respaldar esas previsiones equivocadas. Esperemos que siempre haya una ciudadanía consciente dispuesta a denunciar esos errores interesados y a las elites que los alientan y se aprovechan de ellos.

¿Por qué se equivoca tanto el BCE en sus previsiones?