viernes 23/10/20

Derrota de Susana Díaz y nuevas posibilidades para el cambio

Foto Flickr PSOE.
Foto Flickr PSOE.

Las elites han perdido. Sánchez gana y con él las posibilidades de mantener la presión sobre los corruptos y de desalojar a Rajoy del Gobierno

Los afiliados socialistas que votaron este domingo en una elección crucial para el futuro del socialismo español han decidido por amplia mayoría derrotar a Susana Díaz y desbaratar el escenario de improbable restauración del bipartidismo que pretendían apuntalar tanto los barones del PSOE como el Gobierno de Rajoy. Han preferido la recuperación de unas señas de identidad de izquierdas que se concreta en la oposición a la continuidad de un Gobierno de la derecha protector de la corrupción que es un obstáculo para que policías, jueces y fiscales hagan su trabajo. Con estos resultados, el PSOE puede iniciar la profunda regeneración que requiere su transformación en un agente favorable al cambio que necesita la mayoría social.

La suerte de la desangelada socialdemocracia española estaba, en gran parte, echada. Especialmente, tras los bochornosos acontecimientos que culminaron con la aparición de la Gestora. La votación de las primarias socialistas revierte el resultado de la conjura contra Sánchez, devuelve al PSOE a su lugar en la oposición al Gobierno del PP y abre paso a un nuevo escenario marcado por ese conflicto.

Los vientos del cambio soplaron más fuertes de lo que muchos suponían y han hecho inútiles los parapetos levantados por la Gestora, barones, poderes económicos y mayoría de medios de comunicación para impedir que Sánchez ganara las primarias socialistas. Un 50,2% de los votantes han dado la vitoria a Pedro Sánchez, frente al 39,9% cosechado por Díaz y al 9,9% de López. Victoria contundente que se extiende a todas las Comunidades Autónomas, con las descontadas excepciones de Andalucía, donde gana Díaz, y Euskadi, con victoria de López. Con una participación masiva de algo más de 150 mil votantes que suponen el 80% de un censo total de 187.831 afiliados con derecho a voto.

Las elites han perdido. Sánchez gana y con él las posibilidades de mantener la presión sobre los corruptos y de desalojar a Rajoy del Gobierno.

Sánchez necesitará en los próximos días escenificar su oposición al Gobierno del PP, pero no lo tiene fácil. Parte de la posición de ventaja que ha conseguido al vencer a Díaz se puede desvanecer si Rajoy, que sigue teniendo en sus manos la carta de convocar nuevas elecciones, percibe que la oposición de Sánchez supone un desgaste inasumible para el PP y para él mismo. Sánchez ha anunciado que uno de sus primeros gestos será pedir la dimisión de Rajoy. Y para dar mordiente y legitimidad a esa petición y a su propio liderazgo necesita del apoyo de Podemos. Esa dinámica cuestiona la continuidad de Rajoy y abre espacios para que se sigan investigando y juzgando las múltiples conexiones de la corrupción con Rajoy. El PP sale debilitado en la misma medida que el PSOE vuelve a convertirse en alternativa.  

Pero el aumento de las posibilidades de acuerdo político entre PSOE y Podemos lleva asociado, en paralelo, el incremento de la disputa real entre ambos partidos para lograr el apoyo del electorado indignado con el PP, la corrupción y los recortes. Hay riesgos evidentes de que aumenten las controversias simbólicas entre PSOE y Podemos y se multipliquen los escenarios de confrontación más o menos artificial. Por eso es tan necesario que ambos equipos dirigentes mantengan la sangre fría para que sus inevitables disputas no agosten de nuevo las posibilidades del cambio. Para que se vuelva a intentar de nuevo la delicada operación de lograr un acuerdo político que sustente un Gobierno progresista que impulse, en lugar de trabar, la labor de policías, fiscales y jueces para acabar con la corrupción e inicie un nuevo ciclo político en el que se pueda pensar menos en cómo aumentar los beneficios empresariales y más en cómo proteger a los sectores empobrecidos y en responder a las necesidades de la mayoría social. También hay que considerar el peligro de que poderes más o menos cercanos al PSOE intenten recrear una operación inspirada en la desarrollada por Macron en Francia para arruinar las posibilidades de Sánchez como candidato socialista en el caso de unas elecciones anticipadas. Aunque sea a costa de matar al PSOE.  

Por otro lado, se necesita un Podemos flexible y abierto que acierte a afrontar el nuevo momento político que abre la elección de Sánchez como secretario general del PSOE por parte de más de 74 mil afiliados. Y una inteligencia política de la que las direcciones de Podemos y del PSOE han hecho una demostración escasa en el último año y medio, tanto al abordar los desencuentros entre ambas formaciones como a la hora de resolver sus diferencias internas. Algún signo de capacidad de reformulación de la moción de censura contra Rajoy por parte de la dirección de Podemos sería una buena señal.  

Nada está perdido, todo se pone un poco menos cuesta arriba. Sánchez y el conjunto de las fuerzas progresistas y de izquierdas tienen razones para estar satisfechos. Rajoy está un poco más aislado que con la Gestora o con lo que hubiera significado la consolidación del liderazgo de Díaz. Rajoy va a tener más difícil, a partir de ahora, amparar la corrupción y arrinconar a Podemos en una política de gestos y en un imposible e ineficaz intento de representar la imaginaria y retórica unidad de un pueblo imbatible que nunca se rinde. Se necesitan más esfuerzos en la tarea de abrir espacios a la colaboración del conjunto de las fuerzas progresistas para acabar con la corrupción y denunciar la continuidad de Rajoy y de un Gobierno que necesitan seguir obstaculizando las investigaciones policiales sobre la corrupción y el trabajo de jueces y fiscales. Hay que seguir trabajando de cara a una mayoría social que se sabe plural, muy fragmentada y, afortunadamente, menos dada a la épica que a un cambio que asegure la mejora de su mundo y entorno.

Derrota de Susana Díaz y nuevas posibilidades para el cambio