domingo 21.07.2019

Arrancan las negociaciones, se difumina la opción de un Gobierno de coalición

Los resultados electorales no han hecho a UP imprescindible en la conformación de un nuevo Gobierno y los intereses del PSOE, tanto hacia dentro como hacia afuera, no van por la vía de una coalición de izquierdas

“La reunión con Pedro Sánchez ha ido muy bien […] Si en algo nos hemos puesto de acuerdo hoy es en que vamos a trabajar para ponernos de acuerdo. El trabajo va a ser largo, requerirá discreción, prudencia y buena voluntad […] Les tendré que pedir que sean pacientes.” Ese sería un buen resumen, palabra más o menos, de la breve intervención de Iglesias valorando su reunión en La Moncloa con el presidente del Gobierno en funciones. Una pequeña y sensata rectificación respecto a la previa salida en tromba del propio Iglesias y el resto de su equipo reivindicando un Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos. Propuesta que permitía a UP centrar los focos en el futuro, en las posibilidades de ser más influyentes, desviar las miradas del resultado electoral obtenido y seguir señalando a los poderes fácticos como jugadores de ventaja que intentan condicionar el resultado electoral limitando los movimientos y alianzas de Pedro Sánchez por su izquierda.

Tras la entrevista, se ha hecho evidente la escasa probabilidad de conseguir una coalición gubernamental de izquierdas, aunque paradójicamente dicha reunión haya dado curso libre y aumentado las posibilidades de diálogo, negociación y acuerdo entre PSOE y UP, pero no en torno a la fórmula de Gobierno de coalición. Ambas fuerzas políticas van a empezar a trabajar en el diseño realista de medidas progresistas de carácter social y económico que tengan en cuenta las restricciones que imponen la relación de fuerzas electorales de cada bloque y opción política y las restricciones de la economía española. Y ese avance se consigue porque UP frena su embestida a favor de una coalición gubernamental con el PSOE que, como derivada, suponía una crítica a la debilidad y la querencia del PSOE a buscar otros acuerdos en torno a propuestas socio-liberales. Bien está lo que bien acaba… o empieza: la negociación comienza su andadura.  

Sostenía Iglesias, a viva voz antes de la entrevista y entre susurros después, que sin la entrada de UP en el Gobierno no habría garantías de que la acción del próximo Ejecutivo pudiera mantener un rumbo de izquierdas. Creo que se equivocaba. Y si hubiera llevado su emplazamiento al PSOE más allá del umbral en el que se constatan las muchas dificultades y la alta improbabilidad de lograr ese Gobierno de coalición habría hecho un mal servicio a UP y al conjunto de las fuerzas progresistas, no sólo porque empeorarían sus resultados en las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas, también en lo que se refiere al objetivo principal de reforzar el alcance y la sostenibilidad de las políticas progresistas del nuevo Gobierno Sánchez.

No es cuestión de valorar ahora si sería mejor o peor ese Gobierno de coalición que cualquier otra de las fórmulas que puede adoptar la cooperación entre PSOE y UP o qué condiciones políticas, sociales y electorales permitirían reforzar su colaboración, se trata de señalar, simplemente, que empeñarse en algo muy improbable acaba casi siempre produciendo melancolía y, en el transcurso del empeño, una agitación contraproducente para crear las bases mínimas sobre las que se sostiene la confianza y la cooperación. Porque de eso se trataba y se sigue tratando, de generar las bases de confianza que son imprescindibles para cooperar en el impulso conjunto de una acción política gubernamental progresista. Y los emplazamientos, de haber continuado, no habrían ayudado en nada a promover y afianzar la confianza entre las partes ni a convertir la colaboración puntual en cooperación duradera capaz de promover un cambio político y social favorable de la mayoría social.

Los resultados electorales no han hecho a UP imprescindible en la conformación de un nuevo Gobierno y los intereses del PSOE, tanto hacia dentro como hacia afuera, no van por la vía de formar un Gobierno de coalición de izquierdas. Y mucho me temo que, después de las elecciones del 26 de mayo, la situación va a ser aún más desfavorable.

Por otro lado, no existen posibilidades de acercamiento a corto o medio plazo entre PSOE y C's. Albert Rivera tiene una apuesta clara, desbancar al PP como primer partido de las derechas, y ese objetivo requiere que no haga ni el menor guiño a Sánchez hasta que lo haya consumado. Si lo consigue, después de dejar madurar los impactos del nuevo retroceso electoral que le espera al PP, será otro cantar. Pero lograr esa posición hegemónica en el bloque de las derechas llevará a C's, caso de conseguirlo, tiempo. No es una cuestión de meses.   

El problema es qué hacer mientras tanto, durante ese periodo de indefinición y recomposición de los liderazgos en las derechas, y cuál es la mejor táctica para mejorar las relaciones entre UP y PSOE, de ambos partidos con el electorado de izquierdas y, más allá de sus respectivos votantes, de cara a una mayoría social democrática y progresista que desea abrir una nueva etapa política de cierta tranquilidad y estabilidad, disfrutar del triunfo electoral que ha parado los pies a las tres derechas y consolidar el camino emprendido por el primer y breve Gobierno de Sánchez. En esas estamos.

Arrancan las negociaciones, se difumina la opción de un Gobierno de coalición