sábado 24.08.2019

Comerciantes, manifestantes y Ana Botella

Ya hemos visto cómo se ha utilizado la crisis y sus efectos para llevar a cabo un tremendo recorte en derechos...

Quienes nos ocupamos de seguir el día a día del comercio y la hostelería en la ciudad de Madrid, sabemos que cuando los representantes de esos empresarios trasladan a la Alcaldesa su preocupación por la falta de orientación e iniciativas del gobierno municipal para reactivar la economía de la ciudad, esta les responde con un juego de palabras que recuerdan mucho a sus expresiones en inglés. Eso cuando responde, porque lo normal es que no quiera darse por enterada de cómo está el comercio, el turismo y la hostelería en la capital.

Sin embargo, con todo el descaro, no tiene inconveniente alguno en utilizar a esos mismos sectores y sus actuales problemas para arremeter contra el derecho de manifestación, como si el ejercicio de este derecho fuera antagónico con esas actividades económicas. Algo que, por otra parte, no está demostrado, y que, en todo caso, apunta a lo contrario. Recordemos, por ejemplo, los beneficios que reporta la fiesta del “orgullo gay”, y quienes han sido los primeros en protestar cuando esta misma alcaldesa se ha expresado en contra de esa celebración. Si, los comerciantes y hosteleros.

Pero hablemos claro. Cuando Ana Botella y quienes le secundan desde la Comunidad de Madrid hablan de manifestaciones, no generalizan, sino que se refieren exclusivamente a las que tienen un contenido reivindicativo frente al poder instituido y un claro perfil progresista. Las otras, las de signo conservador o las que responden a tradiciones confesionales, pero que también implican ocupación del espacio público, alteraciones del tráfico y afectaciones al devenir cotidiano de los ciudadanos, nunca han encontrado en estos gobernantes ninguna reprobación ni peticiones de restricción. Al contrario, las apoyan, las jalean, ponen a su disposición medios públicos, e incluso, llegado el caso, las televisan en directo.

Luego lo que les preocupa a estos gobernantes no es ninguna de esas cosas a las que echan mano para envolver y justificar sus propuestas, sino que se visibilice la protesta, el contenido de esas reivindicaciones, porque en ellas ven el reflejo del fracaso de sus políticas. Y esto escuece.

Pero es que, además, son torpes en sus argumentaciones. Si las manifestaciones que se realizan en el centro de la ciudad hay que trasladarlas a otras zonas porque perjudican a los comerciantes, ¿quieren decir, entonces, que no perjudican a los situados en esas otras zonas? ¿O es que los comerciantes y hosteleros de esos otros distritos son de segunda categoría y tienen que aguantarse?

A todo esto, desconocemos que sus asociaciones empresariales se hayan expresado contra el derecho de manifestación, ni mucho menos cuantificado los supuestos daños que les ocasiona. Por lo tanto, y antes de seguir por ese camino, sería conveniente que se aportaran datos serios y contrastados, y se abusara algo menos de las imágenes de televisión.

Y sobre los costes para las arcas públicas que conlleva el ejercicio de este derecho, mejor que no hablen. Porque a la torticera manipulación que ha hecho la Alcaldesa con motivo del 22-M, incluyendo los costes salariales de policías, agentes de movilidad, bomberos y servicios de emergencia, podíamos compararlos con los millonarios que ocasionaron otras manifestaciones como la Jornada Mundial de la Juventud, de la que aún no conocemos las cifras reales, o a los que periódicamente se incurre por especiales competiciones deportivas, sin que en un caso ni en otro, se reclame aportación alguna o compensación a los organizadores.

Pero más preocupante aún es cuando habla de “modular” el ejercicio del derecho de manifestación ¿A qué se refiere? ¿A que hay que permitir unas y prohibir otras? ¿A que las numerosas se vayan a la periferia y las reducidas se queden en el centro? ¿A que unas se hagan en festivos y otras en días laborales? ¿Con qué criterios se hace la selección? Y, sobre todo, tratándose de un derecho fundamental, ¿quién la hace?

Y hago estas preguntas, porque me preocupa que quien tanto insiste en señalar que hay 1.400 manifestaciones al año en la capital, en vez de quedarse en las dimensiones de la protesta, no quiera ver las causas que la impulsan. Es un ejercicio de demagogia y de manipulación de la realidad, muy preocupante de quien debería gobernar la ciudad.

Ya hemos visto cómo se ha utilizado la crisis y sus efectos para llevar a cabo un tremendo recorte en derechos y servicios públicos esenciales. Y a nadie escapa, y ahí tenemos el ejemplo del proyecto de ley sobre seguridad ciudadana, que el siguiente paso es utilizar el descontento social y la respuesta ciudadana al desmantelamiento del Estado y el empobrecimiento generalizado, para avanzar en la restricción de los derechos fundamentales. Porque de eso se trata, aunque la señora Botella no quiera reconocerlo o no alcance a entenderlo. Pero colaborar en ello, colabora.

Como persona “de orden” que es, se encuentra muy a gusto en estas polémicas donde los derechos y su libre ejercicio se ponen periódicamente en cuestión. Cuando no son derechos de los homosexuales, son de las mujeres, de los trabajadores, de los jóvenes, de los parados, o de quien se ponga a tiro. No puede evitarlo, lo lleva en sus genes.

Desconoce que como Alcaldesa no está para esas cosas. Que en cada conflicto, como ocurrió con la huelga de limpieza, no puede sugerir conculcar la ley, ni mucho menos  exigir una regulación a la medida de sus deseos. Que en un estado de derecho, las leyes no son trajes a la medida de nadie. Y que, en todo caso, de serlo, lo serían a la medida de todos los ciudadanos, sean estos comerciantes, barrenderos, hosteleros, jóvenes, políticos, curas o ateos.

Por el contrario, debería saber que una alcaldesa está para resolver o, al menos, intentar resolver  los problemas de estos mismos ciudadanos. Pero en esto último no está cómoda… no se encuentra… ni se la encuentra.  Eso es lo que veo y lo que me transmiten esos mismos comerciantes y hosteleros del centro, a los que ahora quiere salvar del acoso de los miles de manifestantes malvados y desafectos que tienen tomadas las calles de Madrid. ¡Y hasta se lo habrá creído!

Comerciantes, manifestantes y Ana Botella