Durante muchas décadas se dejó que el tiempo decantara de manera natural la adaptación de las prácticas de los poderes públicos a la realidad social. También en la cuestión religiosa, en la separación de la Iglesia (Católica) y el Estado, de la ciudad de Dios y la ciudad del Hombre

Cuenta la "Guía Secreta de Murcia, Cartagena y Mar Menor" (Ismael Galiana y Adolfo Fernández, Editorial Sedmay, 1977) que en el tardofranquismo un grupo de prohombres de la ciudad acudió al obispo de la diócesis para, ante una pertinaz sequía, sacar a la virgen de la Fuensanta en procesión para que intercediera y las lluvias cayeran en nuestras tierras sedientas. Al parecer, el obispo s acercó a la ventana, apartó suavemente el visillo y dijo : "sáquenla, sáquenla, pero el cielo no es de lluvia". Galiana y Fernández anunciaban que los tiempos estaban cambiando y que era el momento de las separaciones, en este caso entre el poder terrenal y el poder celestial. Era esa época, todavía la recordamos aunque un tanto difuminada, en la que no era extraño leer en los muros el "Tarancón al paredón" .

La Guía Secreta fue publicada en 1977, hace ya 41 años. Ese mismo año se celebraron elecciones libres (15 de junio) y el 6 de diciembre de 1978, un año después, el pueblo español aprobó la Constitución mediante referéndm. El futuro brillaba con colores distintos a los tradicionales. Los grises, ocres y apagados que dominaron los siglos anteriores, con algún relámpago que iluminó determinados momentos históricos hasta agotarse en la misma oscuridad de siempre, dio paso a un brillo y un cielo en el que dominaba el arco iris del respeto al otro y a la pluralidad ideológica y cultural. Creíamos en algo mejor y durante mucho tiempo el modelo pareció funcionar relativamente bien.

Durante muchas décadas se dejó que el tiempo decantara de manera natural la adaptación de las prácticas de los poderes públicos a la realidad social. También en la cuestión religiosa, en la separación de la Iglesia (Católica) y el Estado, de la ciudad de Dios y la ciudad del Hombre. El Estado no tenía religión oficial pero había buenas relaciones entre este y todas las religiones existentes en el país, la mayoritaria y también las minoritarias. Nada alejado de otras realidades europeas. Las organizaciones son un reflejo de sus miembros, los gobiernos y las administraciones publicas de su ciudadanía. No había lugar, por otro lado, a los milagros ni a la petición de los poderes públicos de la intercesión de dioses, santos y vírgenes para que solventaran crisis económicas, desarrollo o restricción de derechos civiles o quiebras territoriales. No parecía ni científico ni razonable que un ministro o ministra pidiera, por ejemplo, a la Virgen del Rocío que impulsara el empleo. Tal desconfianza en los designios divinos para solucionar problemas económicos, se pudo constatar en agosto de 2011, cuando PP y PSOE decidieron modificar el artículo 135 de la Constitución Española para supeditar el presupuesto al pago prioritario de la deuda pública. No se invocó a los poderes divinos. Acaso el dedo que señaló el papel fue muy humano y de eficacia germánica.

No obstante lo dicho, no es extraño que los creyentes fíen su suerte y su futuro a la religión. Tampoco que haya gobernantes creyentes que añadan un plus al buen gobierno con su fe y su confianza en el apoyo que esta le da a su trabajo diario. Es humano y comprensible. Sin embargo, tales valores y creencias forman parte del acervo individual, del ámbito privado, nunca del público. Es en ese mundo de lo privado, o de lo social celebrado privadamente, donde todas las creencias y valores tienen asiento y gozan de respetabilidad y simpatía.

Llegado a este punto, transcribimos algunos párrafos del mensaje del Consejero de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca de la Región de Murcia, señor del Amor, remitido a sus empleados con motivo de la celebración de San Isidro Labrador, patrón, al parecer, de dicha Consejería :

"Mañana martes, 15 de mayo, es el día de nuestro patrón, San Isidro Labrador, un santo que dedicó su vida a la agricultura. Es un día para recordar aquellas proezas que de él narra la historia. Cuentan que mientras San Isidro rezaba, alguien guiaba a sus mulas y bueyes arando las tierras, que lo que ganaba como jornalero lo dividía en tres partes, dejando sólo una para su familia, e incluso que repartía entre los pobres alimentos, sin que estos nunca se acabaran. También dicen que las plegarias a San Isidro atraen las lluvias de primavera. Y este año las lluvias  han venido como un milagro, logrando que pasemos del quinto año peor de la historia en pluviometría al sexto mejor desde que se tienen registros.

Si cuando San Isidro rezaba eran los ángeles los que guiaban sus mulas y bueyes en el campo, actualmente sois vosotros los que, con vuestro trabajo, ayudáis, a aquellos que se dedican a la agricultura, la ganadería y la pesca en nuestra Región. Ayudáis desde cada uno de vuestros puestos, de manera silenciosa, realizando desde la tarea más simple a la más compleja, dando ejemplo de humildad, conocimiento, transparencia y saber hacer, poniendo lo mejor de cada uno al servicio de cada administrado.

Os pido que sigáis labrando el futuro de la Consejería y cultivéis vuestros conocimientos, para que juntos cosechemos una Región de Murcia mejor... ".

El mensaje es mucho más extenso y termina haciendo un llamamiento a los empleados públicos de la Consejería para que participen en una misa en honor del patrón. No cabe duda que se trata de una tradición y de un lenguaje que se asocia a la misma. Tampoco que la política del Departamento no se deja en manos de San Isidro Labrador. No creemos que el señor del Amor confíe sus líneas de actuación política a que el festejado patrón de los agricultores y, al parecer también de la Consejería, hará llover cuando haya sequía, que protegerá la cosecha de las plagas, que repartirá los frutos de la tierra entre todos sus productores o que frenará los vertidos químicos al Mar Menor. Es un político sensato que no pedirá a Moisés que divida las aguas del Mar Rojo o que abra la tierra para que el agua corra de norte a sur, o de oeste a este.

Hay dos objeciones por los que, con independencia de las buenas intenciones de la misiva del Consejero de Agua, esta es inadecuada. La primera está relacionada con los valores y creencias de sus empleados y con las dudas que pueden haber de que sean homogéneos, y que acepten sin cierto malestar el continuo incumplimiento del artículo 16.3 de la Constitución Española que expresan sus palabras. La segunda es que la invocación a un santo para que solucione los problemas políticos de un gobierno, por muy simbólicos que sean, no es aceptable en un estado laico. Los retos que nos esperan, que son muchos y en eso estamos de acuerdo con el Consejero, deben ser afrontados con recursos técnicos y humanos. Dejemos al lado discursos que pueden llegar a ser hirientes en un entorno de necesidades de todo tipo como es el actual. Hace falta políticas más racionales y técnicos en la materia, cosas de las que hoy en día adolece la gobernanza murciana. Seguro que San Isidro Labrador estaría de acuerdo con nuestras palabras y que su invocación no provocaría malestar y hartazgo en mucha gente.