sábado 16.11.2019

El Mar Menor y lo imnombrable

No escribo un artículo de opinión desde el 14 de abril. Estoy desentrenado para volver a escribir pero sobre todo estoy profundamente indignado. La indignación debe ser una droga potente para que estimule el espíritu crítico de la gente pero, al parecer, no lo suficiente para que los medios de comunicación llamen a las cosas como deben ser nombradas. Vivimos en un país libre, con prensa y opinión libre. Tenemos consejos y consejerías de transparencia, normativa sobre gobiernos abiertos, acceso a la información pública con un solo trámite telemático. Tenemos y somos, ¿qué somos?.

Es muy doloroso para la ciudadanía murciana contemplar en directo, o a través de los medios de comunicación las imágenes reproducidas en los últimos días de la hecatombe de la vida en el Mar Menor

No vivimos en la antigua Unión Soviética, ni en la actual Rusia; tampoco en China o en Hungría. No tenemos que ocultar o negar desastres ecológicos, hay que nombrarlos y actuar social y políticamente para revertirlos e impedir que vuelvan a suceder. No tenemos que tener miedo a reconocer las consecuencias de nuestros actos, no debemos callar para conjurar el conocimiento de la verdad: que la Región de Murcia es inviable con la agenda política actual.

Alguien tendrá que decir que vivimos en una espiral regresiva. No tener miedo a reconocer que con el ladrillo y la agricultura intensiva y depredativa actuales vamos a un futuro de pérdida importante de la población, degradación del medio ambiente y depresión crónica de nuestra Región.

Cuando me refiero a alguien no hablo de personalidades individuales como Pedro Costa o Ángel Montiel, o a organizaciones ecologistas como ANSE o Ecologistas en Acción. Su labor ha sido y es fundamental para que no se confunda la Región de Murcia con Corea del Norte.

No, me refiero a organizaciones sociales, incluyendo los sindicatos mayoritarios, pero sobre todo a los partidos políticos con alguna capacidad de gobierno en esta tierra. Al PP, al PSOE, a Ciudadanos y Podemos. En algún momento tendrán que declarar de una vez por todas que el Trasvase Tajo-Segura está muerto, que no se van a construir más trasvases y que hay que recurrir  otro tipo de abastecimiento de agua, a una reestructuración de la agricultura intensiva y al modelo turístico actual. Esos partidos políticos, o los que los sustituyan, están obligados, si se creen la teoría de la democracia, a decirlo y a asumir las consecuencias.

Debe dar mucho miedo afrontar la realidad y no culpar de la impotencia propia a los demás partidos políticos o administraciones públicas. O dejar que todo fluya hacia el desastre final mientras se teoriza sobre el cambio de modelo productivo y la recurrente mención al Emprendimiento y al I+D+i. En este discurso están todos los partidos políticos con alguna capacidad de gobernar y de tomar decisiones valientes, es decir, en especular sobre el futuro sin actuar decididamente sobre el presente.

Es muy doloroso para la ciudadanía murciana contemplar en directo, o a través de los medios de comunicación las imágenes reproducidas en los últimos días de la hecatombe de la vida en el Mar Menor.

La orilla repleta de cadáveres de miles de peces y crustáceos, el salto de los alevines buscando oxígeno para no morir, la mirada incrédula de los vecinos de Lo Pagán. Estas imágenes se ocultan a la gente en las dictaduras o se minimizan hasta convertirlas en anécdotas intrascendentes. Los dictadores imponen el silencio y las sociedades callan por temor. Pero en una sociedad libre, la indignación de la ciudadanía debería tener su correlato en la prensa y en las organizaciones sociales. No callar, nombrar a las cosas por su nombre, no levantar los brazos en un gesto de impotencia cíclica. ¿Hay algún partido político en esta Región que no supedite todo a su cálculo electoral?, ¿Un presidente, consejero, diputado, cargo orgánico de un partido político o lo que sea que sea capaz de reconocer su incapacidad de afrontar el presente y sus desafíos?.

La Región de Murcia no es Corea del Norte aunque a veces lo parezca. Hasta ahora solo personalidades aisladas, organizaciones ecologistas y plataformas de defensa medioambiental han señalado lo que es obvio y deben señalar también los partidos gobernantes y aspirantes a gobernar: que los responsables del desastre medioambiental del Mar Menor tienen nombres y apellidos, actividades económicas, colaboradores necesarios y soluciones conocidas pero que aterrorizan a quienes deben aplicarlas. Y lo que es más importante: la táctica de aplazar a un futuro que nunca llega la obligación pública de actuar y tomar decisiones sólo conduce a nuevos desastres de consecuencias imprevisibles. Ha llegado el momento de dejar de ser más hábil que el otro en el arte de conservar el cargo y gobernar de una puñetera vez.

El Mar Menor y lo imnombrable