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jueves. 30.06.2022

Esas malditas bes y uves

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Como escribe Orlando Figes, las tres grandes revoluciones del mundo contemporáneo se produjeron cuando la tasa de alfabetización de sus actores rondó el 50%, aunque esto último es discutible en el debate historiográfico

"Ningún padre quiere tener un docente para su hijo con faltas de ortografía", declara la Consejera de Educación de la Región de Murcia, Adela Martínez-Cachá. En su periplo como responsable de agricultura podría haber dicho también, aunque no lo hizo, que ningún agricultor quiere tener la xilella fastidiosa en sus árboles,  o en su etapa municipal que ningún persona quiere ver a una consejera derribando una escuela infantil. Realmente cuando se es político o política las palabras tienen significados múltiples, y los silencios son a veces preferibles a argumentos que buscan un impacto mediático directo e intenso en la ciudadanía. No, ningún padre quiere que su hijo tenga un profesor con faltas de ortografía. Esta es una verdad que brilla en el éter como la próxima luna de sangre o que se mueve en el horizonte con la elegancia del vuelo del azor. Nadie quiere muchas cosas, y sin embargo las tenemos. Y las que queremos tener se nos niega con una sonrisa en la boca, con un "¡qué bobo eres!". Para eso están muchos políticos, para reírse de nosotros en la cara utilizando lugares comunes que comúnmente permeabilizan nuestro pensamiento. Vivimos en un país que ha descubierto en las faltas de ortografía la razón primigenia del fracaso escolar y de que estemos a la cola de todas las tasas de decencia educativa. Y por supuesto de la desigualdad social, y de la destrucción medioambiental, y del empleo precario y estajonovista forzoso sí no quieres esperar un "puerta y no vuelvas". Por las faltas de ortografía, por supuesto. Una falta de ortografía encierra la ausencia o desconocimiento de las ideologías, de cualesquiera de ellas; desconoce también la literatura, la buena que te sitúa en el mundo frente a su grandeza y su miseria y esa otra que se consume para alinearla milimétricamente en un estante de la librería. Una falta de ortografía te hace hombre, simio, mamífero o pez (de esos peces que te miran desde las profundidades del Mar Menor). Hablamos de la esencia de la vida, de la transcendencia y de la nada.

Como escribe Orlando Figes, las tres grandes revoluciones del mundo contemporáneo (la americana, la francesa y la rusa) se produjeron cuando la tasa de alfabetización de sus actores rondó el 50%, aunque esto último es discutible en el debate historiográfico, y hay especialistas que niegan la capacidad de "autoría" de, por ejemplo, el campesinado ruso, cosa que ocurre, aunque no debiera, en la clase dirigente regional. Hay políticos que ensalzan sus carencias y fracasos como una lucha titánica contra los elementos externos y entre medias inaugura un árbol de Navidad de 30.000 euros que se recorta sobre el cemento de la Consejería. Eso sí, sin faltas de ortografía porque cuando se utiliza la frivolidad como argumento electoral no es necesario, ni falta que hace, arriesgarse a pasar a papel un proyecto político o a enlazar tres propuestas complementarias que mejoren la enseñanza, la dotación de personal de las escuelas infantiles o el aprendizaje del inglés.

Es posible que en los próximos años algún emprendedor implante en la Administración Regional un programa informático que detecte la faltas de ortografía en el lenguaje verbal previo pago de una millonada (de euros), es posible también que en un futuro indeterminado los responsables de educación no den ruedas de prensa con este tipo de declaraciones, porque no haya oposiciones al haber sido eliminadas en favor de la eficacia y eficiencia del mercado, o simplemente porque no haya educación pública y las plazas se subasten y sean adquiridadas por el mejor postor. En realidad, en este juego importa poco nuestros hijos y más el moldeamiento ideológico de la sociedad mediante controles formales e informales. Es cuestión de poder, no de servicio público. La nueva ideología se niega a sí misma, al menos en los medios de comunicación.

Llevamos demasiados años de bofetadas a lo público. Decir que los futuros docentes de la educación pública no están suficientemente preparados es lanzar espuertas de estudiantes a los brazos de la educación privada o concertada. El tipo de enfermedad social más común en estos tiempos es el pensar que por algún motivo desconocido en la enseñanza privada o concertada se forma mejor y se prepara a los jóvenes para abrirse paso en la jungla económica en la que vivimos resignados. Porque de lo que se trata es de sobrevivir en un mundo que niega la Ilustración y su optimismo histórico.

Tal vez, volviendo a Figes, en España no hubo una verdadera revolución liberal porque a pesar de la alfabetización teníamos esas malditas bes y uves, ges y jotas y hasta letras mudas que hacían cometer faltas de ortografías hasta al más docto y decidido revolucionario. Tal vez también por eso nunca prosperó la separación de la Iglesia y el Estado y perviven partidos políticos que meten las narices en los derechos individuales, esos que no les importan y no debieran hacerlo en un democracia de calidad.

Tal vez. 

Esas malditas bes y uves