sábado 28/11/20

Crisis del PSOE ¿por qué no empezamos por el principio?

Después del descalabro orgánico y político del segundo semestre del año pasado, se han sucedido miríadas de artículos, declaraciones, entrevistas, documentos, reuniones públicas y privadas, intercambios de whatsapps y otras yerbas, tomando posiciones, organizando plataformas o esgrimiendo titularidades orgánicas. También, afortunadamente, cientos de debates en las Agrupaciones y, algunos, en instancias superiores del Partido.

Muchos, con razón, exigen la rápida convocatoria de Primarias para elección del próximo Secretario/a General y del Congreso Federal. Otros, con sus razones, no terminan de hacer una propuesta de calendario.

Mientras, han ido saliendo al ruedo, abierta u oblicuamente, distintos potenciales candidatos a competir por la Secretaría General. Algunos, como siempre, meros productos de la imaginación o preferencias de periodistas avezados.

Parece que hay sintonía general acerca de la necesidad de repensar el por qué y el para qué de la Socialdemocracia europea y del Socialismo español (incluido el PSC por supuesto) en esta “fase superior” del capitalismo monopolista globalizado. Cosa que algunos consideran obliga a demorar el Congreso hasta que no se tenga  hecho todo el trabajo necesario. Debe haber quien como yo entienda que para el Congreso y en él mismo, podríamos darnos por satisfechos con la puntualización de los temas cruciales y prefigurar algunas pistas que orienten el trabajo de estudio y formulación para los próximos años; por ejemplo: si el Estado de Bienestar es compatible con el sistema de acumulación capitalista o su más peligroso enemigo.

Después, hay dos temas que sí deberían y podrían ser abordados y resueltos en el próximo Congreso.

Primero, la estrategia política de oposición y las relaciones del Partido con las otras fuerzas de la izquierda y los nacionalistas, tanto para ejercer la oposición, establecer acuerdos de gobierno en los diferentes niveles institucionales y avanzar en el proyecto de reforma constitucional.

En segundo lugar, la actualización de la organización y sus formas de actuación a lo interno y externo del Partido. Deme licencia el lector para señalar algunas propuestas sin ánimo de ser exhaustivo ya que el tema merece, al menos, un próximo artículo. Ampliar los ámbitos de decisión a las bases y simpatizantes, teniendo en cuenta la conveniencia de encontrar fórmulas que eviten o superen la oposición de legitimidades de origen, entre democracia directa y representativa. Ampliación, a los órganos de dirección, del principio de incorporación de miembros provenientes de candidaturas minoritarias tal como rige actualmente para los órganos deliberativos. Incorporar el método de listas cerradas y no bloquedas. Y para posibilitar, de forma real, la militancia  activa de acuerdo con los medios digitales disponibles por la organización y en consonancia con las prácticas de comunicación y expresión habituales de afiliados y simpatizantes, abandonar el autoengaño de las Organizaciones Sectoriales y equipararlas –en voz y voto– con las Organizaciones Territoriales.

Permítame el lector una pequeña digresión. Quienes consiguieron mayoría en aquel Comité Federal, de cuya fecha mejor no acordarse, circunscribieron públicamente su disenso en la estrategia impulsada, en aquel momento,  por el último Secretario General. Si bien esto es cierto, tengo para mí que se escenificó – sin una intención premeditada – la confrontación entre un poder federal creciente y unos poderes territoriales que venían sintiéndose desplazados y produjo una polarización basada en la referencia de dos legitimidades diferentes.

Hemos escuchado y leído que uno de los problemas, más importantes, es la falta de un liderazgo fuerte, ganador, convincente. Pero sin aclarar a qué liderazgo se refieren, como si la tradición de estos últimos cuarenta años de unificación de la Secretaría General del Partido con la Candidatura y ejercicio – llegado el caso – de la Presidencia del Gobierno, esté exenta de mácula y sólo hubiéramos cosechado éxitos. Permítanme citar algunos inconvenientes observados.

La erección de un híper liderazgo personal que termina subordinando al Partido – de arriba abajo – desde su poder institucional y orgánico y las plataformas mediáticas a su disposición. En el Gobierno o en la Oposición parlamentaria el Líder logra actuar convirtiendo al Partido en mero palmero limitado a festejar los logros o justificar los errores o fracasos. Sobrados ejemplos perduran en la memoria  que eximen de hacer aquí un recuento.

Si debemos sacar enseñanzas de la experiencia, este es un tema que requiere un serio análisis y dar el paso para poner en el centro al Partido. Sin Partido que juegue el papel insustituible de mantener el contacto estrecho con la realidad social y política, en un mundo cambiante, con una mirada despierta e inteligente para hacer el análisis crítico de esa realidad, esté en el gobierno o en la oposición, los trabajadores y ciudadanos que apoyan o ponen sus esperanzas en el socialismo no pueden depender de la capacidad de acierto o error de un Líder. El Partido debe ser garantía de coherencia y firmeza.

Pero además, la crisis política y orgánica del PSOE que comienza con la derrota electoral de 2011 y no ha hecho más que agravarse,  requiere la elección de una persona con capacidad probada para encauzar la difícil tarea de construir posiciones ideológicas y políticas comunes, estructuras orgánicas renovadas y propiciadoras de participación colectiva que sean percibidas como propias por el último militante, y establecer los puentes y complicidades imprescindibles para lograr un nuevo sentimiento de compañerismo y lealtades mutuas. No son tiempos para improvisaciones o designación de líderes en “prácticas”.

La tarea a la que se enfrenta el PSOE excede largamente un mero trabajo de costura y sería un buen comienzo comprender que, al menos, los principales proto-candidatos en pugna, manteniendo la unificación de liderazgos, aportan mayores obstáculos que soluciones.

Este cambio de paradigna no necesita resoluciones congresuales, con el convencimiento basta.

Crisis del PSOE ¿por qué no empezamos por el principio?