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martes. 16.08.2022

Los gudaris son trileros

El vano intento de ETA de controlar el mal llamado proceso de paz mediante un goteo de comunicados que sigan produciendo...

El vano intento de ETA de controlar el mal llamado proceso de paz mediante un goteo de comunicados que sigan produciendo titulares de prensa, se ha devaluado por la sucesiva inanidad de lo que han venido comunicando.

Salvo para sus seguidores y los socorristas, que celebran como la inapelable profecía de un oráculo cada comunicado, hace tiempo que se acabaron las expectativas ante los anuncios de ETA. La táctica de anunciar que en breve ETA iba a comunicar algo que luego resultaba intrascendente, ha generado el lógico cansancio entre quienes no son sus partidarios.

ETA nació con el propósito de liberar el País Vasco con la fuerza de las armas, derrotando a dos estados, España y Francia, y lo que surgió como embrión de una epopeya popular derivó en un drama sangriento que ha durado 50 años; después, el drama se ha convertido en una farsa y esta ha degenerado en esperpento. Porque es un esperpento imaginar que la fallida epopeya puede tener el final de un serial televisivo, en el que, agotada la imaginación de los guionistas, se alarga la duración con la intención de seguir entreteniendo a una audiencia que se cree permanentemente fiel.

El que esperamos sea último capítulo de una infausta serie ha puesto en claro la crisis de creatividad de sus autores, y el episodio “rodado” hace dos días en un ignoto lugar de Francia es una prueba de su poca seriedad.

El exiguo escenario doméstico contrasta con la trascendencia que se quería dar al acto de la primera entrega de armas con la presencia de los verificadores extranjeros (lo hicieron mejor los poli-milis), y la secuencia de la verificación fue de una cutrez sublime: dos encapuchados muestran unas pocas armas en una mesa a los verificadores, a los que les entregan un inventario de las armas que se van a neutralizar; los verificadores firman el albarán y se marchan, y los etarras se quedan con las armas. Patético.

Produce sonrojo que Urkullu, que no es un cualquiera, se preste a avalar esta majadería. Otra cosa es que a la izquierda abertzale le parezca bien, como le parece bien todo lo que ETA hace y deshace, para eso está. Pero el PNV debería exigir al guionista, al director y a los actores de este chusco episodio que se dediquen a otra cosa y que acepten lo irremediable: que lo que nació como el embrión de una guerra popular contra dos estados ha terminado con la derrota de sus promotores.

Los gudaris son trileros