miércoles 16.10.2019

El sur de Europa y su mercadocracia

El sur de Europa vive en la mercadocracia, un sistema político que mantiene los formalismos aparentes de la democracia...

Una de las consignas más célebres del 15-M, también recogida por algunos políticos y articulistas, fue la definición del actual sistema político en el sur de Europa como una mercadocracia en la que el poder es ejercido -de manera indirecta y por poderes interpuestos- por los mercados, ente que englobaría a las grandes corporaciones que financian a los Estados a través de la compra de su deuda pública. Los mercados serían, así, las entidades financieras, fondos de inversión, compañías aseguradoras y grandes empresas que concurren en el mercado internacional de deuda pública, comprando los títulos que emiten los Estados necesitados de financiación adicional para sufragar el gasto público que no pueden atender con sus ingresos habituales.

¿Cómo se habría llegado a imponer la mercadocracia en el sur de Europa? La secuencia de los hechos creo que puede explicarse de la siguiente manera:

- La crisis de deuda pública que asoló Europa, como una derivada más de la Gran Recesión de 2008, fue en gran parte consecuencia de las inmensas ayudas que prestaron algunos Estados a sus bancos, ahogados por la inmensa deuda privada que tenían contraída, especialmente con otras entidades financieras extranjeras, provocando el riesgo de colapso del sistema financiero internacional, pues todo él está interconectado y de todo él depende la actividad económica. El órdago que lanzaron las grandes entidades financieras europeas a sus gobiernos consistía, básicamente, en recuperar toda o gran parte de la deuda que habían contraído con ellas otras entidades financieras menores e incluso gobiernos y administraciones públicas en algunos países, muy especialmente en el Euro-Sur (Grecia, Italia, Chipre, España, Portugal…).

- Este órdago encontró rápidamente la comprensión de los gobiernos de aquellos países cuyas entidades financieras habían prestado muchísimo dinero a otras entidades y gobiernos y que ahora veían con preocupación el riesgo de no cobrar, lo que podría provocar la quiebra de dichas entidades y, por ende, la quiebra de los sistemas financieros de esos países acreedores, básicamente englobados en el área del Euro-Norte  (Alemania, Finlandia, Holanda, Austria…). Rápidamente, en el seno de la Eurozona se pusieron de acuerdo esos gobiernos de países acreedores  para armonizar, junto a sus entidades financieras más relevantes, unas políticas que obligaran a los gobiernos de los países deudores del Euro-Sur a pagar no solo la deuda pública que habían contraído con las entidades del Euro-Norte sino incluso a asumir parte de la deuda privada. Ese acuerdo llevaba implícito, además, el rechazo a cualquier auditoría de la deuda que pusiera en cuestión la legitimidad de la misma, obligando a los países deudores del Euro-Sur a pagarla sin cuestionarla, aunque se hubiera contraído saltándose todos los controles políticos y bancarios pertinentes. La estrategia que se puso en marcha para salvaguardar el cobro de esa inmensa deuda tenía dos mecanismos: recorte de los déficits públicos (es decir, ahorro del gasto público paga pagar intereses y capital de la deuda ya contraída, objeto de riesgo de cobro) o rescates financieros (es decir, nuevos préstamos a los países deudores para pagar las deudas ya contraídas y las nuevas que generaban los rescates). El zarpazo depredador del norte de Europa provocaría desgarros en el sur; una vez más en la Historia, el sur de Europa sería sometido por el norte.

- Claro que, en los nuevos tiempos democráticos que corrían por Europa, había que buscar fórmulas que consiguieran la sumisión de los gobiernos y parlamentos del Euro-Sur deudor a las condiciones leoninas que imponía el Euro-Norte acreedor. Y esa fórmula se encontró en el pacto tácito que sellaron los gobiernos del Euro-Norte con sus propias entidades financieras acreedoras, pacto bendecido por las instituciones comunitarias implicadas en el asunto (Comisión Europea y Banco Central Europeo), así como por el Fondo Monetario Internacional, instituciones todas ellas cómplices de los gobiernos y bancos del Euro-Norte para poner en marcha la segunda parte de la estrategia depredadora (los rescates) si no se devolvía la deuda por el mecanismo de la reducción de los déficits públicos.

- Toda esta estrategia del cobro de la deuda implicaba la injerencia en la soberanía económica (y por lo tanto, también en la política) de los Estados deudores del Euro-Sur. Aquí venía la segunda parte de la fórmula de la sumisión: o se convencía a los gobiernos o se los cambiaba. Así, gobiernos y bancos del Euro-Norte, junto con la troika (CE, BCE y FMI), desplegaron la estrategia del acoso y derribo a los gobiernos del Euro-Sur reacios a entender la solución financiera que se les imponía, solución que arreglaría la vida a gran parte de los acreedores pero que sin duda provocaría la ruina y exclusión de miles de ciudadanos por muchos años venideros.

- De esta forma, el conglomerado depredador Euro-Norte/Troika expulsó a Papandreu del Gobierno griego cuando quiso consultar a su pueblo los términos del rescate financiero e impuso al tecnócrata Papademos como primer ministro. Así, también el conglomerado depredador Euro-Norte/Troika expulsó a Berlusconi del Gobierno italiano, imponiendo al tecnócrata Monti como primer ministro y a todo un Gobierno de consejeros de grandes empresas italianas. Con España y Portugal no hicieron falta tales recursos porque coincidieron en el tiempo elecciones legislativas que tumbaron sendos gobiernos socialdemócratas y llevaron al poder a sendos gobiernos conservadores a los que no hacía falta convencer por las malas de las políticas para el pago de sus deudas públicas y privadas. Estos gobiernos conservadores cumplirían a rajatabla las imposiciones del conglomerado depredador Euro-Norte/Troika pues, al fin y al cabo, su ideología política era la que natural e históricamente representaba los intereses de las clases sociales más favorecidas por las grandes corporaciones bancarias y empresariales.

- Efectivamente, se había impuesto la mercadocracia que denunciaba el 15-M. A través de gobiernos y parlamentos dóciles o a través de golpes de mano (golpes de Estado encubiertos para algunos) se imponía en el sur de Europa un nuevo sistema político que consistía en la transferencia de soberanía económica (y, por lo tanto, política) a unos entes, los mercados, que por seguir financiando a los Estados deudores se arrogaban el derecho de  dictar a sus poderes representativos las medidas y reformas estructurales que tenían que acometer en sus países. Esos dictados se leen entre las líneas de las publicaciones que despliegan instituciones oficiales y grandes medios de comunicación, con lo que se teatralizan recomendaciones y consejos allá donde solo hay directrices y amenazas. El semblante de Zapatero en el Congreso en mayo de 2010 o el consejo que el vicepresidente norteamericano, Joe Bien, le dio en visita oficial (“ofrece sangre a los mercados”) son pruebas evidentes del efectivo poder fáctico que ejercen los mercados en el sur de Europa. Lo reconoció Duran i Lleida en una entrevista: “estamos en manos de los mercados”.

La mercadocracia es un sistema a medio camino entre la democracia parlamentaria y el régimen autocrático. En este último, una sola persona, un solo grupo o un solo partido controla el poder político, sin límites, sin derechos fundamentales y sin participación política del pueblo. En la democracia parlamentaria el poder se alterna entre partidos y se limita, se garantizan derechos fundamentales y se convoca al pueblo a sufragios periódicos para elegir al Parlamento, del que emanan el Gobierno y las leyes. En la mercadocracia se mantienen los formalismos de las democracias parlamentarias pero las decisiones fundamentales de política económica, que condicionan todas las demás, se supeditan a los intereses de las grandes corporaciones (nacionales o extranjeras) que financian al Estado a través de la compra de su deuda pública. Y esa supeditación se evidencia en la constante puerta giratoria que se mantiene abierta entre los sillones del Consejo de Ministros y los sillones de los Consejos de Administración de las grandes empresas y bancos que controlan la macroeconomía del país. En la mercadocracia da igual qué partido gobierne pues siempre lo hará alguno que comprenda a los mercados; de colocarlo en el Gobierno o de expulsarlo ya se encargarán los grandes medios de comunicación, que también evitarán la llegada al poder de partidos anti-sistema, desplegando grandes campañas que desprecien o silencien a quienes ofrezcan directrices económicas distintas a las actuales, que son las que sostienen el sistema, del que los grandes medios y los grandes partidos dependen.

El sur de Europa vive hoy en la mercadocracia, un sistema político que mantiene los formalismos aparentes de la democracia pero que toma las decisiones trascendentales de espaldas al pueblo, en contra de sus intereses generales, reduciendo derechos y prestaciones para pagar una deuda ilegítima a los acreedores internacionales, aunque en ello se vayan las vidas de una  juventud sin futuro, de una clase trabajadora pobre, de una clase media estancada y de una tercera edad que envejece antes de tiempo por ayudar a sus hijos y nietos. De todo esto es de lo que tendría que hablarse en las próximas elecciones europeas. Quien no lo haga estará engañando otra vez al pueblo y quienes no formulen una alternativa al poder de los mercados en el sur de Europa seguirán siendo cómplices de los mismos y representando una obra teatral para la que fueron convenientemente aleccionados, convencidos o financiados.

El sur de Europa y su mercadocracia