La iniciativa en torno al profesor Pablo Iglesias pone de manifiesto la necesidad que sigue habiendo de una alternativa electoral de izquierda social...

La noticia de la posible candidatura al Parlamento Europeo del profesor, presentador y contertulio Pablo Iglesias (qué ironía la del destino en su nombre) ha corrido como la pólvora en pocos días, avalada por la presentación del manifiesto “Mover ficha: convertir la indignación en cambio político”, firmado por intelectuales, periodistas y activistas sociales y políticos. El viernes 17 por la mañana está prevista la rueda de prensa de los promotores para concretar su apuesta por una candidatura ciudadana, abierta y participativa, que debe contar con el impulso inicial de 50.000 firmas. Entre las propuestas iniciales quizá la más llamativa sea la renuncia a contar con financiación bancaria, fiándola toda a la colaboración popular, aunque quizá la que arranque más adhesiones sea esa promesa de contar con la gente, con la ciudadanía, para elaborar el programa y la propia candidatura. También es atractiva la pretensión unitaria de dicha convocatoria con toda la izquierda política y social y quizá sea éste el objetivo buscado más que la propia candidatura en sí misma.

Pablo Iglesias no está solo en esta aventura; le acompañan otros profesores e intelectuales como Juan Carlos Monedero, Jaime Pastor o Iñigo Errejón y, seguro que si se concreta la apuesta por la candidatura, otros profesionales y activistas se sumarán a la iniciativa, una iniciativa ansiada por esa ciudadanía de izquierdas social y política que no se encuentra representada actualmente por los dos grandes partidos progresistas, PSOE e IU. Precisamente, la iniciativa de Pablo Iglesias que, si no me equivoco, se enmarca en el proyecto “Podemos, que decida la gente”, ha levantado suspicacias en el entorno de IU por la posible división que generaría en el voto de izquierdas.

También ha levantado suspicacias la reciente promoción que La Sexta ha dado a Pablo Iglesias en sus tertulias; son muchas las voces que sospechan que esa promoción busca, precisamente, la fragmentación y dispersión del voto de izquierda para que IU no llegue a sobrepasar al PSOE. Esta teoría, de ser cierta, presupondría que La Sexta conocía las intenciones de Iglesias o que, incluso, habría sido La Sexta quien lo habría convencido para que se presente a las elecciones europeas. Lo cierto es que los grandes partidos europeos tienen miedo a estas elecciones porque saben que la circunscripción es única, nacional, y por tanto los escaños se obtienen en proporción directa al número de votos que reciben, superado el límite porcentual para entrar en el recuento. Y saben, también, que esta circunstancia será aprovechada por el electorado para asestar un voto de castigo a los partidos que siguen el dictado de las políticas neoliberales de austeridad marcadas por Alemania y la troika (CE, BCE, FMI).

Sea como fuere, ¿cómo se ha llegado al paso adelante que da Pablo Iglesias y su entorno? Por el insoportable cansancio y agotamiento que esa izquierda social y política alternativa lleva acumulando desde el inicio de la crisis al ver cómo se estrellan contra el suelo sus proclamas a la unidad de la izquierda anti-troika. En abril del año pasado demandaba yo aquí mismo la formación de un frente amplio de izquierdas anti-neoliberal que partiera de las reuniones al más alto nivel de los dirigentes de los principales partidos de izquierda, estatales y autonómicos. Decía entonces que era urgente una “platajunta” como la que se formó al final de la dictadura franquista, con la salvedad de que ahora solo aglutinara a la izquierda alternativa, social y política. Y como yo, otros muchos y otras muchas organizaciones vienen reclamando ese “frente popular” desde hace años, ese frente amplio anti-neoliberal sin exclusiones. La última iniciativa a ese respecto, Suma, la gente primero, que también alentaba yo aquí mismo hace dos meses, se estanca ante la inercia de las grandes formaciones a imponer a las pequeñas sus procedimientos  y puntos de vista. Ha habido otras iniciativas, por supuesto, y todas desde la base, desde abajo; quizá por eso mismo no ha cuajado ninguna, quién sabe.

En mi opinión, la iniciativa en torno al profesor Pablo Iglesias pone de manifiesto dos cosas: la necesidad que sigue habiendo de una alternativa electoral de izquierda social y ciudadana, y el fracaso de la izquierda política para encauzar esa misma demanda. Para mí, son culpables los dirigentes de todos los partidos a la izquierda del PSOE de ese fracaso, pues ante un momento histórico como el que vivimos, similar al de 1931, esos dirigentes de izquierda han sido incapaces de anteponer los intereses de la ciudadanía castigada a sus propios intereses, que no son otros que incrementar la representación parlamentaria de sus partidos que anuncian unas y otras encuestas. Al final, el sufrimiento de la mayoría sucumbe ante el electoralismo de unas élites políticas que siguen sin escuchar al pueblo y creen que la crisis política, con el consiguiente cambio de paradigma, no va con ellos.

La mayoría de los partidos de izquierda no quieren asumir la dirección de un cambio de rumbo, se conforman con la ruptura del bipartidismo y el reparto de las migajas que les toque. Esa es la percepción mayoritaria que tiene hoy la izquierda social y ciudadana, quizá la izquierda más abstencionista. E iniciativas como la del profesor Iglesias y su entorno nos animan a creer en opciones que den voz a la mayoría que grita “no nos representan” o “lo llaman democracia y no lo es”, que den altavoz a ese resto del 99% que está sufriendo lo peor de la crisis y sus soluciones neoliberales. Las elecciones europeas nos brindan la oportunidad de votar lo que queramos, lo que realmente deseemos, lo que pensemos que mejor nos representa, pues son las únicas elecciones con circunscripción única estatal y, por tanto, podemos en ellas manifestar nuestro voto sincero y no nuestro voto útil. Quizás en el resultado se aprecie ese castigo a los partidos que no se enteran de nada o que solo toman nota.

Lo que resulta seguro es que Pablo Iglesias y sus compañeros de viaje tendrán que prepararse para recibir las críticas de quienes los tachen de oportunistas y populistas, acusándolos de querer pescar en río revuelto para aprovecharse del voto de castigo y, así, conseguir algún escaño en Bruselas que les permita vivir de la política durante un tiempo. E incluso es posible que la iniciativa del profesor Iglesias solo busque dar un toque de atención a esos partidos de izquierda que apenas acusan recibo del descontento social y no llaman a la rebelión ante los millones de parados, cientos de miles de desahuciados, millones de pobres, cientos de miles de jóvenes sin futuro, miles de exiliados económicos, etc. Si el anuncio de la candidatura encabezada por Pablo Iglesias fuera el aldabonazo que hacía falta para que la izquierda política formara un frente amplio y unitario, ya habría conseguido lo que muchos llevamos años clamando en el desierto. Así que, aunque solo sea por esa ilusión o esperanza, bienvenida sea la iniciativa. Y a quienes azuzan con el miedo a la fragmentación del voto de izquierda, que dirijan sus quejas y gritos a sus dirigentes, que son los principales responsables de esa fragmentación, junto con la ley electoral.