Martin Schulz en el congreso del SPD. (Foto: Twitter)
Martin Schulz en el congreso del SPD. (Foto: Twitter)

Cuando se ajuste un poco más el pacto de coalición y la cuarta legislatura de Merkel comience su andadura, con la extrema derecha dando guerra en el Bundestag, los votantes socialdemócratas entenderán el desafío al que se vieron abocados sus dirigentes

Finalmente, los delegados al congreso del SPD alemán han apoyado el preacuerdo de coalición con la Unión conservadora (CDU-CSU) que llevaría a la canciller Angela Merkel a gobernar Alemania por cuarta vez consecutiva. A pesar de haber prometido en campaña electoral lo contrario, el dirigente socialdemócrata Martin Schulz se arriesgó a negociar con Merkel una tercera coalición gubernamental, a pesar de la sangría de votos que le costó en las elecciones de septiembre, cosechando el peor resultado desde la II Guerra Mundial. Desde nuestras latitudes cuesta entender un compromiso así, por la tradición cainita de nuestra política, pero en la sociedad germana arraigó la cultura del pacto tras la crisis de la República de Weimar, que llevó a los nazis al poder, con las nefastas consecuencias que tuvo para el mundo entero.

Así, la canciller Merkel intentó primero la Coalición Jamaica con los liberales y los verdes pero, al poco, esta propuesta fracasó. Y, antes de darse por vencida, planteó la posibilidad de reeditar una tercera coalición con el SPD, a pesar de haber prometido éste en campaña electoral que no volvería a gobernar con la CDU-CSU. Quizás Angela Merkel se hubiera arriesgado a gobernar en minoría de no tener en el Bundestag a un grupo parlamentario de extrema derecha como Alternativa para Alemania (AfD) que se ha convertido en el tercer grupo en la cámara baja con 94 diputados. Creo que éste es el factor que condicionó a la canciller a intentar de nuevo una coalición con el SPD pues, de lo contrario, hubiera tenido que gobernar haciendo malabarismos con socialdemócratas, liberales, izquierdistas y verdes, ofreciendo una inestabilidad parlamentaria que habría hecho las delicias de la extrema derecha, lo que habría ahondado en el desprestigio de las instituciones democráticas y ralentizado la acción gubernamental, escenario predilecto para las críticas de AfD al sistema y a la Unión Europea, críticas que hubieran recordado en exceso a las de los nazis a la República de Weimar. Ante este panorama, la otra opción era convocar nuevas elecciones, abocando al electorado, quizás, a una opción mayoritaria de derechas que hubiera obligado a la canciller a pactar, precisamente, con AfD, lo que habría llevado a la extrema derecha al gobierno de la primera potencia de la Unión Europea. Impensable…

Así, pues, creo que la clave de la reedición de la Gran Coalición en Alemania (CDU-CSU-SPD) está en el miedo político a la debilidad o a lo desconocido, pues ya sabemos cómo se las gasta últimamente el electorado europeo cuando se le pone a prueba en situación límite. Ese miedo era, además, convenientemente azuzado por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, revestido ahora de liderazgo para refundar Europa junto a la canciller alemana, pretensión que ha expresado desde que accedió al Elíseo. El tándem MM (Macron-Merkel o Merkel-Macron) era la mejor candidatura para que, una vez más, los buques insignia de la UE, Alemania y Francia, se pongan al timón de la nave europea. Todas las declaraciones de Macron iban en ese sentido y daban por hecho que la refundación de Europa sólo podía venir de su mano y de la de Merkel y, quizá sólo por eso, la canciller alemana ha preferido gastar su último cartucho: negociar una tercera coalición con el SPD a sabiendas de que dicha coalición supondrá esfuerzos y sacrificios para ambos socios de gobierno que, seguramente, tendrán consecuencias electorales dentro de cuatro años.

Creo que todos, comenzando por el líder del SPD, Martin Schulz, han estado a la altura del reto que se les presentaba y, seguramente, la apuesta por una refundación de Europa ha pesado más que otra circunstancia en el ánimo de Schulz para contradecir su promesa electoral, pues él ha sido presidente del Parlamento Europeo y se le presupone un europeísmo que, quizá, les falte a otros dirigentes socialdemócratas alemanes y a las Jusos, las juventudes del partido, que se han opuesto firmemente a la tercera coalición con la Unión conservadora. Una vez conocido el resultado del congreso del SPD, apoyando el preacuerdo de gobierno con la CDU-CSU por un margen respetable del 56% -que algunos medios tildan de ajustado-  falta ahora perfilar dicho preacuerdo para concordarlo a las demandas que, sin duda, exigirán las militancias de dichos partidos, especialmente la del SPD, que tendrá que ratificar dicho acuerdo en una consulta interna dentro de unas semanas. Sin embargo, yo creo que cuando se ajuste un poco más el pacto de coalición y la cuarta legislatura de Merkel comience su andadura, con la extrema derecha dando guerra en el Bundestag, los votantes socialdemócratas entenderán el desafío al que se vieron abocados sus dirigentes.

Aquí en España lo vemos de otra manera, pero si equiparamos la amenaza de la extrema derecha germana a la ruptura de la convivencia democrática con la amenaza rupturista del independentismo catalán a dicha convivencia, ¿a que se entienden mejor los argumentos a favor de una gran coalición entre PP y PSOE que llevan tiempo esgrimiendo algunos pesos pesados de dichos partidos? Leyendo la última entrevista que concedió el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, a El País, en la que decía que se veía gobernando con ministros de tendencia conservadora y progresista, pensé que dicha gran coalición ya estaba en la imaginación de algunos y que, más pronto que tarde, asistiremos a una pinza informativa de algunos medios abonando el terreno para tal idea, favoreciendo a Ciudadanos y a su líder para que en torno a ellos, si el resultado electoral lo permite, se forje dicha gran coalición con ministros representativos del PP y del PSOE, junto a otros de Ciudadanos, claro está. Así, se produciría la tan esperada renovación de la fachada del edificio del sistema liberal que nos gobierna y que se encadenaría a esa refundación europea que anuncian Macron y Merkel.

Hoy, Albert Rivera es el niño mimado de los grandes medios liberales, como antes lo fue Pablo Iglesias de los medios progresistas. Sin embargo, la depuración de errejonistas a la que Iglesias sometió a Podemos, hace de éste un partido más antipático al neoliberalismo y al social-liberalismo que manejan los hilos de las democracias representativas y las economías capitalistas y, por tanto, cualquier refundación del sistema tendrá que hacerse desde dentro y no desde fuera. Y Albert Rivera y Ciudadanos son la mejor opción para esa estrategia de mercado electoral, por lo que vamos a ver cuánto tardan los grandes medios en planificar una campaña mediática, sutil y delicuescente, para influir en el voto de los “ciudadanos” para que esa gran coalición soñada por algunos se haga realidad, precipitada por un resultado electoral que sitúe a Ciudadanos como director o forjador de un gobierno de salvación nacional que conjure el peligro del independentismo catalán a la unidad de España. El resultado electoral de Ciudadanos en Cataluña puede extenderse al resto de la España nacionalista y, por ende, provocar un considerable trasvase de votos del PP y del PSOE a Ciudadanos que lleve a Albert Rivera a La Moncloa o, al menos, que lo sitúe como eje vertebrador de un entendimiento a tres, el tripartito de la rojigualda (PPSOEC’S) que ya anuncié en mi anterior artículo Parlem, que ja va sent hora. En los próximos dos años, la Gran Coalición germana y el tándem Macron-Merkel serán, sin duda, un gran acicate para ese tripartito entre PP, PSOE y C’S, que irán moldeando convenientemente los grandes medios de comunicación liberales.