martes. 05.03.2024

Los expertos

Al principio fueron “los mercados” y “los inversores”. Nuestra suerte estaba echada. Nuestras vidas, de repente, ya no dependían de nosotros mismos.

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La tarea de estos “expertos” parece ser la de maquillar las zonas más feas y magulladas de la realidad. Lo importante para ellos son las estadísticas, los números globales, y de ahí, por ejemplo, que a algunos se les haya ocurrido (en concreto a los del FMI) que la solución al paro juvenil sea la de bajar el salario mínimo

Al principio fueron “los mercados” y “los inversores”. Nuestra suerte estaba echada. Nuestras vidas, de repente, ya no dependían de nosotros mismos. Acabábamos de descubrir que todo lo que habíamos conseguido, creíamos, con nuestro trabajo, pero también con el esfuerzo y el sacrificio de tanta gente que desde los estertores de la dictadura había luchado por nuestros derechos para construir una sociedad justa y libre, en realidad, no nos pertenecía. Se lo debíamos a ellos, a esos entes de la economía financiera de los que hasta entonces apenas habíamos oído hablar y que ahora eran los dueños de nuestras vidas. Resulta que todo eran concesiones, caprichos que ya no nos podíamos permitir, que estaban muy por encima de nuestras posibilidades: que todo el mundo ganase un sueldo digno por su trabajo, un sistema educativo basado en la igualdad de oportunidades, un sistema de salud público y universal, una justicia ciega, al servicio de todos los ciudadanos… ¡pero qué nos habíamos creído! “Los inversores” no estaban contentos, pedían sacrificios, y para satisfacerles, el gobierno debía desbaratar todo lo logrado hasta el momento. Los derechos están muy bien, nos dijeron, pero alguien tiene que pagarlos. Todo es mercancía, todo se compra y se vende, la realidad como una dimensión más de la economía.

Ahora que el deterioro de nuestras vidas es patente, que los derechos de los trabajadores han sufrido un retroceso de décadas, que la justicia hay que pagarla, que la sanidad pública, tras años de recortes y privatizaciones, se ha precarizado y ha dejado de ser universal, que la Iglesia Católica vuelve a hacerse fuerte en las escuelas públicas (a partir del próximo curso, los alumnos de Primaria volverán a rezar en clase de Religión) y que, como acabamos de saber, el sistema universitario español es insostenible… Ahora que todo parece irse definitivamente a la mierda, digo, llega el turno de “los expertos”.

La tarea de estos “expertos” parece ser la de maquillar las zonas más feas y magulladas de la realidad. Lo importante para ellos son las estadísticas, los números globales, y de ahí, por ejemplo, que a algunos se les haya ocurrido (en concreto a los del FMI) que la solución al paro juvenil sea la de bajar el salario mínimo. ¡Pero cómo no lo habíamos pensado antes! Si la gente estuviera dispuesta a trabajar gratis, no habría tanto paro, ¡y problema solucionado!

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