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viernes. 09.12.2022

Estabilidad dominguera

Mientras Hacienda persigue con denuedo a nuestros escritores jubilados, lleva al límite de la flexibilidad rotuliana el arte de la genuflexión ante la infanta Cristina.

Mientras Hacienda persigue con denuedo a nuestros escritores jubilados, lleva, sin embargo, al límite de la flexibilidad rotuliana el arte de la genuflexión ante la infanta Cristina (muy nuestra también) y su caso Nóos. Al mismo tiempo, nuestro actual presidente en funciones clama al cielo por un gobierno estable mientras su partido político se tambalea y se hunde cada vez más en la inmensa letrina de corrupción en que ha convertido España (¡su gran aportación en obra pública!). Por si no tuviésemos bastante, algunos de nuestros ilustres expresidentes se han bajado estos días de su carrusel de puertas giratorias para sumarse a esta petición de estabilidad ante la gran amenaza “rasta 3.0” de Podemos. Entretanto, a nuestros toreros les ha dado por fotografiarse toreando con niños en brazos, lo que, sin lugar a dudas, refuerza la imagen de una España de lo más estable. Ya solo falta que algún obispo de untuosas maneras se suba al púlpito político y exija que Pablo Iglesias se someta a un exorcismo.

Hace unos días Manuel Vilas decía en una entrevista que un país sin escritores profesionales “acaba pagándolo con un déficit cultural”. Y añadía: “Un país que genera escritores domingueros va a tener una literatura dominguera… Y eso es malo, como sería malo que los cineastas fueran cineastas domingueros”. Y lo cierto es que para nuestros gobernantes, la cultura no deja de ser una actividad de lo más dominguera, y a veces tan molesta como esas caravanas que se forman cada domingo de verano a la vuelta de la playa. Aunque, pensándolo bien, también la propia política debe de parecerles una tarea dominguera, de la que solo se ocupan durante el tiempo libre que les dejan sus negocios privados, sus consejos de administración y, en general, todos sus trapicheos.

Así pues, esta es la estabilidad que España necesita, la de una gran siesta de domingo, la que llevamos echándonos cuatro años. Ahora nos despertamos somnolientos y nos encontramos con todo cerrado, el trabajo, la educación, la cultura, en ocasiones, incluso nuestra propia casa (la sanidad sigue abierta, de momento, gracias al esfuerzo de muchos profesionales y mareas ciudadanas que supieron mantenerse despiertos y enfrentarse al subrepticio plan privatizador del PP)… pero que nadie se preocupe, con nuestra estabilidad dominguera, los toros y el fútbol están garantizados. Todo muy de aquí, todo muy nuestro.

Estabilidad dominguera