domingo 26/9/21

En defensa de las musarañas

musaraña

Descansar, no hacer nada, pensar en las musarañas… son también actividades muy enriquecedoras, sobre todo después de pasarte seis horas diarias en el instituto

Mis hijos siempre han estudiado en colegios públicos. En los de verdad. Si hay algo que he podido transmitirles, no sé si con la suficiente fortuna, es la importancia que para mí tiene la educación pública en una sociedad democrática que aspira a la igualdad de oportunidades. Sin embargo, es una quimera. Ni siquiera entre los propios colegios públicos se da esta igualdad, ni en la calidad de la educación ni en las instalaciones y servicios que ofrecen a los alumnos. Hay padres capaces de hacer cualquier cosa con tal de que a sus hijos les den plaza en esos dos o tres colegios que marcan la diferencia, por no hablar de los concertados, otra liga… grandes patios cubiertos y al aire libre, salones de actos, estupendos comedores y todo por el mismo precio, a pesar de ciertos gastos extraordinarios (comedor, autobús, uniformes y otras pequeñas costas) que todos confiesan pagar religiosamente y que algunos de estos padres dan en llamar, tal y como yo he escuchado, “impuesto revolucionario”.

No obstante, público o concertado, otro impuesto revolucionario continúa cobrándose el tiempo de nuestros hijos con la misma obstinación de siempre: los deberes.

El actual sistema educativo, después de tanta reforma y contrarreforma, continúa pareciéndose sospechosamente al de toda la vida. El mismo temario, aprendizaje de memoria, exámenes fiscalizadores y una forma de transmitir los conocimientos absolutamente desconectada del tiempo en que vivimos, incapaz de motivar o estimular lo más mínimo la inteligencia, la creatividad y el espíritu crítico de los alumnos. Los profesores deben de sacar adelante su temario y todo lo demás queda supeditado a este objetivo.

Y los deberes.

No me parece mal que mis hijos traigan, de vez en cuando, tareas para hacer en casa y así repasar los conocimientos adquiridos, sin embargo, la carga de trabajo con la que llegan algunos días y, sobre todo, fines de semana o vacaciones, es descabellada. Descansar, no hacer nada, pensar en las musarañas… son también actividades muy enriquecedoras, sobre todo después de pasarte seis horas diarias en el instituto.

Ahora llega una semana de vacaciones en la que todos tendremos que estar pendientes de los deberes a granel que se traigan en la mochila. Sinceramente, preferiría que dedicasen su tiempo libre a leer, y si esto fuese pedir demasiado, dejemos que se aburran, que se queden un buen rato mirando al cielo o al techo de su habitación. Tal vez así, nos salga algún novelista. 

En defensa de las musarañas