domingo 16/1/22

Manuela no usa bastón de mando

carmena2
Foto: Elvira Mejías

Llegó el turno de Guillermo Zapata -concejal de Ahora Madrid-. Se levantó, y el micro amplificó su voz: «Omnia sunt communia». Manuela Carmena, en ese momento presidenta de la mesa de edad, le pidió que repitiera la fórmula de la promesa, porque el secretario no la había entendido. Y Zapata dijo: «Omnia sunt communia... vamos, que prometo». Esa expresión latina, que significa «todo es común» o «todo es de todos», resume a la perfección el espíritu con que se inicia un nuevo tiempo histórico en el ayuntamiento de Madrid. Expresa la atmósfera de emoción que viví durante la sesión de investidura de la nueva alcaldesa. Lo que miles de madrileños esperamos del nuevo equipo de gobierno. El compromiso de los nuevos regidores de la capital.


En las grandes citas con la historia, momentos que en circunstancias normales no pasarían de ser rutinarios se convierten en mágicos, especiales, irrepetibles...  y eso fue lo que ocurrió en el salón de plenos. Hasta que llegó la votación. Sentí en ese instante cómo se extendía un silencio espeso en el edificio. Muchos contuvieron la respiración; otros fueron contando los votos uno a uno... pero los fantasmas del pasado estaban encerrados en las mazmorras de la historia. Ni rastro de los innombrables. Y antes de que se anunciara el resultado, se oyó una salva de aplausos y el grito de ¡Sí se puede! saludando la investidura de Manuela Carmena (29 votos, 21 para Esperanza Aguirre, 7 para Begoña Villacís). Un momento inolvidable, como sus primeras palabras: «Acepto el cargo con muchísimo gusto». Y las siguientes, hablando de tú a los compañeros concejales. Con la sencillez y la naturalidad de los grandes hombres y mujeres de la historia. Otro estilo. Adiós al envaramiento, al autoritarismo, a la prepotencia, al engreimiento. En este edificio megalómano se hablará de tú a tú. Con Carmena, la más vieja del lugar, el ayuntamiento se rejuvenece.

Y llegaron los primeros discursos. Begoña Villacís, con los nervios propios del debutante y torpe -torpe de vergüenza ajena- en la dicción, usando incluso la primera persona del plural -“haremos”, “priorizaremos”... como si fueran a gobernar durante los próximos cuatros años. Antonio Miguel Carmona, brillante en sus citas históricas, emotivo al recordar a Pedro Zerolo, constructivo en sus propuestas de futuro, con una hermosa frase de cierre: «Solo es capaz de realizar sus sueños quien, cuando llega la hora, está despierto». Rita Maestre, con su voz joven pero cargada de convicciones (“vamos a dejarnos la piel, con valentía y humildad”), aire fresco para una institución que necesita energía nueva y timón firme. 

Y llegó el turno de Esperanza Aguirre, artera desde el minuto uno, dando la vuelta al calcetín de la historia, a la expresión de la voluntad popular («2/3 de los madrileños están por el cambio moderado, 1/3 por el cambio radical»),  ridícula y anacrónica al mencionar al tripartito catalán, desfasando al afirmar que «la nueva alcaldesa se nos aparece llena de incógnitas, no conozco su ideología». En la atestada zona de prensa, resonaron las risas. Y en la tribuna. Y en las redes sociales. Varias veces. ¿Qué tipo de oposición será capaz de hacer, si es que la hace?

Y llegó el turno de Manuela, que apenas hizo caso al collar y al bastón de mando que el protocolo le adjudicó (y que se quedó en una bolsa del Real Madrid -puro azar- en manos del custodio de los atributos del alcalde, que así se llama el puesto de trabajo: «Queremos gobernar escuchando», empezó diciendo. Y añadió que su reto es «seducir a quienes no nos han votado». Y recordó que los miembros de la corporación son servidores públicos, al servicio de los ciudadanos. Y detalló cómo será su forma de hacer política, de presidir los plenos, de administrar lo público, de relacionarse con los funcionarios, con las empresas... Otra historia. Adiós, Ana Botella, qué infausto recuerdo dejas, y qué pronto vas a desaparecer de la memoria de una ciudad que respira hoy esperanzada, optimista, feliz.

«Todo es común». «Todo es de todos». El reto es grande, pero no tan grande como las ganas de cambio. Como la necesidad de un verdadero cambio, que coloque a Madrid donde merece y nos haga sentirnos orgullosos de nuestra ciudad. ¡Suerte, Manuela!

Manuela no usa bastón de mando