domingo 31.05.2020

Primarias abiertas, listas cerradas

Durante la Transición se construyó un sistema electoral que procuró beneficios para los partidos mayoritarios y los nacionalistas...

Hace ya más de 30 años que estudié Ciencias Políticas y Sociología. Sin embargo, todavía hoy, recuerdo a un profesor que, cuando nos explicaba las prolijas leyes electorales que había en el mundo, afirmaba que todas ellas suponían la quintaesencia de la política. Nos decía que eran prácticamente las únicas leyes netamente políticas. Básicamente, porque obedecen, sobre todo, a los intereses propios de los partidos. Algo así como que el que apunta y no gana es porque no le da la gana.

Así, durante la Transición Española se construyó un sistema electoral para las elecciones generales que procuró beneficios para los partidos mayoritarios y los nacionalistas vascos y catalanes que pactaban con ellos. El PCE, en esos años, se mostró partidario de colocar el 5% como barrera electoral en las municipales para evitar que entraran opciones de extrema izquierda en su espacio. En Navarra, el PSN rebajó el límite electoral al 3% para dar paso a otras opciones minoritarias que pudieran pactar con ellos versus UPN-PP. En el País Vasco, el PNV rebajó el límite por idénticos motivos. A pesar de estos blindajes, muchas veces, las normas electorales son rebasadas por la voluntad ciudadana provocando efectos no deseados a sus promotores. Así en Grecia, Syriza se ha aprovechado del plus de 50 diputados que otorga su ley electoral al primer partido y que esta opción rechazó y prometió revocar en su momento.

Pero quizás la medida electoral más protectora de los partidos españoles fue el establecimiento de un sistema de lista electoral cerrado y bloqueado. Cierto que se evitó el sistema mayoritario apostando por uno más plural y proporcional. Pero excepto en las elecciones al Senado, la ciudadanía que participa en las elecciones no tiene ninguna influencia en modificar el criterio que ha ordenado la dirección política correspondiente. Se trataba de fortalecer la jerarquía del partido, la del aparato. Justificada, en su día, por la debilidad de los mismos. Esto ha provocado una legión de personas muy coherentes; siempre lo que diga el Secretario General, sea quien sea y diga lo que diga.

Estamos en otro escenario. Los partidos se encuentran en plena catarsis, ante un Big Ban. Necesitan, de nuevo, legitimarse y vuelven a recurrir a la ciudadanía. De esta manera, muchas opciones políticas han incorporado, en su sistema interno de elección de candidatos, el procedimiento de primarias abiertas. Han propiciado que militantes y simpatizantes puedan participar directamente en la elección al número uno de la lista. Es más, algunos partidos han pedido que esta medida interna se plasme como exigencia para todos mediante ley; tal como en algunos países tienen. Muestran una clara voluntad de abrirse más allá de la vida interna de la organización. Han entendido el mensaje.

No obstante, se aprecia un cierto contrasentido, primarias abiertas y listas cerradas. El sistema de elección de representantes mediante lista cerrada y ordenada por los partidos debería abrirse. Es higiénico en términos de regeneración que los votantes a una opción determinada puedan también influir en el orden de elección de sus candidatos y candidatas. Mediante ello y junto con las Primarias, las personas candidatas se acercarían de una manera más decidida a la ciudadanía y menos al aparato que los nombra.

Los tiempos están cambiando, y los partidos deben abrirse, conectar mejor con la ciudadanía que les ha dado la espalda. Acercarse a ellos. No nos equivoquemos, si los partidos políticos no existieran, habría que inventarlos. Son consustanciales con el sistema democrático, dado que son organizaciones ciudadanas necesarias para canalizar las demandas sociales al ámbito institucional. 

Primarias abiertas, listas cerradas