miércoles 4/8/21

Soy ibérico, ¿a qué quieres que te gane?

Los portugueses nos quieren. Incomprensiblemente, pero nos aprecian. Y mira que les hemos dado motivos más que suficientes para evitarlo, enviando desde Castilla malos vientos y malos casamientos sin cesar y haciendo gala de un complejo de superioridad que roza el ridículo.

Pues hay un informe del Instituto Elcano en el que se refleja que, más o menos, siete de cada diez portugueses estarían a favor de una mayor integración política con España. No les parece descabellado estrechar lazos con los compañeros de península, esa balsa de piedra imaginada por Saramago en la que el roce de los náufragos hace el cariño. Igual que se asientan amistades eternas en los pisos de estudiante, aunque alguno se coma los tuppers de los demás, nuestros vecinos están dispuestos a tirar pelillos al Atlántico.

Imaginar una Federación con capital política en Lisboa, mirando hacia lo que pudo ser una  verdadera comunidad iberoamericana, convertiría a cierto poblachón manchego en un enclave idílico para vivir. Además de servir de excusa para remozar la Constitución y hasta diseñar un nueva bandera. Una posibilidad que, con justicia poética, situaría a los de la pegatina en el reloj del lado del nacionalismo separatista. Sólo por eso merecería la pena el cambio de colores patrióticos, con una previsible mezcla (rojo, amarillo, verde) de simpático aire rastafari y panafricano. Bueno, vale, o de semáforo. Es cierto, aquí flaquea un poco el argumento.

Pero el iberismo, como el Risorgimento o la Unificación alemana, ha tenido nobles y sólidos apoyos de toda la vida. Desde lo monárquico (con el ofrecimiento a Pedro I de Portugal de una corona única para gobernarlas a todas) hasta el estallido del entusiasmo federal y republicano en el XIX. En estos días, la unión política nos haría dar un salto de PIB y de peso relativo en la Unión Europea, por ejemplo. Por añadir otra ventaja, una federación de repúblicas ibéricas, como la invocada en su día por Macià, podría ser un encaje aceptable para el soberanismo en Cataluña o Euskadi.

Y si aún se precisara de una razón a favor definitiva, indiscutible, de esas que hacen callar hasta al más cuñado de los cuñados, también existe: a día de hoy, y tras encadenar tres victorias consecutivas, la Federación Ibérica sería la vigente campeona de la Eurocopa. Ahí lo dejo.

Soy ibérico, ¿a qué quieres que te gane?