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domingo. 25.09.2022

Las sorpresas del debate


Existe algo así como una escala de tolerancia a la sorpresa. Por debajo de un límite impreciso, nos aburrimos como adolescente sin móvil en la cola del Primark y hasta renegaríamos de la pérdida de tiempo y dinero que supondría haber pagado por, por ejemplo, asistir a un espectáculo previsible. Qué se yo, saber por anticipado en la tanda de penaltis de una final de la Champions quiénes van a marcar y quiénes mandarán el balón a la grada. Por el contrario, un desenlace inesperado, como la llegada de los títulos de crédito cuando tu superhéroe favorito cae derrotado ante el malo de la película, puede resultar una vez, pero a la larga no funcionaría. O eso piensa Hollywood.

En esta escala malamente esbozada, los debate de investidura tendrían la misma emoción que un partido grabado y del que sabemos que acaba 4 a 2. Es poco probable, por no decir imposible salvo que haya tamayos sueltos en el hemiciclo, que un diputado ( o todo un grupo) cambie su intención de voto, deslumbrado y convencido por la retórica del rival. Es lo que tiene el parlamentarismo de partido, para lo bueno y para lo malo, que no acostumbra a dejar el camino de Damasco empedrado de saulos caídos del caballo.

Por eso, por saber el desenlace, la intentona de investidura de Rajoy (y antes la de Sánchez) limita la expectativa y la curiosidad a algunos gestos, fotos robadas, frases ocurrentes y otros lances menores. De ahí la multiplicación de imágenes que nos muestran a sus señorías vencidos por la modorra cuando no directamente sopas sobre el escaño.

Quizás también por eso, inopinadamente y por el bien del espectáculo, algunos oradores se apiadan del respetable en estos casos y ¡zas!, se sacan de la chistera lo que menos te esperabas. Eso hizo el candidato popular al desvelar al mundo la, hasta entonces secreta, fecha de la firma del acuerdo de paz en Colombia. No satisfecho con ello, quiso además confesar públicamente que eso de cambiar la Constitución a mayor gloria e interés de Merkel y la austeridad fue rapidito, un apaño sin debates y en apenas quince minutos. Sorpresas te da la investidura. 

Las sorpresas del debate