lunes. 15.04.2024

Retablo de títeres y otras marionetas

Federico García Lorca abre su “Retablillo de don Cristóbal” de esta guisa: “El público culto de esta tarde sabrá recoger, con inteligencia y corazón limpio, el delicioso y duro lenguaje de los muñecos”.

Federico García Lorca abre su “Retablillo de don Cristóbal” de esta guisa: “El público culto de esta tarde sabrá recoger, con inteligencia y corazón limpio, el delicioso y duro lenguaje de los muñecos”. Vana ilusión en tiempos que envían a dos titiriteros a prisión incondicional (una figura supuestamente limitada a casos de excepcional gravedad y riesgo) por versionar aquel lorquiano guiñol de cachiporra y su políticamente incorrecto clímax de violencia a mamporrazos.

Inteligencia y corazón limpio”. Casi nada. Fuera del alcance de los que, con extraña lógica e incapaces de captar la ironía, persiguen por supuesto enaltecimiento del terrorismo a quien satiriza sobre las persecuciones por supuesto enaltecimiento del terrorismo. Sin entender la paradoja ni lo desproporcionado de su reacción, ignorando los guiños y licencias tradicionales de un formato de ficción que, asómbrense si es que aún les queda inocencia, la mayor parte de los macarthistas de tertulia reconoce no haber visto.

Como en la pesadilla de Josef K., el proceso se enreda y complica hasta el delirio por la mera inercia de una singularidad legal concebida para otros fines. O eso queríamos creer. Y se alimenta desde el exterior con el combustible que surten los pirómanos habituales, para quienes un error en la calificación por edades (atenuado tras anunciarse en Facebook como obra no apta para menores) es equiparable al horror de un atentado terrorista. Por no mencionar que hablamos de una función en tiempos de don Carnal, esa época del año durante la cual – supuestamente - se tolera cierta subversión de los valores.

Ocurre que para doña Cuaresma no hay medida ni carnaval que valga cuando huele la posibilidad de cazar una pieza mayor, cuando olfatea el miedo de quienes aceptan el papel de muñecos de pimpampum. Ha detectado el temor a plantar batalla en la “guerra cultural” y recorta metros en la distancia que separa la torpeza del delito, aunque sea imaginario.

Pedía a la conclusión de retablo original su autor, el poeta asesinado en castigo a la diferencia:Llenemos el teatro de espigas frescas, debajo de las cuales vayan palabrotas que luchen en la escena con el tedio y la vulgaridad a que la tenemos condenada”. Y que se exijan responsabilidades en defensa de los menores cuando sea menester, podríamos añadir, siempre que se salvaguarde de igual manera el derecho a crear, escribir, ironizar y provocar. Con libertad para aplaudir, patear, vitorear, silbar, criticar en fondo y forma y hasta para lanzar verduras y hortalizas a la farándula, si me apuran. Todo menos encarcelar al titiritero.

Retablo de títeres y otras marionetas