miércoles. 12.06.2024

El juicio de los vecinos

Decía el sabio Ben Parker (a quién conocerán como tío y mentor de Spiderman) que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Decía el sabio Ben Parker (a quién conocerán como tío y mentor de Spiderman) que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” y esa es la máxima que parecen haber seguidos los ciudadanos tras ser invitados a participar en la elaboración de parte del presupuesto municipal de Madrid para 2017.

Pese a lo que auguraban los más reacios a dejar en manos de los vecinos la elección de dónde invertir el dinero de todos, la experiencia de los presupuestos participativos está lejos de ser una ocasión para el derroche o la ocurrencia.

Los 36 millones de euros destinados a los distritos y los 24 millones para proyectos que interesan a la ciudad en su conjunto no van a acabar repartidos entre todos ni servirán para traer a U2 a las fiestas del barrio. Las propuestas de inversión más apoyadas antes de la fase final de votaciones desgranan deseos perfectamente razonables y, en muchos casos, razonados y hasta con estimación de costes en documento anexo.

Se ha hecho visible así que la reflexión colectiva, aunque sea por el mero número y la capacidad de minimizar con su consenso lo extravagante, se decanta al final por decisiones mesuradas y hasta demasiado obvias, si me apuran: inversiones para parques y jardines, carriles bici, mejora del tráfico o la limpieza, nuevos equipamientos sociales…

Nada descabellado, nada superfluo. Lo mismo que ocurre con los presupuestos así decididos en otra decenas de localidades españolas y en centenares de ciudades de todo el mundo, desde pequeñas villas a megaurbes como París o Nueva York. Un proceso que supone además en Madrid el revulsivo para una participación ciudadana que languidecía después de muchos años de progresiva centralización y cierta modorra en el asociacionismo tradicional.

Visto el resultado, el ciudadano de a pie demuestra, frente al paternalismo o el miedo, que no es ni tarambana ni manirroto. Es sencillamente “su amigo y vecino”, citando de nuevo a Spiderman; alguien que no precisa de tutores para decidir, alguien tan sensato y prudente como cada uno acostumbra a pensar de sí mismo.

El juicio de los vecinos