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miércoles. 08.02.2023

Debate de alturas

Al hilo del debate televisado entre los candidatos que competirán el 26J, los medios se empeñaban en hacernos votar en sondeos y encuestas en busca de ganadores y perdedores de la cita. Y resulta que no es eso lo que realmente nos preocupa.

Como sugerencia, deberían proponernos porras con premio para quien acierte la estatura de Rivera o adivine la diferencia de edad entre Rajoy y Sánchez. Porque esos datos, la altura y edad de los contendientes, es lo que según Google despertaba más curiosidad entre el respetable.

Estaban los intervinientes venga a poner millones de puestos de trabajo sobre la mesa y mientras, en casa, otros tantos millones de españoles confirmando que los partidos de siempre llegan al 1,90 y que los emergentes no lo son tanto y rondan el 1,75.

La posibilidad de que juzgáramos al prójimo por la altura que alcanza su coronilla tuvo también en vela a los asesores y spin doctors, no se crean. Preguntaron antes del inicio del debate cuánto medían los atriles, no fueran a ser tan bajos cual mesa de trilero o tan altos como para que a duras penas asomara por encima Iglesias, el más bajito de los cuatro. Claro que, a lo mejor, esa casual diferenciación entre “los de arriba y los de abajo” le viene estupendamente.

Podría pensarse que la curiosidad era pasajera y que, una vez satisfecha, nos dejaríamos seducir por verbos floridos y argumentos de peso. Pero no. Porque inmediatamente después del cotilleo métrico decimal lo que más nos preocupa es que no nos cuelen trolas.

De hecho, saber si España es o no es la cuarta economía de Europa (algo que todos los candidatos recordaron en algún momento) fue una de las cuestiones cuya respuesta más demandamos a los buscadores. Quizás porque nos sorprende la coexistencia de tan alto ranking macroeconómico con una microeconomía doméstica que, por desgracia, hace honor a su nombre.

Y así con todo. Internet iba corroborando o tumbando las afirmaciones que salían de boca de los contendientes: las cifras del paro, la hucha de las pensiones o el número de solicitudes de asilo fueron asuntos consultados de forma compulsiva. Vamos, que no nos fiamos ni de su memoria, ni de los post-its ni de los recortes de prensa. La parte buena de tamaña desconfianza es que los candidatos habrán de crecerse para dar la talla que empezamos a exigirles.

Debate de alturas