miércoles 19.02.2020

¿Son las pensiones el problema de la economía?

Los agoreros de la insostenibilidad del sistema de pensiones nos quieren convencer de su futuro imposible y para ello han atentado contra el empleo, la demanda agregada, los servicios públicos...

Nos cuenta Adela Cortina en su libro ¿Para qué sirve realmente la ética? que un amigo suyo economista le dijo que “todos sabemos lo que hay que hacer” para salir de la crisis, y, preguntándole por ello la sorprendente y decepcionante respuesta fue “hay que reducir las pensiones”. La réplica de Adela Cortina me parece mucho más acertada que la del economista: “¿no sería mejor que devolvieran el dinero los corruptos que se lo han quedado, que pagaran los que han gestionado los recursos públicos de una forma pésima, que se acabe con los paraísos fiscales, se fije una tasa para las transacciones financieras y la economía especulativa decrezca a favor de la economías real? A lo que el economista contestó “sí claro, todo eso está muy bien, pero empezar por reducir las pensiones es lo más sencillo”.

Adela Cortina continúa: “Tantas facultades de economía, tantos políticos por metro cuadrado para que ésta sea la piedra filosofal, que lo más sencillo es empezar por los que están más controlados. Aunque los pensionistas no sean los responsables de las crisis, ni tampoco las gentes que viven en situación de dependencia, o los países que reciben la ayuda a la cooperación, ni esa cantidad de personas que se quedaron sin trabajo sin comerlo ni beberlo, ni los que además de eso había asumido hipotecas imposibles ya de amortizar porque alguien les invitó a hacerlo, ni los empresarios que aun habiendo hechos sus deberes tuvieron que cerrar la empresa porque ni recibían ayuda de los bancos ni les pagaba la Administración. No eran responsables,  pero alguien tenía que pagar y les tocó la papeleta a ellos.”

Las pensiones no son el verdadero problema de nuestra economía, ni la solución de los problemas sociales se consigue reduciendo las pensiones y alargando la vida laboral. De hecho, en los últimos tiempos, si no fuera por las familias y muy especialmente por los abuelos la situación de los jóvenes sería hoy trágica. La solución tiene que venir mediante la persecución de aquellos objetivos que hacen más fácil la convivencia y permitan una vida digna a todos los ciudadanos. La solución tiene que ver con los objetivos que perseguimos como sociedad. Si se encumbra el enriquecimiento y la competitividad en vez de la solidaridad y la cooperación, obtendremos un individualismo egoísta que, en contra de los economistas clásicos, difícilmente permitirá una verdadera vida en común y por tanto avocará a nuestras sociedades al abismo.

Un jefe indígena contaba a sus nietos que en las personas hay dos lobos, el del resentimiento, la mentira y la maldad, y el de la bondad, la alegría, la misericordia y la esperanza. Terminada la narración, uno de los niños preguntó: ¿cuál de los dos lobos crees que ganará? Y el abuelo contestó: el que alimentéis. Y claramente, estamos alimentando al lobo de la maldad, la mentira y el resentimiento, muestras tenemos de ello a diario. Estamos educando para la competición, el sálvese quien pueda, y yo soy mejor y más listo que tú por lo que tengo más derechos. Nos olvidamos de que el hombre es un ser social y que en nuestros genes está cuidarnos unos a otros, ya que necesitamos ser cuidados para sobrevivir y estamos hechos para compadecernos y sentir empatía con nuestros semejantes. Pero nos empeñamos en lo contrario y lo contrario conduce a las guerras de unos contra otros, conduce a la ausencia de confianza, aceite lubricante de todas las relaciones.

Nos dice también Adela Cortina en ¿Para qué sirve la ética? Que “No conviene equivocarse en el juego de la vida. Sentimientos como el de justicia forman parte esencial incluso del quehacer económico, no digamos ya del quehacer ético, y quien lo ignora acaba haciendo pésimas jugadas.”

Las políticas de la austeridad ya han mostrado su cara y su fracaso estrepitoso, debiéramos darnos cuenta sólo con mirar hacia Grecia en dónde las políticas de la Troika, tras la capitulación de SYRIZA, han conseguido que cientos de miles de griegos hayan tenido que solicitar ayuda humanitaria para comprar comida y pagar el alquiler o la electricidad, que el porcentaje de niños pobres esté en el 50 %, que ostente el liderato en desempleo y que el desempleo juvenil coquetee también con el 50 %. A todo esto las pensiones bajaron un 27 % entre el 2011 y 2014 sin haber significado ningún avance y sólo prueba de ocasionar un mayor sufrimiento. Ahora que Grecia se precipita a un nuevo rescate, los griegos se preguntan para qué ha servido tanto esfuerzo en vano. En fin un desastre por el que parece nadie pide perdón y, sin embargo, no es suficiente para despreciar las políticas que están contribuyendo a tal horror.

Los agoreros de la insostenibilidad del sistema de pensiones nos quieren convencer de su futuro imposible (1) y para ello han atentado contra el empleo, la demanda agregada, los servicios públicos, etc. Hacen lo posible para mostrarnos un mundo oscuro y tenebroso en el que sólo hay amanecer para los ricos. Pero no creo que las pensiones sean el problema de la economía. Creo que son razones políticas las que abogan por una economía privatizada y deshumanizada en la que la vida de las personas no es el principal objetivo, y que, por tanto, no se está haciendo lo suficiente por la dignidad de los ciudadanos, cuando, sin embargo, es la obligación primera de cualquier gobierno.

Romper las reglas del juego unilateralmente, perjudicando a los débiles, es la solución más fácil para un Gobierno sin recursos, sobre todo, habiendo alternativas y propuestas esperanzadoras.


(1) Recuérdese, también, el ambiente imperante cuando se llevó a cabo el Pacto de Toledo, aprobado por el pleno del Congreso de los Diputados de España, durante la sesión del 6 de abril de 1995. Ya han transcurrido casi 22 años y las pensiones públicas son las que han salvado la vida de muchas personas.

¿Son las pensiones el problema de la economía?