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miércoles. 28.09.2022

Siempre tropezamos en la misma piedra: la guerra

Debemos preguntarnos el porqué no se ponen en marcha políticas económicas que han funcionado y funcionan en momentos de crisis y por qué si somos conscientes de las posibilidades ociosas que una nación tiene sólo las activamos para incrementar la maquinaria de guerra

Hay algo en las personas, en sus relaciones dentro de las comunidades humanas, que impide aflorar soluciones a las desdichas de la mayoría. El dinero y el poder, es verdad, se erigen como instrumentos de competición que dividen más que unen. El juego otrora elemento de grandes momentos en la vida de las personas, se ha convertido en deporte, en el que la mayoría pierde y se endiosa a los ganadores. La virtud ya no está en la cooperación y la solidaridad sino en pulir tu cuerpo y mente para triunfar, no sobre uno mismo, sino sobre los demás. El producto que se nos vende es el triunfador de la justa, el que queda en pie después de haber masacrado a sus oponentes. Y así, en la relación entre los países, la guerra es el recurso inmoral para solventar disputas y erigirse en vencedor, pero, también, la guerra es la excusa, la piedra en el que los poderosos hacen tropezar a poblaciones enteras en beneficio propio.

Es sorprendente que sólo para hacer la guerra se ponen en marcha todos los recursos existentes en una sociedad, en un estado. Ningún otro objetivo consigue aunar tanta facilidad para disponer de aquello que muchos dicen que escasea: dinero. Pero, en la guerra lo que se tiene en cuenta no es tanto el dinero (Dios vacío), sino las posibilidades de generar bienes y servicios con un solo objetivo: ganar la guerra. Esta utilización de los recursos se nos invisibiliza en tiempos de paz a pesar de su lógica. Nos decía el gran economista Keynes “Con nuestros hombres desempleados y equipos sin utilizar es ridículo decir que no podemos permitirnos nuevos desarrollos. Es precisamente gracias a estos equipos y estos hombres que podemos permitírnoslos (1)”.

En las continuas crisis del sistema capitalista ha sido gracias a Keynes y sus políticas de gasto público contracíclico que hemos salido más o menos indemnes. No obstante, siempre ha habido una guerra a mano para excusar el mayor gasto necesario, la puesta en marcha de inversiones públicas y atacar el desempleo. Así, olvidamos viejas lecciones. ¿Cómo se provocó la II Guerra mundial? Básicamente por imposiciones imposibles de cumplir a los vencidos. ¿Cómo se salió de la II Guerra Mundial? A través del New Deal de Franklin Delano Roosewelt y políticas que hicieron posible los Estados de Bienestar Social, pero también y desgraciadamente por poner en marcha una maquinaria bélica en vez de una economía de paz. Nadie parece que se acuerde de las tres décadas de prosperidad sin precedentes, los treinta gloriosos que transcurrieron entre el final de la II Guerra Mundial en 1945 y la primera crisis del petróleo de 1973. Y, sin embargo, ¿Cuántas guerras se utilizaron por los Estados Unidos para hacer políticas Keynesianas de gasto público: Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, etc.?

Pero hay quien todavía tropieza por enésima vez en la misma piedra. Aplica recortes en los servicios públicos; sanidad, educación, dependencia, pensiones, etc., recorta salarios, pone velas al dios de la intransigencia y organiza una economía que fomenta la riqueza de los que más tienen en perjuicio de los que más lo necesitan. Dicen que el mercado a la larga todo lo arregla, pero en un mundo competitivo e individualista esa no suele ser la consecuencia. El famoso escritor George Orwell comentaba que “el problema de las competiciones es que alguien las gana.” Y muchos las pierden. Así, la cruzada neoliberal contra el Estado y las soluciones a base de austeridad, tiene claros ganadores y un resultado evidente: la desigualdad entre las naciones y entre los propios ciudadanos de cada nación. Desigualdad que no para de crecer incluso en momentos de crecimiento económico.

Un estudio de la Universidad de Valencia y el IVIE revela que España gasta un 25 % menos que los países de la zona euro en sanidad, educación y protección social y que desde 2009 ha aumentado la diferencia. Las cacareadas mejoras del PIB solo han mejorado los bolsillos de unos pocos y, sin embargo, han instalado sin posibilidad de cambio a muchos españoles en la pobreza, la precariedad y el paro. Dos de cada tres hogares españoles no han percibido los efectos de la recuperación económica.

Se requiere una parada en seco a las políticas de austeridad. Portugal dio la espalda en el año 2014 a estas políticas con la presidencia del socialista António Costa y su coalición de izquierdas, mediante el restablecimiento de los salarios, las pensiones, la jornada laboral y, en general, la situación existente antes de la crisis. Los resultados son muy elocuentes, mejora del consumo, crecimiento económico y, sobre todo, la reducción del paro que está por debajo del 10 % y ha bajado cerca de 8 puntos porcentuales en cuatro años. Algunos tendrían que comparar en vez de hacernos creer que estamos en nuestro país cerca del paraíso.

Debemos preguntarnos el porqué no se ponen en marcha políticas económicas que han funcionado y funcionan en momentos de crisis y por qué si somos conscientes de las posibilidades ociosas que una nación tiene sólo las activamos para incrementar la maquinaria de guerra. ¡Qué gran cambio social tendríamos si esas posibilidades las pusiéramos en marcha en tiempos de paz! Pero… ¿volveremos a tropezar en la misma piedra?

(1) Skidelsky, John Maynard Keynes, vol. 2: Economist as savior, p. 297

Siempre tropezamos en la misma piedra: la guerra