sábado. 20.07.2024

La Renta Básica Universal y la mujer

Las mujeres en la historia del capitalismo han sido las grandes olvidadas de la sociedad.

En las sociedades actuales se hace girar el entramado social alrededor del empleo remunerado. El mercado y el trabajo nos definen. La mayor parte de la población obtiene su sustento a través de un trabajo remunerado para así poder adquirir en el mercado los productos y bienes necesarios para poder vivir. Esta forma de organización social, no obstante, trata injustamente a aquellos que no encuentran trabajo y a aquellos otros, hasta ahora principalmente mujeres, que dedican su vida a la procreación, a los cuidados de su familia y personas dependientes, sin tener trabajo remunerado, sin tener empleo.

Las mujeres en la historia del capitalismo han sido las grandes olvidadas de la sociedad. Conseguir el voto de la mujer fue una lucha con muchos costes y lograr la igualdad de oportunidades seguirá siendo una utopía si no se encuentran herramientas que no hagan depender la igualdad de oportunidades de la consecución de un empleo retribuido por cuenta ajena.

La Renta Básica Universal (RBU) es una herramienta sencilla que puede lograr resultados sorprendentes en relación a la igualdad de oportunidades, la libertad de las personas para elegir trabajo y modo de vida, justicia para aquellos trabajos que no están actualmente remunerados, por no estar integrados en el mercado, pero que son muy necesarios para la pervivencia de nuestras sociedades, incremento de la demanda (1). En definitiva la RBU se puede considerar una herramienta política que posibilitaría el ejercicio pleno de la ciudadanía igualando las oportunidades y eliminando la pobreza.

La RBU es mucho más razonable que cualquier subsidio y ayuda para paliar la situación de extrema pobreza. En primer lugar porque automáticamente ofrece a todo los ciudadanos unos recursos superiores a los niveles de pobreza, además no etiqueta, ni estigmatiza, a ninguna persona como vago o apestado social sino que lo considera un ciudadano con derechos; en segundo lugar porque desde el punto de vista administrativo ahorra muchísimos costes al no necesitarse justificación alguna (2), ni el control de la Administración para evitar engaños y fraudes; en tercer lugar porque no desincentiva, en contra de lo que vulgarmente se piensa, la aceptación de trabajos temporales y parciales; en cuarto lugar debilita la desigual negociación que tienen los empresarios con la masa de trabajadores en busca de trabajo a cualquier precio y condición. Las experiencias con rentas de inserción o similar no han conseguido suprimir las bolsas de pobreza. Y, por otra parte, las prestaciones sociales que se vienen dando, por lo general se pierden al aceptar trabajos precarios, sin embargo, la RBU se da incluso a aquellos que trabajan por lo que  incentiva la aceptación de trabajos en mayor medida que las prestaciones sociales a personas o grupos necesitados.

Si la sociedad quiere tratar igual a los iguales, no parece que estemos en el buen camino ya que existen múltiples situaciones en las que se está discriminando por realizar el mismo cometido social. Así no tienen los mismos derechos los padres que acaban de tener un hijo y  que tienen contrato de trabajo y cotizan a la Seguridad Social, que aquellos otros que por estar en el paro o no tener empleo no tienen ninguna prestación, o muy escasa, y sin ningún derecho; no es lo mismo cuidar a un anciano o dependiente en un centro de trabajo, privado o público, que cuidarlo en casa; no es lo mismo nacer en una familia con posibilidades que en otra en la que la tarea diaria consiste en buscar la manera de comer y poder llegar al día siguiente; no es lo mismo…

En una sociedad del conocimiento, cada día más participativa a nadie se le puede permitir apropiarse de los adelantos que la propia sociedad, en un concepto extensivo, moviliza. Los beneficios de la productividad generada por las mejoras tecnológicas, como indicaba en mi anterior artículo (3), deben repartirse y disfrutarse por todos los integrantes de la sociedad, ya que no hay mejora ni pequeña ni grande que no esté soportada por la participación de multitud de personas. Internet y el mundo de las redes han hecho que el conocimiento cada vez sea más difundido y su desarrollo más participado. Sin embargo, la actual legislación sobre las patentes y los derechos de autor, consiguen frenar los avances sociales en favor, en la mayor parte de las ocasiones, de beneficios privados. El caso de los medicamentos es un ejemplo paradigmático que obstruye el tratamiento eficaz de los enfermos que no pueden pagarse el tratamiento e impide el desarrollo y mejora de la investigación, olvidándose de la muerte de miles de personas en el mundo.

¿Cuántas vidas se malogran por no aplicar los Derechos Humanos reconocidos pero no aplicados internacionalmente? Y, sin duda, son las mujeres las que siguen siendo las perdedoras. El derecho al voto, el reparto de tareas, la igualdad de salarios por el mismo trabajo, etc., son peldaños que se van subiendo, pero a base de un gran esfuerzo de las propias mujeres. La doble jornada, la priorización del empleo con respecto a su vida privada, la lucha por una estabilidad psicológica en un contexto de precarización e inseguridad, la ceguera en relación al trabajo de cuidados y procreación, son altos precios que se han venido pagando.

La RBU parte de considerar el derecho a la vida y a la dignidad de las personas como un derecho básico y universal, lo que automáticamente nos ofrece una opción de igualdad para todas las personas, independientemente de su sexo y condición (4). Su financiación no tiene mayor problema ya que se basa en la premisa de que aquel que más obtiene de la sociedad es aquel que más tiene que contribuir a su sustento y que aquel que viene obteniendo migajas del festín de aquellos, debido al desigual reparto de la riqueza, pueda obtener los ingresos básicos para llevar una vida sin las limitaciones que impidan un desarrollo personal y vital digno. El resto de servicios básicos que se han venido disfrutando en el Estado de Bienestar no tienen por qué sufrir ningún menoscabo, y, sin embargo, la RBU contribuiría a la mejora de la salud, la educación y en definitiva el bienestar de toda la población.


(1) Para incentivar la demanda congelada por las políticas de austeridad se vuelve a hablar de la idea del premio Nobel Milton Friedman de dar dinero directamente a la gente.

(2) Desaparecería el sistema laberíntico de ayudas y exenciones y la llamada policía de la pobreza que requieren una administración mayor y que en muchos casos suponen un coste superior al requerido por las ayudas.

(3) Ver “Tecnología y distribución de la riqueza”.

(4) 20 personas del Reino de España tienen una renta equivalente a la que disponen 15 millones de españoles. Además, según los datos del INE, más del 56% de las personas mayores de 16 años que no tienen trabajo en nuestro país son mujeres, que además ocupan los puestos de mayor precariedad.

 

 

La Renta Básica Universal y la mujer