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lunes. 15.08.2022

Reestructuración de la deuda

La deuda encadena y ahoga y cuando se pretende intocable sólo se consigue que,como bola de nieve, crezca y crezca.

Cuando se habla de reestructuración de la deuda, aquellos que consideran la propiedad privada como sacrosanta y los negocios jurídicos intocables se llevan las manos a la cabeza como si fuera una locura que podría llevarnos al abismo, aunque se conozcan múltiples reestructuraciones llevadas a cabo a lo largo de la Historia. Además, podemos convenir que la vida es el principal valor a defender en una sociedad que sea digna de tal nombre. Olvidar este principio nos lleva a buscar aquello que nos hace más infelices y menos libres.

Hoy mucha gente se está dando cuenta de esta perversión de valores que anida en nuestras sociedades y buscan alternativas diferentes, coherentes y de sentido común. Así el 17 de agosto del presente año 194 médicos de Ontario (Canadá) firmaron una carta que enviaron a su ministro de sanidad. En ella le solicitaban que lidere su propuesta de establecer una renta básica garantizada en la provincia. Estos médicos observaban día a día que muchos de los problemas de salud de la comarca derivaban de las rentas precarias y que el único tratamiento posible era una renta digna y estable. Pero, lo normal aún en nuestros días, es que sigamos persiguiendo objetivos intermedios, que de forma contumaz nos están mostrando, aunque no aprendamos, lo equivocados que estamos y en lo poco que estimamos la vida. Sobre todo la de los demás,... aunque a veces también la propia.

La deuda de los particulares y de las naciones, encadena y ahoga y cuando se pretende intocable sólo se consigue que como bola de nieve crezca y crezca y siga apretando, cada vez más, sus fuertes manos en nuestro cuello. En consecuencia me pregunto ¿cómo podemos ver y tildar de populistas y oportunistas las propuestas que quieren estudiar y reestructurar nuestras deudas, que, por otra parte con las políticas de moda, no disminuyen sino que siguen incrementándose ad infinitum?

En el programa de Podemos se proponen actuaciones nada despreciables y muy realistas: Derogación de la reforma del artículo 135 de la Constitución española. Ya me he expresado en esta columna sobre la insensatez de este cambio de la Constitución, mucho menos lógico que otras propuestas que no se consideran y que fue provocado por el interés de los poderosos que, sin embargo, no tenían evidencia científica de dictar una medida que nos permitiera salir de la crisis. Puesta en marcha de una auditoría de la deuda en sede parlamentaria. Luz y taquígrafos, no podemos estar en contra de una medida que saque de las tinieblas de nuestra realidad nuestra deuda; a quién debemos y por qué, quién ha especulado con las rentas de todos los ciudadanos, por qué ha crecido extraordinariamente en los últimos años; es una medida que sin duda fortalece la democracia. Reestructuración de la deuda pública. Todos tenemos información suficiente para conocer los apoyos que el sistema público ha concedido a la banca para evitar su caída. Ha permitido una socialización de las deudas pagando los justos y pobres por los pecadores. Así parece lógico reestructurar la deuda pública vinculada a las ayudas públicas al sector financiero. En la devolución de los 60 000 millones de euros prestados por el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) a España en 2012 para rescatar al sistema financiero, se dice que participarán las propias instituciones financieras, una vez que se hayan recapitalizado y hayan recibido otras ayudas para garantizar su estabilidad. Propuesta que parece del todo lógica. Estas (las entidades financieras) deben ser las que, en última instancia, salden dicho préstamo con la Unión Europea, préstamo adelantado hasta el momento por los contribuyentes españoles. Reestructuración de la deuda hipotecaria de los hogares. Se llevará a cabo la reestructuración de la deuda hipotecaria de los hogares mediante una reducción en el valor nominal de las hipotecas de primera vivienda en el caso de las familias que cumplan ciertos criterios sociales, como el hecho de que todos sus miembros estén en paro y no cuenten con ningún otro ingreso o que presenten ingresos inferiores a tres veces el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM). Esta medida propuesta desde la creación de Podemos ya se está copiando en muchos Ayuntamientos. Para ello, impulsarán esta reestructuración con un verdadero régimen de segunda oportunidad para personas físicas y jurídicas que realmente las libere de las deudas pasadas una vez que la situación de quiebra sea efectiva. No hay más que decir, es un poco de Humanidad. Limitación de los incentivos fiscales a la deuda empresarial. Limitaremos, mediante un régimen transitorio, los incentivos fiscales a la deuda empresarial para contener el excesivo apalancamiento. Apalancamiento que ha sido uno de los factores clave en el inicio de la crisis en que padecemos y de muchas anteriores.

Así, con Martin Wolf convenimos que el origen de la crisis se relaciona con una compleja interacción entre la globalización (eso sí conforme el invento neoliberal), las crecientes desigualdades y el sistema financiero sin límites que ha jugado con el dinero de sus clientes apalancado y especulando sin tener ninguna responsabilidad por sus perversas andanzas.

El tema de la deuda pública ha contribuido a etiquetar a los países en buenos y malos. Se ha convertido en una forma cómoda para buscar ventajas competitivas y mantenerse en la carrera que supone permanecer en un mundo centrado en el sistema capitalista. No debemos olvidar, sin embargo, que “Si algunos países exportan exceso de ahorro, otros deben importarlo. La única forma de importar excesos de ahorro [¡si exceso de ahorro!] es incurrir en un déficit por cuenta corriente (1)”. Es más difícil de comprender pero no menos cierto que el mundo exige un equilibrio y una igualdad si queremos progresar, el abuso de unos sobre otros augura un mundo en declive que equivocará sus fines.

Hoy más que nunca debemos comprender y la naturaleza nos ofrece signos a diario, que todos estamos en esta nave que llamamos tierra y que debemos buscar soluciones comunes para poder arribar a buen puerto. Pero al igual que en los problemas del medio ambiente dejamos inconscientemente las soluciones a aquellos que lo han puesto en riesgo, no podemos seguir confiando en aquellos que han provocado la crisis y se han beneficiado de ella para que se entreguen a una búsqueda del beneficio común. Lo mejor que podemos hacer por contra es participar en la construcción de un nuevo modo de convivencia mediante un análisis sin prejuicios de los programas y elegir aquellos que realmente procurarán un mayor bienestar. Así lograremos que el voto tenga alguna validez y, como consecuencia, una verdadera Democracia.

(1) Wolf, Martin (2015:465). La Gran Crisis: cambios y consecuencias. Deusto.

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