lunes 13.07.2020

La razón de los impuestos

Erradicar la pobreza en Estados Unidos supondría sólo el 1 % de su PIB, o lo que es lo mismo la cuarta parte de su gasto militar, aduce Rutger Bregman

No interesa que se conozca el verdadero papel que los impuestos juegan en un Estado moderno que emita su propia moneda. Y no interesa porque es un concepto subversivo que pondría patas arriba las fabulaciones con las que nos han ido adocenando y aburguesando. Creíamos que vivíamos en un mundo perfecto, en el fin de la historia, y que ya no nos quedan alternativas que buscar. La perfección está aquí, creían algunos. Pero mira por donde con la crisis brutal que estamos penando se nos revela que hay una gran desigualdad y que el principal problema que tenemos es el calentamiento global. Lo cual, por el contrario, nos debe dar energías para poner en marcha nuevas utopías que nos mantengan vivos, ya que, como nos decía Serrat: “Sin utopía, la vida sería un ensayo para la muerte.”

En un Estado que tenga el poder de emitir su propia moneda, al imponer un impuesto se reduce la cantidad de moneda, real o virtual, en circulación, esa es su función no conocida, no visibilizada. Es obvio que el gobierno no puede recaudar impuestos en una moneda que no haya emitido anteriormente y el gasto público es la forma de crear dinero por parte del Estado.

Randall Wray uno de los gurús de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) nos comenta en una entrevista reciente (1): “Antiguamente, los gobiernos coloniales quemaban los billetes que recibían como pago de impuestos. Hoy en día, si entregas al banco dinero en mal estado, la Reserva Federal lo hace trizas. Si haces una visita guiada a la Reserva Federal, te dan como suvenir una bolsita llena de jirones de billetes. La idea de que hacerles pagar impuestos a los ricos te da dinero para pagar a los pobres es errónea. Podemos pagar a los pobres sin cobrarles impuestos a los ricos. ¿Por qué cobrarles impuestos? Porque son demasiado ricos. Lo hacemos para reducir su riqueza. No debemos ligar ambas cosas, porque si por motivos políticos no podemos recaudar de los ricos, eso nos llevaría a no gastar en ayudas para los pobres. Son actos separados: podemos ayudar a los pobres y cobrarles impuestos a los ricos.”

Aquí se adivinan pautas para emprender nuevos objetivos que hagan a las sociedades más justas e igualitarias. Busquemos nuevas utopías. Rutger Bregman autor del libro “Utopía para realistas” nos dice que “Las utopías no ofrecen respuestas concretas, y mucho menos soluciones. Tan sólo plantean las preguntas correctas.” Bregman da constancia de que nunca en la historia se ha tenido más riqueza que la que se tiene actualmente y cree que el progreso debe venir de una nueva distribución del dinero y del tiempo. Por ello, piensa, que debemos desarrollar una nueva visión de nuestras sociedades estableciendo una Renta Básica Universal (RBU). Estima que “podría hacerse mañana mismo” y rechaza que sea un planteamiento más propio del comunismo: “De hecho, no hay nada más capitalista que esto [dice]. Sería su gran logro. Se proporcionaría un suelo en la distribución de la riqueza, una base desde la que cualquiera puede crecer y decidir lo que quiere hacer en su vida.

En su libro Bregman nos da un montón de ejemplos en los que la entrega de dinero a los pobres no ha significado ni el fomento de la vagancia, ni el despilfarro de lo entregado, ni el aumento de los gastos del gobierno, ni el aumento de la natalidad. Todo lo contrario, transcribe, por ejemplo, como la prestigiosa revista médica The Lancet resumió sus hallazgos al respecto: de hecho cuando los pobres reciben dinero sin condiciones tienden a trabajar más. Comenta, también, el experimento conocido como sistema Speenhamlad, uno de los primeros sistemas de bienestar desarrollado a principios del siglo XIX en Inglaterra y que fue un rotundo éxito ocultado por more de los intereses de aquellos a los que les viene bien que siempre pueda haber ricos y pobres.

La RBU es un primer paso que evita de forma rápida la pobreza, permite generar muchos puestos de trabajo, mediante el aumento de la demanda agregada y las posibilidades que crea (debemos ser conscientes, en contra de la idea de vagancia, de que mucha gente cuando tiene las necesidades básicas cubiertas trabaja libremente en beneficio de los demás y  sin recibir ningún salario, sólo por solidaridad y empatía. Esto, significativamente, pasa también en los países que tienen un horario de trabajo más reducido). Además no es cara la implantación de la RBU. El propio Bregman nos dice que erradicar la pobreza en Estados Unidos supondría sólo el 1 % de su PIB, o lo que es lo mismo la cuarta parte de su gasto militar.

Es el momento de revitalizar utopías, utopías para las que se adivinan herramientas que harán posible su consecución. Es el momento de nuestra historia en el que podemos disfrutar de mayor número de productos y servicios. Además, actualmente tenemos recursos ociosos y sin utilizar, mediante los que se pueden cubrir parcelas de trabajo como los referidos a la economía verde, a la investigación, desarrollo e innovación, a la sanidad, educación y los servicios sociales. La activación de estos recursos permitiría dar un salto de calidad a nuestras sociedades. El manejo de la posibilidad de emitir moneda que facilite la puesta en marcha de todas las fuerzas ociosas, es cosa que la TMM deja claro en sus propuestas. Podemos vislumbrar, así, el reino de la libertad y la felicidad, sólo impide su logro la voluntad política.

El trabajo garantizado del que nos hablan los especialistas en la TMM, no cabe duda de que también es un buen paso a dar, en una sociedad centrada en el trabajo, es irresponsable, sin duda, que se tengan altas tasas de paro. La pobreza y el desempleo no pueden ser un mal necesario. Entiendo, sin embargo, que requiere mayor burocracia, más tiempo de desarrollo, ofrece menos libertad en la elección de trabajos y permite una menor creatividad.

Lo que hay que comprender con claridad es que los impuestos no son necesarios en un Estado que tiene la potestad de emitir su propia moneda (lo que no sucede en nuestra Europa). La función de los impuestos es permitir que en la economía se tenga más o menos demanda, que se debe relacionar con la disposición de bienes y servicios; evitando así la inflación. El Estado, por otra parte, no necesita recaudar impuestos para gastar y estimular la economía. El Estado no puede quebrar cuando emite su propia moneda. Aquellos que proponen un Estado mínimo, nos escamotean una realidad, la de que los Estados que gozan de más bienestar: Dinamarca, Suecia y Finlandia, tienen un sector público grande. Si tomásemos conciencia de todo esto, nos daríamos cuenta de que tenemos importantes objetivos sociales que alcanzar y, con ellos, podríamos cambiar nuestro mundo, al son de nuevas utopías no estorbadas por la falta de presupuesto.

Nuestro Cervantes nos hace una gran observación al respecto: Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino JUSTICIA.


(1) Hecha por Álvaro Guzmán Bastida el 22-3-2017 para ctxt

La razón de los impuestos