martes 22.10.2019

Puertas giratorias y persistencia de un modelo energético dañino

Si analizamos la verdadera gravedad de que algunos de los altos cargos y presidentes de los gobiernos anteriores hayan terminado como consejeros de las grandes empresas energéticas españolas, nos sorprenderá constatar que no sólo se han aprovechado y se aprovechan del cargo político que tuvieron y reciben por ellos grandes emolumentos que se nos pueden antojar injustos, teniendo en cuenta la pobreza energética y como lo está pasando gran parte de la población española con la actual crisis, sino que, además, nos obliga a soportar un modelo energético caduco y dañino para la población y para el medio ambiente.

Un cambio en la política energética es, sin duda, necesario: “El importe estimado que Europa pagará si no cambia nada para adquirir combustibles fósiles en el periodo 2015-2050 será astronómico, de más de 32 billones de euros. La misma factura acumulada para España es de 4 billones de euros. [1]” Los ahorros que se pueden conseguir si se hace la transacción a las renovables ascenderían a 8,5 billones de euros en Europa y a 1,7 billones de euros en España. Si tenemos en cuenta, además, que España frenó en seco la transición a las renovables, pasando de ser puntera a nivel mundial a desanimar la transición poniendo, incluso, el famoso  impuesto al sol, que grava el autoconsumo de la energía producida por los paneles solares privados, mientras que Alemania con pocos días de sol, sin embargo, se ha puesto en cabeza en energías renovables y no ha dejado de bajar el precio de la electricidad desde el año 2011. El tema, sin paliativos, es muy grave, y más, si tenemos en cuenta que la pobreza energética mata a 7.000 personas al año en nuestro país.

Debemos ser conscientes de que las cuestiones más importantes de la estrategia energética no son técnicas o  económicas, son cuestiones sociales y éticas que, además, tienen solución claramente política. Dar solución a este problema es indicio del buen funcionamiento de las instituciones democráticas. Económicamente el tema también es fácil si tenemos en cuenta, por ejemplo, que “lo que a España le costó adquirir combustibles fósiles en 2012 fueron 50.000 millones de euros, [y además] la factura ciudadana, es decir, lo que los ciudadanos españoles realmente pagaron por la compra de gasóleo, gasolina, gas natural y electricidad ascendió, en realidad, a 125.000 millones de euros. [2]” Sin duda cantidades astronómicas que debieran hacer pensar a nuestros políticos en las mejoras que nos estamos perdiendo y los gastos que estamos dilapidando.

Existen además diferencias importantes entre las energías renovables y los combustibles fósiles. En el caso de las renovables la ventaja es que el aire, el sol y el agua son gratuitos. Incluso se puede prescindir de grandes equipamientos. Así una placa solar en el tejado de una casa representa el símbolo más representativo de lo que se viene denominando una cadena eléctrica corta. Sin embargo, el modelo fósil está caracterizado por ajustarse a una cadena eléctrica larga: extracción, transporte, elaboración y suministro. Además “Las fuentes fósiles generan energía mediante su combustión. Debido a ella se pierde, en forma de calor y de CO2, la mayoría de la energía inicial y tan sólo se aprovecha, de media, una cuarta parte de la misma. [3]”

La privatización de las empresas energéticas, por otra parte, sólo ha servido para seguir perjudicando al ciudadano. “Según datos de Eurostat, España, que ha privatizado toda su producción eléctrica, es el cuarto país con la energía más cara de la UE (cerca de 0,24 euros por kWh, mientras que en Francia, que ha retenido la titularidad pública de la producción eléctrica, el precio no supera los 0,18 euros). [4]”

El sistema, no obstante, se resiste a cambiar y los centros de poder luchan por mantener el statu quo. El mundo financiero supone un verdadero potosí para las élites. La especulación en el capitalismo de casino que nos trajo la actual crisis se fraguó en “los distintos regímenes de precios  [que] ayudaron a catalizar el progreso económico de determinadas naciones, así como a mantener un determinado orden internacional, además de servir en el último cuarto del siglo XX para lubricar financieramente el sistema con los petrodólares o los fondos soberanos [5].” Estamos, sin duda, en un mundo caduco en el que lo actual se resiste a desaparecer.

El Gobierno y su voluntad política tienen en su mano mediante el impulso de nuevas tecnologías  realizar un cambio de paradigma. “En el desarrollo de la aviación, la energía nuclear, los ordenadores, Internet, la biotecnología y los actuales desarrollos en la tecnología verde, es y ha sido el Estado –y no el sector privado—el que ha arrancado y movido el motor del crecimiento. [6]” Por contra “la mayoría de empresas y bancos prefieren financiar innovaciones incrementales de bajo riesgo y esperar que el Estado tenga éxito en áreas más radicales […] la tecnología verde requiere un gobierno atrevido que asuma el liderazgo, tal como ha ocurrido con Internet, la biotecnología y la nanotecnología [7].” No obstante, a pesar de  las ventajas que tiene el tránsito a las energías renovables, parece claro que el gobierno tiene las manos atadas por las grandes empresas eléctricas.

Lo preocupante es que uno de los retos más  acuciantes y necesarios es transitar hacia un modelo basado en las energías renovables. Pero la persistencia y el mantenimiento de las puertas giratorias, hace que el cambio necesario tenga que esperar. Las políticas de austeridad animadas y obligadas por la Unión Europea han actuado también de freno de mano ante las iniciativas del Estado en nuestro país. El futuro económico de España y el bienestar de los ciudadanos, son precios que vamos a pagar por el giro dado a las políticas de las renovables. Es necesario dar, por eso, un nuevo giro a estas políticas y además comprender la función de los distintos actores: “Si no comprendemos mejor a los actores implicados en el proceso de innovación, nos arriesgamos a que un sistema de innovación simbiótico, en el que el Estado  y el sector privado se benefician mutuamente, se transforme en un sistema parasitario, en el que el sector privado sea capaz de extraer beneficios de un Estado al  que al mismo tiempo se niega a financiar. [8]”


[1] El cambio urgente y rentable. Ramón Sans Rovira. Alternativas Económicas núm. 41. Noviembre 2016, pág. 21
[2] Ibídem pág.22
[3] Ibídem pág. 20
[4] Medina Miltimore, Stuart (2016:153). El Leviatán desencadenado. Lola Books.
[5] Mañé Estrada, Aurelia (2016:121). El gran negocio mundial de la energía. RBA
[6] Mazzucato, Mariana (2014:43). El Estado emprendedor. RBA.
[7] Ibídem (2014:36-37)
[8] Ibídem (2014:62)

Puertas giratorias y persistencia de un modelo energético dañino