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miércoles 25/5/22

Pensiones: otra forma de mantener y agrandar la desigualdad

La sostenibilidad del sistema público de pensiones no sólo tiene que ver con los gastos, también deben ser valorados los ingresos, la financiación de los mismos.

La sostenibilidad del sistema público de pensiones no sólo tiene que ver con los gastos, también deben ser valorados los ingresos, la financiación de los mismos

Uno de los debates con mayor presencia en nuestra sociedad es el referido a las pensiones. Algo lógico en una sociedad envejecida debido al aumento de la esperanza de vida y la espectacular caída de la fecundidad. No obstante, al igual que viene pasando con la economía, cuantas más recetas y recortes se han puesto en marcha últimamente, más negros augurios se visualizan en relación al mantenimiento y sostenibilidad del sistema público de pensiones. El discurso oficial sobre la batería de soluciones que pueden aportarse sigue siendo unidireccional y monolítico promocionando la privatización del sistema como alternativa. La magia del libre mercado sigue dirigiendo las medidas que se toman. En consonancia, al estimarse la aportación de los trabajadores y empresarios como un coste que limita la competitividad y los beneficios de la empresa, se busca su reducción a toda costa.

Las reformas realizadas en nuestro país en los años 2011 y 2013 intentaron hacer sostenible el sistema de pensiones y la reforma laboral de febrero 2012 pretendió incrementar el empleo, aunque, solamente ha conseguido partir los trabajos a tiempo completo en trabajos a tiempo parcial, precarios y explotados que se retribuyen proporcionalmente con menos salario y que, sin embargo, aunque fuera de la ley, retienen a los trabajadores más horas en el trabajo, a veces por tiempo superior a la jornada completa. Jornada que se ha convertido en una reliquia a conservar como muestra de un tiempo mejor. Así, se ha logrado disminuir la calidad del empleo. Y, en todo caso, la reducción del monto total de salarios, sólo ha servido para reducir las cotizaciones a la Seguridad Social, aumentar el déficit por falta de ingresos, y esquilmar, eso sí, la hucha de las pensiones.

No debería tener que recordar que la primera y gran desigualdad en el mundo capitalista actual es la apropiación de los medios de producción por parte del capital. Y una segunda desigualdad, rampante e insostenible, tiene que ver con la centralidad del mundo del trabajo, cuando, es obvio, que el pleno empleo es una pura fantasía en un mundo competitivo. Los expertos constatan que el 40 % del trabajo lo realizarán en un futuro no muy lejano los robots. Y si no hay trabajo para todos, al menos en el sistema capitalista definido por la búsqueda del beneficio privado. ¿Qué pasará con aquellos que en la carrera competitiva no pueden obtener un puesto de trabajo? Así, tener o no  empleo remunerado, se está convirtiendo en “el agente principal a través del que se articula la reproducción de una sociedad desigual (1)”. Una sociedad en la que la élite acumula cada vez más riquezas y derechos que van detrayendo de la gran masa de la ciudadanía que, por otra parte, cada vez más va engrosando el colectivo de personas afectadas por la pobreza.

Vertebrar la sociedad alrededor del trabajo es una mala solución en los momentos actuales y sigue fomentado la desigualdad aún fuera del periodo laboral de los ciudadanos. Ya que extiende sus tentáculos al periodo de descanso merecido que nuestras personas mayores han labrado con el sudor de su frente. Si analizamos las estadísticas oficiales, vemos que según datos del año 2012, las personas mayores de 66 años sin pensión contributiva alcanzan un 21 % en hombres y un 79 % de mujeres. Por otra parte, la pensión no contributiva es 366 € para personas que vivan solas. Esta es la foto de la realidad española y no el incremento de un Producto Interior Bruto (PIB) que principalmente va a parar a las manos de los que más tienen. Pero, la relación entre las grandes fortunas, la acumulación de propiedades en pocas manos y el aumento de la desigualdad es innegable y nos muestra una sociedad injusta, debido, especialmente, al desigual reparto del poder social.

El sistema productivo vigente impulsado con el motor neoliberal ha ido colando la desigualdad por todos los intersticios de la sociedad del libre mercado. Pero, quién piense que el libre mercado es la varita mágica para resolver los problemas económicos de los ciudadanos no está mirando la realidad con ojos objetivos y sólo ve aquello que desea ver. La realidad es que las magras pensiones de nuestros días incluso han sido la caja de resistencia de las familias para afrontar en estos tiempos de crisis la escasez y precariedad del empleo. Y, sin embargo, las pensiones que obtenían los directivos de la banca y los de las multinacionales han mantenido sus escandalosas diferencias apoderándose de gran parte de la tarta generada por la sociedad.

La sostenibilidad del sistema público de pensiones no sólo tiene que ver con los gastos, también deben ser valorados los ingresos, la financiación de los mismos. No obstante, hay que tener presente que en España se gasta en pensiones menos de la media europea. Y, además, el tope de gasto debería tener que ver más con prioridades políticas que con los ingresos que actualmente se incorporan a la caja de la seguridad social. No hay ninguna razón para que la financiación se base exclusivamente en las cotizaciones sociales, atavismo que se arrastra desde el tiempo de las Mutualidades Laborales. Debemos caer en la cuenta de que los pensionistas también pagan otros impuestos (IRPF, IVA, etc.), impuestos que en vez de ser utilizados en su beneficio han servido para rescatar a los bancos y salir de los agujeros en los que hemos sido empujados.

Con la reforma del 2013 la pensión media puede bajar al 50 % de suficiencia en relación con la renta real disponible actualmente. Y, sin embargo, como se ha podido deducir del texto “El sistema de pensiones es el puntal principal de nuestro [maltrecho] Estado de bienestar porque de él depende directamente la subsistencia de 8,5 millones de pensionistas y cada vez más sus entornos familiares debido al aumento de la pobreza (2)”.

En resumen, se ha de considerar que los ancianos es uno de los colectivos más débiles de la sociedad, que además en muchos casos han soportado las necesidades de su familia durante la crisis. El Gobierno con su política neoliberal ha olvidado a aquellos ciudadanos que más lo necesitaban y como otros muchos artículos de la Constitución Española ha ignorado el artículo 50 que dispone: “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio”. Nos quieren vender, sin embargo, que las pensiones privadas son más seguras que las públicas. Cuando la Seguridad Social es uno de los mejores inventos, que ha dado resultados extraordinarios y, además, se ha convertido en un pilar básico del Estado de Bienestar. Los bancos, por contra, han sido los principales culpables de esta crisis y de muchas otras habidas en los últimos cien años, arruinando a muchos ciudadanos. Sólo nos queda saber si seguiremos comulgando con ruedas de molino.

(1) Pérez, Cive (2015:16). Renta Básica Universal: la peor de las soluciones (a excepción de todas las demás). Clave Intelectual S.L.

(2) Missé, Andreu. Revista Alternativas Económicas núm. 29, octubre 2015. Pensiones pendientes del salario, pag. 29.

 

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