domingo 31.05.2020

¿Cómo nos podemos alegrar con un 20 % de desempleo?

Una economía saca el máximo rendimiento de sus recursos cuando se hace uso plenamente de los mismos. Una economía eficiente es aquella en la que hay pleno empleo. Aunque estoy convencido de que la sociedad no tiene que organizarse alrededor del trabajo remunerado, es decir el  empleo, sí lo está la sociedad en la que vivimos y realmente estamos haciendo poco para que todos puedan tener un trabajo que posibilite medios dignos de vida y así de cumplimiento a nuestra Constitución. A pesar de que hay muchos nichos de trabajo sin explorar, muchos filones de empleo sin explotar, que no sólo permitirían el bien común de la ciudadanía, sino, también, una mejora sensible de nuestra economía.

La última Encuesta de Población Activa (EPA) nos da que en nuestro país hay 4.574.700 parados y una tasa de 20 %. Debemos recordar, porque es interesante y aclarativo, a quién la EPA considera ocupados: personas de 16 o más años que durante la semana de referencia (semana anterior a la encuesta) han estado trabajando durante al menos una hora, a cambio de una retribución (salario, jornal, beneficio empresarial,…) en dinero o especie. También son ocupados quienes teniendo trabajo han estado temporalmente ausentes del mismo por enfermedad, vacaciones, etcétera. En una sociedad que aspira al pleno empleo la verdad es que es una definición que nos permite saber poco de la cantidad y calidad del empleo.

Si observamos el siguiente gráfico veremos que realmente lo que estamos generando es trabajo precario, temporal y según se puede constatar fácilmente mal pagado, gracias hay que dar sobre todo a la reforma laboral del 2012 hecha por el actual Gobierno en funciones. Sin embargo el empleo indefinido el que todos los que quieren este tipo de empleo deberíamos tener no ha mejorado en los últimos 4 años y medio.

Sin título

En una sociedad centrada en el trabajo debemos constatar que la tasa de actividad, aún subiendo 12 centésimas en el segundo trimestre de 2016 se sitúa en el 59,41%. Que en el último año la población activa ha descendido en 139.900 personas (muchas de ellas personas jóvenes y muy formadas). La ocupación desciende entre los ocupados de 30 a 34 años, en 19.400; mal lo tienen en esta generación. El paro crece entre los menores de 25 años (22.600 más) y así la tasa de paro en los menores de 25 años es del 45 %, casi ná que diría un castizo.

Los neoliberales han sostenido que el desempleo es un problema estructural debido a que los individuos no están suficientemente motivados o están subvencionados y con pocas ganas de buscar empleo. Las altas tasas de paro y la resignación de los trabajadores con el empleo precario y mal  pagado son la consecuencia de estas políticas en las que el trabajador es una pura mercancía mejor o peor adaptada y cuyo coste se tiene que reducir al mínimo. Claro los neoliberales como los clásicos consideran que el equilibrio entre la oferta y la demanda de trabajo nos llevará al pleno  empleo, la mano invisible del libre mercado. Pero todos debemos ser conscientes de que con la masa de desempleados creada precisamente con sus políticas, el equilibrio del pleno empleo nos está llegará a base de sueldos de miseria y hambre.

No pueden concebir que la creación de empleo pueda ser mucho más sencilla de lo que parece. El trabajo garantizado (ahora que aún existen posibilidades) y la Renta Básica Universal son soluciones muy fáciles. Pero, los neoliberales siempre atacan estas propuestas con el déficit [1] y la inflación. “Las evidencias no apoyan esta opinión […] el aumento de gasto total generaba más ventas y les daba a las empresas un incentivo para incrementar la contratación […] La tolerancia ante altos niveles de desempleo, un fenómeno relativamente reciente, ejemplifica el dominio de la ideología neoliberal sobre la política económica. La evidencia empírica claramente demuestra que la mayoría de las economías de la OCDE no han suministrado puestos de trabajo suficientes desde mediados de la década de 1970  [inicio de las políticas neoliberales] y que las políticas económicas de austeridad neoliberal han obligado a los desempleados a participar involuntariamente en la lucha contra la inflación [2]”.

Seguimos empeñados en no ver alternativas y celebrar las miserias de índices que no muestran la verdadera realidad. Necesitamos que los políticos busquen el beneficio de sus ciudadanos y no el de ellos mismos y sus partidos. Mientras la corrupción se oculte entre cortinas de humo para mantener el statu quo y mientras la mentira sea la esencia de la política el futuro no empezará a clarear.


[1] Ver mi artículo sobre el déficit titulado Los déficits públicos y la Teoría Monetaria Moderna.

[2] Mitchell, William (2016) La distopía del Euro. Lola Books

¿Cómo nos podemos alegrar con un 20 % de desempleo?