martes. 16.07.2024

La libertad y la autodeterminación

No es con la intransigencia y mediante la fuerza como se consiguen políticas duraderas.

No es con la intransigencia y mediante la fuerza como se consiguen políticas duraderas. Sólo tendríamos que poner líneas rojas en aquellos puntos que atentan contra los Derechos Humanos o manifiesten decisiones claramente injustas. Pero con la fuerza y la tozudez sólo se cierran en falso los problemas y todo aquello que se cierra en falso vuelve a dar la cara de forma recursiva, haciendo, además, que los avances sean nulos o incluso se retroceda y se caiga en un bucle idiotizante que olvida, por otra parte, las necesidades urgentes que se deben resolver y que no admiten demora por ser vitales.

Y no se deben tener dudas de que en nuestro país existen prioridades urgentes que necesitan abordarse cuanto antes, y, además, estaríamos ciegos a la realidad si no atendiéramos las voces de aquellos que manifiestan su desencanto y malestar, y piden en consecuencia alzar libremente su voz y ser escuchados. Obcecarse, sin embargo, en limitar la libertad de expresión de los ciudadanos, solo nos lleva a exacerbar sentimientos de rebeldía y se consigue con más seguridad lo mismo que se pretende cercenar y evitar.

La problemática catalana tiene paralelismos claros con el proceso habido en Escocia.  Allí también se empleó el miedo y el frentismo para frenar los impulsos independentistas. Y, no obstante, fueron las políticas neoliberales las que impulsaron a los escoceses a buscar una separación que mejorara la situación y consideración de sus ciudadanos. “No es de extrañar que el apoyo a la independencia fuera mayor entre los trabajadores (1)”. No se puede olvidar que “La victoria de Margaret Thatcher en 1979 fue el primer clavo en el ataúd del Reino Unido, no porque estigmatizara a los escoceses, como han hecho algunos de sus sucesores, sino porque la mayoría de los escoceses la aborrecía a ella y a todo lo que representaba (2)”. La corrupción en el extremo centro, como define Tariq Ali a la connivencia del bipartidismo o tripartidismo que ha mantenido las políticas neoliberales con la complicidad de bancos y grandes empresas, ha intentado por todos los medios, incluso los legales, seguir ocultando y, por tanto, parar el conocimiento real de sus andanzas generadoras de injusticias y desigualdades, y ha contribuido a atizar las emociones nacionalistas que pretenden un futuro más humanitario y esperanzado.

En palabras de Tariq Ali: “Los políticos timoratos y dóciles que hacen funcionar el sistema y se reproducen son lo que yo llamo el “extremo centro” de la corriente política mayoritaria en Europa y en Norteamérica (3)”. “Al final, el peligro (y no solo en el Reino Unido) no vino de la izquierda ni de la derecha, sino de todos los partidos parlamentarios mayoritarios que actuaban al unísono para defender el capitalismo: el extremo centro (4)”. Esta defensa del capitalismo tal y como se está llevando en Europa y en nuestro país hace alardes, no se detiene ante nada y utiliza cualquier medio para conseguir el objetivo, siendo el miedo, la mentira y el descrédito sus armas habituales y la corrupción el “modus vivendi”.

En Escocia y en España la herida no está cerrada y seguirá sangrando si no se cambian las políticas injustas con la mayor parte de la población. Mantener el statu quo es lo que intentan aquellos que van muy a gusto con la situación actual. Para ello emplean las argucias más rastreras y mienten sobre todo en relación a aquel que pretenda hacer algún cambio. En nuestro país la demagogia y la mentira se centra contra Podemos. Ya puede repetir hasta la extenuación que no quieren que se separe Cataluña del resto de España. Los partidos de nuestro extremo centro seguirán poniendo como línea roja el separatismo de Podemos. Se trata, claramente, de confundir a aquellos que están imbuidos del nacionalismo español, igualando la defensa de la libertad de expresión mediante: un recurso democrático, con el impulso del separatismo sin más. ¡Pura demagogia y manipulación!

El juego político más habitual tiene más de táctica y estrategia partidista que otra cosa, con el único fin de mantener a los mismos partidos en el poder y con ello defender los intereses de aquellos que los están financiando, que, en definitiva, son sus dueños y señores. Es un juego que se sale fuera de la verdadera función de la política y olvidando las necesidades de los ciudadanos, los utiliza y manipula para producir lo único que pretenden de ellos: el voto. Pero ¡Ay! Resulta que cuando hay quién se financia a través de los propios ciudadanos y por tanto es a ellos a quienes les conceden todo el poder en sus políticas, respaldando el poder del pueblo, en definitiva la democracia. ¡Ay! Cuando esto sucede, el ardor con el que se ataca no puede ser más elocuente y demostrativo de los fines que pretenden los modos actuales de hacer política. Pero seguimos ciegos y no lo vemos.

No deberíamos tener más nación que los derechos humanos. Es verdad que es una utopía en el día de hoy, pero las utopías son las que han contribuido a mejorar el hombre y sus sociedades. Hoy los únicos que no tienen nación, a pesar de que nos hacen creer lo contrario, son los poderosos, los ricos, porque su obsesión es el dinero y el dinero no tiene fronteras y se dirige siempre allí dónde se puede multiplicar con más facilidad sin importar qué o a quién destroza. Las políticas neoliberales, el fundamentalismo de mercado y la liberación financiera han sido herramientas muy útiles para la internacionalización del dinero y, sin embargo, aquellos que defienden estas herramientas son precisamente los mismos que se aferran a la línea roja de sus territorios de poder. Poder que es utilizado para encadenar y explotar a los ciudadanos con las políticas que los destruyen y amordazan.


(1) Tariq Ali (2015:81). El extremo centro. Alianza Editorial.
(2) Ibídem (2015:92).
(3) Ibídem (2015:14).
(4) Ibídem (2015:24).

La libertad y la autodeterminación