miércoles 23.10.2019

La revolución de los ricos

Querámoslo o no la tensión social más visible es aquella que enfrenta a los pocos que tienen mucho dinero con los muchos que tienen poco. Nos decía Edmund Burke (1729-1797) “La división más obvia de la sociedad es entre ricos y pobres; y no es menos obvio que el número de aquellos no guarda proporción con estos. Todo lo que tienen que hacer los pobres es procurar que los ricos pueden holgar, divertirse y disponer de lujos; y, a cambio, los ricos lo que tienen que hacer es hallar los métodos mejores para confirmar la esclavitud de los pobres y acrecentar su carga. En un estado de naturaleza, es una ley inmutable que lo que un hombre adquiere es proporcional a sus trabajos, pero, en un estado de sociedad artificial, es una ley tan constante como invariable que los que más trabajan disfruten de muy pocas cosas, y que los que no hacen ningún  trabajo disfruten del mayor número de posesiones [1].”

La crisis que algunos dicen que ya ha pasado por que el índice más idolatrado, el PIB, parece que sube en estos últimos años, a los muchos nos les está llegando y, sin embargo, las soluciones adoptadas por esos pocos han conseguido esclavizar más a los muchos; con una deuda cada día mayor, con unos salarios más bajos, con unas pensiones menguantes, con unos trabajos indecentes, con menos derechos y una competitividad dañina para la raza humana y el medio ambiente.

Hemos alcanzado grandes cotas de desigualdad. Desigualdad que no tiene visos de parar y sigue haciéndose más amplia. El asalto de los pocos, la revolución de los pocos la podemos fijar en los años 70 del anterior siglo. En estos años  se produjeron hechos que nos han llevado a una pérdida de derechos, duramente conseguidos después de la II Guerra Mundial, y a enormes desigualdades en la renta y riqueza de las personas, lo cual afirma claramente el éxito del plan iniciado por los ricos, que no ha sido otro que aumentar sus riquezas a costa de la mayor parte de la población, expropiar a los muchos de sus escasas riquezas para seguir incrementando con avaricia desmesurada su riqueza. Margaret Thatcher y Ronald Reagan fueron los adalides de una nueva era de liberación del mercado y desregulación financiera que nos han traído las últimas crisis. Un nuevo modo de conducir las sociedades que llamamos neoliberalismo.

Los cambios incorporados en el sistema financiero, principalmente, han creado un monstruo que se multiplica y engulle transformando a empresas y bancos. Las empresas que encuentran mayor rentabilidad en la especulación financiera destinan recursos que detraen de la economía real a la economía virtual. Los bancos ven oportunidad de grandes ganancias, estando sus riesgos sistémicos cubiertos por la dificultad de dejarlos caer. Giovanni Arrigi, en su libro El largo siglo XX, mantenía que las expansiones financieras suceden cuando el capital pasa “del comercio y la producción financiera y la intermediación” y las ganancias provienen cada vez más de las “transacciones financieras”. Costas Lapavitsas en su libro Beneficios sin producción, mantiene la tesis de que “el carácter predador y expropiador del beneficio financiero y sus implicaciones en la estratificación social.”, hace entender mucho mejor la propensión “a las crisis que ha caracterizado a la financiarización desde sus inicios.”

Los gobiernos tomaron parte y apoyados en el Consenso de Washington y amordazados por las directrices del FMI sólo han mirado “la opinión de los mercados a la hora de diseñar todas sus políticas, no sólo las económicas, mientras ciudadanos que no han invertido ni un céntimo en productos financieros atienden temerosos a los cracs bursátiles o las evoluciones de la prima de riesgo y empresas de todo tipo deslocalizan su producción o realizan despidos masivos para maximizar el  precio de sus acciones. Este es el poder de los mercados financieros, que en su manifestación ideal impulsan el crecimiento económico, incentivan la innovación y crean riqueza, pero cuando adoptan comportamientos irracionales o abusivos, generan ruina y desconfianza y empujan a toda la sociedad a crisis muy profundas de las que se puede tardar generaciones en salir. [2]”

Los mercados financieros y las deudas de los que menos tienen han sido las herramientas utilizadas por los menos para someter a los muchos. Por eso no nos puede extrañar lo que el estadista, inversor y filántropo estadounidense Bernard Baruch (1870-1965) afirmó “El objetivo de los mercados financieros es conseguir que el mayor número de personas posible queden como idiotas. [3]”

La realidad nos la cuenta Josep Fontana: “En todo caso podemos tomar como una conclusión provisional acerca de la situación actual lo que la ONU dijo en su convocatoria del Foro humanitario: “en 2016 casi uno de cada cinco de los 7.400 millones de habitantes de nuestro planeta vive en situaciones frágiles. Esto representa el nivel más alto de sufrimiento desde la Segunda guerra mundial, y el número va en camino de aumentar… [4]” Hay revoluciones que quedan en el olvido pero realmente son las más dañinas.


[1] Pontón, Gonzalo (2016:63) La lucha por la desigualdad. Ediciones de Pasado y Presente. 2ª Edición.
[2] Pujol Álvarez, Rubén (2016: 7). El poder de los mercados financieros. RBA.
[3] Ibídem (2016: 11)
[4] Fontana, Josep (2017: 623). El siglo de la revolución. Crítica.

La revolución de los ricos