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martes 24/5/22

¿Es justo que la riqueza debida a una mayor productividad se la apropien unos pocos?

No hay vuelta de hoja, el mundo laboral cada día va a estar más colonizado por las máquinas y los robots. La productividad está disparada y continuará subiendo, salvo intereses obscenos que la menoscaben. Por ello, una mente como la de Stephen Hawking llegó a cuestionarse sobre el actual capitalismo, cada día más soportado en la tecnología, que "Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado [social de esto] dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo podrá disfrutar de una vida de lujo ociosa si la riqueza producida por las máquinas es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar siendo miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas cabildean con éxito contra la redistribución de la riqueza. Hasta ahora, la tendencia parece ser hacia la segunda opción, con la tecnología provocando cada vez mayor desigualdad".

La realidad que vivimos es que el aumento de la productividad durante el capitalismo ha sido extraordinario pero en vez de trabajar menos horas como sería coherente la gente trabaja más horas y con un salario que tiende a la baja y que cada vez cubre menos las necesidades básicas de los trabajadores y sus familias.

Por ello, es el momento, y no podemos huir de él, de realizar un profundo debate sobre la distribución de la riqueza generada en la sociedad. Debemos preguntarnos si ¿La propiedad de la tecnología puede recaer en unos pocos que disfrutan de los beneficios o los incrementos de la productividad generada por las máquinas? ¿O es un bien común que debe redundar en beneficio de la sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos? Karl Marx intuyó que “en una economía donde las máquinas realizan la mayor parte del trabajo, donde la mano de obra humana se dedica en realidad a supervisar, arreglar y diseñar las máquinas, la naturaleza del conocimiento insertado en estas debe ser social (1)”. No podemos ser ciegos a las novedades, ya que “El vertiginoso cambio en el terreno de la tecnología está transformando la naturaleza misma del trabajo y ocio, y obligándonos a participar en la creación de valor a lo largo y ancho de nuestras vidas, y no solo cuando estamos en nuestro lugar de trabajo. Esto hace que tengamos múltiples personalidades económicas: he ahí la base económica sobre la que se ha erigido un nuevo tipo de persona, con múltiples facetas (2)”. Las relaciones de producción y consumo están variando y las bases económicas y sociales deberían cambiar igualmente.

Y es que  en un mundo en el que continuamente se están sumando masas de trabajadores y en el que por la propia inercia del beneficio buscado por las empresas, el empleo tiende a disminuir, a precarizarse y a mal pagarse, se deben buscar soluciones que supongan garantías de vida digna para todos los ciudadanos, ya que estas soluciones existen en un universo en el que la productividad sigue en ascenso. Porque, tenemos que ser conscientes de la tendencia que sufre el empleo debido a la mayor productividad en un contexto en el que la información está cerca de todos y reduce los costes marginales de producción casi a cero.

Las empresas evolucionan, se adaptan y cambian. Vemos que, remontándonos sólo al año 1990, los fabricantes de automóviles estadounidenses obtuvieron 36 mil millones de dólares  en ingresos totales, y emplearon a más de un millón de trabajadores, en comparación con empresas actuales como  Apple, Facebook y Google que hoy en día, en conjunto consiguen más de un billón de dólares en ingresos pero, sin embargo, sólo emplean 137.000 trabajadores. Y esta es una realidad que no sólo se mantendrá en el tiempo sino que se irá potenciando. Cada día el número de puestos de trabajo que son susceptibles de automatización es mayor y están actualmente en orden del 50 % de los trabajos. Podemos constatar así que “El coste de grabar un millón de transistores en un pedacito de silicio se ha desplomado desde un dólar hasta solo seis centavos en el transcurso de los últimos diez años (3)”.

¿Qué beneficios estamos sacando de las nuevas tecnologías y su productividad? Todo el mundo tiene claro que se está incrementando la desigualdad, que el empleo es precario, que los salarios que cobran muchos trabajadores no sacan de la pobreza y que caminamos como decía Stephen Hawking en una dirección equivocada.  André Gorz escribió que “si el ahorro en el tiempo de trabajo no sirve para liberar tiempo, y si este tiempo liberado no se utiliza para la libre autorrealización de los individuos, entonces ese ahorro en tiempo de trabajo carece por completo de significado.”

El problema, hay que decirlo claro, no es que no haya dinero, el problema es que dedicamos mucho dinero artificial a la especulación y poco a producir bienes y servicios que son muy necesarios para la vida de los ciudadanos. El problema es que cuando las diferencias en la distribución del dinero son tan abismales, éste no se usa para comprar bienes y servicios de primera necesidad, sino que se utiliza para la compra de bienes de lujo, para el gasto insano y para especular en aras de una mayor desigualdad. Cuando todavía en fase de crisis nos informan de que, según datos referidos al año 2013, hay 133 banqueros en nuestro país con una retribución superior al millón de euros al año, lo que supone un aumento de 33 % con respecto a 2012 y superior a los 125 que había en 2011; cualquier persona en su juicio podría preguntarse ¿cómo aquellos que jugaron y perdieron el dinero de la ciudadanía no pueden vivir con millones de euros y propician, sin embargo, que sus conciudadanos vivan con ingresos de miseria que se encuentran entre 400 y 600 €?

“La tecnología de la información expulsa el factor trabajo del proceso de producción, destruye los mecanismos de formación de precios y favorece formas de intercambio no mercantiles (4)”. Sí, debemos repensar nuestra sociedad, no me cabe duda, pero la desconfianza anida en mi, ya que cosas más fáciles están planteadas a nuestros representantes para resolver con urgencia, como la inmigración que llega a nuestra Europa, y, no obstante, después de muchos meses de reuniones inútiles y costosas la situación sigue igual; me equivoco está mucho peor.


(1) Mason, Paul (2016:187). Poscapitalismo. Hacia un nuevo futuro. Paidós Estado y Sociedad.
(2) Ibídem (2016:198)
(3) Ibídem (2016:223)
(4) Ibídem (2016: 240)

¿Es justo que la riqueza debida a una mayor productividad se la apropien unos pocos?