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lunes. 27.06.2022

Globalización y democracia

En estos años hemos vivido en Europa situaciones que deberían ser calificadas realmente como auténticos golpes de Estado...

En este mundo globalizado se constata que el poder ya ha cambiado de manos, ya no lo tiene el poder político ni está basado en la soberanía del pueblo, lo detenta un ente que se diluye por momentos y que vienen llamando mercados, élites, 1%

Muchos autores consideran que la globalización capitalista y neoliberal que está imperando choca con la democracia por la sencilla razón de que lo que busca no es mejorar el funcionamiento de ésta última sino ponérselo fácil a los intereses comerciales y financieros que buscan acceder a los mercados a bajo coste. Por la contradicción generada, el consenso intelectual que era hace unas décadas el fundamento del modelo actual de globalización  empezó a evaporarse. Se dio un “retroceso pacífico” de la democracia a favor de los mercados en palabras del economista francés Jean-Paul Fitoussi[1].  Santiago Camacho, más contundente, escribe: “a la democracia, el ideal por el que millones de personas han dado su vida a lo largo de la historia, le ha surgido un enemigo más poderoso que cualquier dictador, que cualquier  ideal totalitario y que cualquier ejército. Un enemigo que a, día de hoy, está ganando la batalla[2].” Navarro y  Torres en el mismo sentido: “las democracias se debilitan gradualmente porque las grandes empresas, los bancos, los inversores especulativos, etc., han alcanzado un poder tan gigantesco que les permite imponer constantemente sus intereses sobre los del resto de la sociedad[3].” Se podría concluir, por tanto, junto con el filósofo alemán Jürgen Habermas que la democracia se está desmantelando en beneficio de intereses particulares.

Estamos lejos de que se traten de opiniones exageradas. En estos años hemos vivido en Europa situaciones que deberían ser calificadas realmente como auténticos golpes de Estado concebidas para que se pudieran tomar más fácilmente las decisiones que convienen a las finanzas. El expresidente griego Papandreu simplemente había amagado con la convocatoria de un posible referéndum y la posibilidad de que el pueblo se expresara fue suficiente para que se le forzase a dimitir[4]. El italiano Berlusconi, muy en su estilo, quiso imponerse frente a Berlín y Bruselas y acabó fuera del gobierno. Los acuerdos de financiación de Grecia, Portugal, Irlanda, España… han llevado consigo la presencia permanente en los distintos países de autoridades extranjeras, no elegidas democráticamente, para vigilar y poner en marcha la política económica que se considera adecuada a los poderes financieros y económicos a los que representan, sean cuales sean las opiniones o las preferencias de los ciudadanos. Está, por tanto, muy claro que la democracia, si sigue existiendo, tiene su latido muy débil ya que el poder no reside en el pueblo sino que se está alejando del mismo a grandes pasos.

Los datos conocidos sobre el poder económico confirman plenamente lo expresado, ya que si en otro tiempo los países eran las mayores economías del planeta, ahora no es así; desde hace unas décadas las corporaciones ingresaron en el top cien. Así, en el año 2009 eran 44 las empresas que se incluían entre las 100 economías más grandes del mundo. Con tal poder económico y con la especial globalización de los mercados que vivimos, globalización sin ninguna restricción para las finanzas, sería un suicidio ignorar el nivel de influencia de estas corporaciones. Duele saber que junto a los niveles de pobreza que nos ha traído la actual crisis se constate que las dos empresas con mayores  ingresos en el año 2013, según la revista Forbes, sumen 900.000 millones de dólares y que éste poder económico de las empresas unido a la especulación financiera que facilita, permita a algunas empresas como las famosas Fanni Mae y Freddie Marc[5] ganar en la bolsa más de un 1000% sobre sus ventas.

Hay, por tanto, mucha evidencia que deja meridianamente claro que “existe un cambio real de poder: hay un desplazamiento del poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme concentración de poder y riqueza…el sistema mundial se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con  enormes riquezas, y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento –que en un gran parte es destructivo y está muy desperdiciado- beneficia a una minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales recursos. Y por otra parte existen los “no ricos”, la enorme mayoría, referida en ocasiones como el precariado global, la fuerza laboral que vive de manera precaria, entre la que se incluye mil millones de personas que casi no alcanzan a sobre-vivir[6].” Es por tanto el poder financiero el que puede trastocar o forzar cualquier política social y nos engaña con mejoras sociales sin ninguna realidad, basándose en conceptos hueros que no tienen nada que ver con lo que dicen representar.

En este mundo globalizado se constata que el poder ya ha cambiado de manos, ya no lo tiene el poder político ni está basado en la soberanía del pueblo, lo detenta un ente que se diluye por momentos y que vienen llamando mercados, élites, 1%. Ignacio Álvarez en el libro coordinado por Bibiana Medialdea responde a la cuestión de  ¿Quién son los mercados?, refiriéndose, sin duda, a los mercados financieros: “Al igual que el resto de mercados, los mercados financieros son espacios (físicos o virtuales) donde se intercambia un determinado tipo de productos: títulos financieros. En teoría, los mercados financieros cumplen un papel esencial en una economía capitalista: facilitan que se encuentren agentes con necesidades de financiación (administraciones públicas, empresas u hogares), con otros que están dispuestos a utilizar sus ahorros para proporcionar a los primeros dicha financiación. De este modo, los títulos intercambiados en los mercados financieros son títulos que conllevan derechos futuros de cobro para quienes ponen a disposición de otros agentes sus ahorros. No obstante, los mercados financieros desregulados no se limitan a cumplir esta función, y presentan también una tendencia intrínseca a acumular «capital ficticio» y a generar burbujas desconectadas de la economía real que, al estallar, provocan graves crisis financieras[7].”

El mundo de las finanzas ha crecido como una bola, pero en vez de nieve lo que la va engrosando la bola es el dinero de todos los demás, dejando a muchos sin el mínimo vital (unos pocos ganan la mayoría social pierde). Las finanzas se han convertido en un monstruo que dirige el mundo maniatando, incluso, a los propios gobiernos y dejando fuera de circulación aquellos valores que otorgaban a la política, a los gobernantes y a la democracia la capacidad para conseguir una sociedad que busque el bien de todos y una mejor armonía. Además, la gran industria de los mercados financieros tiene un funcionamiento bastante autónomo y libre, a diferencia de la industria tradicional. Esta última crea riqueza allí donde se encuentra y retribuye a los diferentes factores que la integran, fundamentalmente el capital y el trabajo, según el orden tradicional. Esto no es así en el caso de los mercados financieros, cuyo objetivo básico y fundamental es la obtención permanente de beneficios allá donde se encuentre, porque su materia prima son las ingentes masas monetarias que circulan por el mundo.

Nos encontramos, por tanto, con unos mercados financieros gigantescos que generan y acumulan capital ficticio, y logran un poder descomunal que afecta, socava y desmantela la democracia. ¿Es lo que queremos? Espero que no.


[1] Fitoussi, Jean-Paul (2005): La democracia y el mercado. Editorial Paidós.
[2] Camacho, Santiago (2012): La troika y los 40 ladrones.
[3] Navarro, Vicenç y Torres López, Juan (2012): Los amos del mundo.
[4] Grecia el país dónde nació la democracia se convirtió irónica y dolorosamente en una “tecnocracia”.
[5] Dos gigantes de la financiación hipotecaria que tuvieron un papel estelar en la provocación de la crisis que padecemos y que fueron nacionalizadas el 7 de septiembre de 2008 por Estados Unidos asumiendo un gran volumen de deuda.
[6] Navarro, Torres y Garzón (2011): Hay alternativas.
[7] Medialdea, Bibiana (Coord.) y otros (2011): Quienes son los mercados y como nos gobiernan.

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