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miércoles. 01.02.2023

El gasto del Gobierno nos alivia

Estamos tan acostumbrados al ahorro y a la disciplina presupuestaria que no somos capaces de ver más allá de los mitos que venimos soportando. En ningún modo estoy de acuerdo con el dispendio y el despilfarro del gasto público sin que haya creación de riqueza útil o creación de un verdadero valor añadido que cubra las necesidades de la ciudadanía. Es necesario, sin duda, la eficiencia y el control del gasto público. No obstante, la economía tiene que estar al servicio de las personas y no al revés. Los políticos tienen el deber de mirar por los ciudadanos a los que representan y no tomar decisiones económicas que perjudican a una amplia base de la población y sólo benefician a una medida tan abstracta como el PIB.

Hay varios mitos en la economía que debiéramos ir desechando. Así es un mito fomentado por los fundamentalistas de la austeridad que los gobiernos estén sujetos a restricciones presupuestarias como las familias o las empresas. Es un mito, también, que los déficits presupuestarios públicos sean siempre malos y una carga para la economía del sector privado, ya que, a veces, el gasto público nos puede salvar de una caída de la demanda y de un alto nivel de desempleo, así como evitar el mantenimiento de un alto nivel de recursos ociosos. Por el contrario debemos saber que cuando el gobierno gasta, aumenta el saldo de las reservas bancarias y de las cuentas de los particulares, y cuando recauda impuestos, reduce el saldo de ambas.

La Teoría Monetaria Moderna (TMM) nos ofrece dos reglas de importante interés. La primera es que  Un Estado con capacidad para crear su propia moneda nunca tendrá por qué faltar al cumplimiento de sus obligaciones con la deuda, hay que tener en cuenta que el que se endeuda es el Estado y que puede emitir su propia moneda siempre que lo necesite con el exclusivo control de no generar inflación excesiva, ya que controlar la inflación debiera ser una de sus principales tareas. La segunda es que El ahorro que no va a las empresas se transforma en deuda pública si el Estado tiene déficit, esta es la forma habitual de cubrir las necesidades del Gobierno, pero supone que el ahorro privado se transforma en menor consumo ralentizando la economía. Llegamos así a lo que desde Keynes conocemos como “paradoja del ahorro”, al tratar de ahorrar más se disminuye el consumo, disminuyendo como consecuencia de una reducción del PIB el ahorro futuro y entrando en una dinámica negativa.

Pero, en contra de lo necesario, gran parte del dinero que se crea lo crean los bancos de la nada. El crédito bancario anterior a la crisis se daba fácilmente con interés usurario y con intención de que la bola de nieve de la deuda se hiciera cada día más grande, parecía que los beneficios para todos nunca se iban a acabar. El capitalismo popular tenía entonces sus días de gloria. Pero llegó el día en el que esta bola se rompió y la nieve se fundió y evaporó, mostrándonos con dureza la artificialidad del sistema financiero y haciéndonos ver la verdad sus falsas creaciones.

El mundo, sin embargo, sigue girando movido por la deuda personal y colectiva que se incrementa sin descanso mediante sus intereses que solo benefician a los grandes rentistas. Nos dice Ben Dyson fundador de Positive Money "El problema de fondo es que el dinero se ha privatizado a hurtadillas". Y es verdad; en vez de deber al Estado cuya misión es mirar por el buen funcionamiento del sistema y por lo tanto generará déficit para cumplir sus objetivos sociales y retirará fondos mediante los impuestos cuando el volumen monetario sobrepase la verdadera producción de bienes y servicios y la inflación pueda dispararse; debemos a personas o entidades privadas, capitalistas que fijan sus propias reglas y las hacen cumplir a pesar de poner en riesgo la vida de las personas. En definitiva, debemos ver claro, que el dinero es una deuda que contraemos con la entidad que lo emite.

No sé si como también dice Dyson,  los bancos debieran perder el 'poder' de crear dinero. Lo que sí sé es la función que deberían tener los Gobiernos para un mejor funcionamiento de la economía y, de ningún modo, es su función salvar a la banca privada de sus errores, errores que han sido basados en el egoísmo y la avaricia que, en definitiva, son los motivadores que mueven al sistema capitalista. El Gobierno, sin embargo, debe y puede aliviar el sufrimiento de sus ciudadanos y, cuando esto no sucede, los días de bienestar y paz desaparecen.

Son elocuentes al respecto las noticias de hoy en día aparecidas en la prensa: España supera ya a Grecia y tiene el déficit más alto de la Unión Europea, junto con esta noticia se puede leer que el número de afiliados a la Seguridad Social ha tenido la mayor subida, 540.655 afiliados, de la última década y que el paro bajó en 390.534 personas, lo que supone el mayor descenso de la historia (es verdad que los descensos vertiginosos son más lógicos cuando el paro está muy alto como en estos tiempos). Estas noticias juntas aportan algún indicio de lo que el Estado puede hacer gastando cuando las circunstancias económicas son adversas. Si bien, es verdad, que se puede hacer mucho mejor, ya que el paro ha bajado a base de crear trabajos precarios y mal pagados, incrementando así el número de los pobres con empleo y, el déficit público básicamente ha servido para salvar a los bancos y pagar los intereses del salvamento, pero no para movilizar la economía cuya mejora se ha basado muy especialmente en la bajada de los salarios de los trabajadores, para así obtener una competitividad internacional que no ha mejorado la vida de la gran mayoría.

La verdad es que yo no creo que estos datos del paro sean buenos como parece que la lógica nos da a entender, opino que más bien son una tapadera de una situación que tenía que haber sido ya resuelta por un Gobierno eficaz y que hubiera sabido utilizar todas las herramientas que tenía a su disposición.

El gasto del Gobierno nos alivia